La opinión juvenil es una oportunidad para el presente. Ya que un buen sistema democrático depende, en gran medida, de su participación. Basta mencionar que la población de 10 a 24 años, registra un total de más de 1,800 millones de personas, por lo que, nunca antes el mundo había tenido tanta población joven. En las últimas décadas ha aumentado el interés de la participación política de los jóvenes. Esto es por contar con una mayor conciencia sobre lo que ocurre en la sociedad actual. Algo que es un cambio significativo pues la sociedad adulta los consideraba meros espectadores de los grandes temas sociales. Y ahora ellos son los protagonistas activos del cambio social.

La participación y el compromiso que presentan actualmente los jóvenes puede considerarse un fin en sí mismo. Pero también, representa la vía para lograr sus propios objetivos y, a la vez, beneficios para ellos y para la sociedad en la que se desarrollan. Reconocer su potencial para contribuir en el desarrollo social es también una obligación de los gobiernos y la iniciativa privada.

Por lo anterior, en Planisferio planteamos una nueva ruta, a fin de darle espacio a esos jóvenes talentos que empiezan a escribir sobre temas sociales, Sería fácil juzgar, pero démosle minutos a aquellos alevines que tienen talento y ganas, he aquí el primer texto.

Dr. Edgar Manuel Castillo Flores

Compilador de Youth Think  

 

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Millenials, la generación que parecía dormida

Por: Aldair Bautista Arteaga*  

 

Luego de que el pasado 19 de Septiembre un sismo de 7.1 grados sacudiera a la Ciudad de México, Puebla y Morelos, dejando fuertes estragos materiales  y al menos 360 pérdidas humanas reportadas hasta la fecha, el auge de la generación de los llamados millenials ha ido en ascenso. Aquellas personas, que en algún momento denominaron como flojos, desinteresados, problemáticos y engreídos, han demostrado su verdadera fortaleza que es la unión. Esos a los que un día dijeron que no sabían trabajar en equipo, a los que no les importaba otra cosa más que su ego, parecían los únicos culpables de la mala situación que vivía el país, hasta que les tocó vivir por primera vez un sismo desde aquél ocurrido en 1985.

No fueron necesarios muchos minutos de desconcierto para que se hiciera difusión del estado de emergencia que se estaba viviendo en las zonas afectadas. Bastaron aún menos minutos para que las calles se llenaran de jóvenes y adultos entusiastas, dispuestos a brindar su ayuda. Los millenials parecían despertar de aquél sueño egocentrista en el que se encontraban para convertirse en el estandarte de la unión y mostrar su verdadera esencia. Ni las condiciones más adversas, ni el hambre, ni el cansancio, ni el riesgo al que se encontraban expuestos al momento de ayudar, frenaron esas inmensas ganas de auxiliar a las personas que se encontraban en la penumbra.

Inmediatamente, las redes sociales, pausaron su función de entretenimiento y burla para tornarse un medio de difusión, actualizando minuto a minuto la situación de las zonas afectadas e informando, pidiendo y organizando el apoyo que se brindaba. Se instalaron centros de acopio y albergues; los millenials parecían tomar cada vez mayor protagonismo, hasta el punto de exceder el número de voluntarios y víveres recaudados. Caravanas de jóvenes con alimentos, medicinas, y herramienta de trabajo se trasladaban a los municipios de más difícil acceso, no sólo en CDMX, sino también a Puebla y Morelos para brindar su apoyo; asociaciones civiles lideradas por jóvenes también se sumaron a la causa, dando una gran muestra de solidaridad.

Hoy los millennials, la generación estigmatizada por los medios, da una nueva cara a la sociedad, una cara que otorga esperanza ante una situación complicada, la cual, puede mejorar con la participación de jóvenes unidos, que tengan la convicción de construir un país próspero. En nosotros está lograrlo.

 

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*Aldair Bautista Arteaga. Egresado de la Lic. Ciencias Políticas y Administración Pública, UAEH. Hombre benévolo y perspicaz. Amante del fútbol, la poesía y la naturaleza. Orgullosamente Garza. 

 

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