Guatemala experimenta una grave crisis en derechos humanos, pues su actual gobierno, aunque progresista, no está actuando acorde a esos planteamientos e ideología. Y tristemente, la repuesta a la demanda social ha sido la represión. De ello nos habla hoy la columna de nuestros jóvenes.

Dr. Edgar Manuel Castillo, compilador de Yout Think

Por Aldair Bautista Arteaga

Existen situaciones que el ser humano no puede prever, tal es el caso de los desastres naturales, los cuales se suscitan de forma espontánea, afectando a propios y extraños, sin distinguir entre ricos y pobres. Generalmente, la mayoría de estos desastres comparten ciertas características; en primer lugar, la destrucción y el embrollo, posteriormente el conteo de los resultados, la incertidumbre y el llanto de miles de personas y por último el temor que se aloja en los sobrevivientes a la desgracia. Tal es el caso de Guatemala, país que ha enfrentado uno de los peores desastres naturales en su historia, pues una erupción volcánica ha cobrado la vida de cientos de personas, dejando además, daños irreparables.

El pasado 3 de junio del año en curso, se registró una violenta erupción del Volcán de Fuego, ubicado a unos 50 kilómetros de la capital guatemalteca, siendo esta, la segunda en lo que va del 2018. Espesas nubes de humo se esparcieron por todo el aire, mientras una gran cantidad de cenizas ardientes caían y golpeaban los techos de las viviendas, destruyéndolas inmediatamente; algunas personas lograron escapar ante siniestro hecho, sin embargo, no todas pudieron librarse, quedando bajo los escombros y muchas otras desaparecidas. Hasta el momento, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres de Guatemala (CONRED) tiene un registro de 1,7 millones de afectados, 3.271 personas han sido evacuadas y 110 muertos, cifra que ha aumentado en los últimos días, debido a las constantes erupciones moderadas que el volcán presenta.

Ante las fuertes lluvias que se han presentado en los últimos días, autoridades locales optan por plantar cruces sobre las cenizas, en señal de dar como terminadas las labores de rescate, en zonas que son de difícil acceso, sin embargo, la esperanza no termina para familiares, amigos y vecinos que esperan volver a encontrarse con esa persona que les fue arrebatada por la madre naturaleza. La situación en Guatemala se ha extendido a nivel global; en ese sentido, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se ha expresado con un lenguaje solidario ante inesperada tragedia, de tal forma que ha enviado personal de rescate y apoyo para sumarse a la causa. Por otra parte, países como México, Estados Unidos, Costa Rica, Irán, Panamá, Colombia, Ecuador, Chile, España, entre otros, también han manifestado su respaldo y solidaridad, ofreciendo asistencia a las víctimas del desastre.

Hoy, a un mes de este lamentable infortunio, las arduas labores de rescate por parte del gobierno local y organismos internacionales continúan, salvando a personas y animales de situaciones de riesgo, lo cual es de aplaudirse. Sin importar las inclemencias del tiempo, el derecho a la vida sigue buscando ser preservado, sin importar un desastre natural de esta magnitud, hay una nación que no se derrumba, que sigue de pie, luchando por salir delante de la mano de otros. Como seres humanos, debemos tener cierto grado de sensibilidad ante este tipo de situaciones y no pasar desapercibidos, ya que, como se ha mencionado al inicio, nadie está exento de sufrir una catástrofe; ser solidarios y mantenerse unidos ante cualquier problemática en los distintos ámbitos de la vida cotidiana puede mejorar el panorama y brindar nuevas oportunidades para otros que quizás creían perdidas.

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