Por: VV. AA.

 

“La libertad de expresión es decir lo que los demás no quieren oír”.

George Orwell

A lo largo de la historia, el ser humano ha sido capaz de desarrollar distintas herramientas para su beneficio y así poder progresar como especie. Sin duda alguna los avances que hemos visto en el último siglo han marcado una gran huella en la historia del hombre, un ejemplo de ellos es el internet y los medios de comunicación ¿Qué seríamos en pleno siglo 21 sin ellos? ¿Nos hemos planteado una vida sin ellos?

Claramente las respuestas serían negativas, pues gracias a estas y muchas más herramientas nos mantenemos al tanto de qué ocurre al otro lado del globo, podemos hablar con nuestros familiares que están en otro país en cuestión de segundos, ver a nuestros máximos representantes, catástrofes naturales, etcétera.

Sin embargo, ¿Qué sucede cuando toda esta información que compartimos y que nos comparten no están realmente a salvo? ¿Realmente somos dueños de nuestra información?

Todo este aumento tecnológico, donde con un solo click tenemos cualquier dato al alcance, no ha hecho esperar a los más grandes monopolios para sacar el mayor provecho de ti, de tus intereses, usos y costumbres. Tenemos el ejemplo de los gigantes de Facebook, Twitter e Instagram, que saben todo sobre nosotros. No es sorpresa que mientras estés navegando en alguna de estas salga espontáneamente un anuncio de aquel producto que querías, esto es gracias a que se ha hecho un perfil en función de tus gustos.

Entre todas las masas sólo somos un simple número. Las grandes compañías invierten millones para conocer cosas como nuestros hábitos de consumo, qué nos gusta y que no, ubicación, hora de consumo, etcétera. Para hacernos llegar la información que ellos desean y así incrementar sus ventas. Y es aquí cuando se ve cómo el “pez más gordo” es al que mejor le va, ya que ellos son los que hacen las primeras ofertas.

La mayoría de nosotros al crear una cuenta en alguna página web no nos tomamos el tiempo suficiente para leer los términos de condiciones ¿nos hemos preguntado en manos de quién acaban nuestros datos? ¿Qué sucede después con ellos?

¿Cookies?

Entre las nuevas inquietudes de los usuarios se encuentra el uso de las conocidas “cookies”: ¿alguna vez nos hemos preguntado realmente qué son y para qué sirven?

Para esto cito la definición de la  Graduada Superior en Desarrollo de Aplicaciones Informáticas, Maria Navarro: “Son un pequeño archivo de información que se almacena en el navegador del usuario cuando visita un sitio web” (Navarro, s.f).

La “cookies” tienen como función principal almacenar y recordar distintas preferencias del usuario, para que así diversas marcas y empresas puedan colocarte un anuncio dirigido solo a ti basándose en tus gustos y preferencias.

Por este motivo no es de extrañar que si nos encontramos buscando un artículo en particular, al poco tiempo veamos distintos anuncios del mismo artículo, esto pasa gracias a que las “cookies” crean un perfil para que a las empresas les sea mas fácil conocer quien es su potencial cliente.

Si bien en la mayoría de los casos las cookies pueden ser buenas, ya que te muestran los anuncios que tu necesitas, no siempre es así debido a que pueden servir para recabar información personal y sensible, esto sucede porque aceptamos diversos términos involuntariamente en las paginas web que visitamos. Entre los datos que pueden recabarse están:

  • Correo electrónico
  • Contraseñas
  • Dirección IP
  • Ubicación
  • Navegador
  • Páginas previamente visitadas

Hay gran variedad de cookies, desde las propias generadas desde la misma página web visitada y las de terceros, instaladas en sitios ajenos, aquí encontramos a los anunciantes. También es de reconocer que estos archivos pueden clasificarse en temporales, los cuales pueden estar durante el tiempo de sesión o quedarse después de abandonar la página, por lo que es recomendable desactivarlas directamente desde el navegador (López, 2017).

Una sociedad orwelliana

Hoy, este tipo de cosas han sido temas de gran debate en los últimos años, y no es pronto ni mucho menos decir que todo esto comienza a parecerse al mundo del gran escritor George Orwell con su novela 1984, obra de ficción que gira entorno al trato y manejo de información, la represión social y política. Claramente hay más detrás de todo esto, pero recalcar que cada vez estamos más cerca de vivir en carne propia el mismo 1984 nos hace replantearnos qué clase de sociedad somos.

Por hacer un símil entre la famosa novela y lo que se vive actualmente, podemos notar que no hay tantas discrepancias.

En la novela se menciona el uso constante de cámaras y micrófonos, para mantener a los ciudadanos bajo el control del Gran Hermano.

Hoy en día se puede ver esto mas claro con el gigante de Google, pues sino fuera poco tiene acceso tanto de nuestra cámara como micrófono móvil.

Orwell plasma una sociedad donde hay telepantallas por doquier, observándote, analizándote y esperando a que cometas algún error para eliminar toda tu existencia; esto recuerda a distintos aparatos de uso diario, como nuestra computadora, nuestro teléfono e incluso las pantallas inteligentes, colocadas en el corazón del hogar.

En el libro no es de esperar que hasta los medios de comunicación sean controlados y vigilados, inclusive los correos, por lo cual se tienen respuestas pregrabadas acorde al contexto del mensaje ¿nosotros nos hemos percatado que cuando recibimos un correo este ya trae opciones de respuestas? Lo interesante es que encajan muy bien a lo que necesitamos responder.

Orwell nos muestra cómo las mismas personas aceptan el sistema opresor, lo promueven y dejan de ser personas con individualidad, entregándose ciegamente a un régimen capaz de controlar hasta la más mínima acción.

Por lo que replantearse como vivimos actualmente no debe tomarse a la ligera, pues nuestro futuro como sociedad depende de si somos críticos, inteligentes y sobre todo que no nos dejemos manipular.

 

 

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