Por lo general, un debate es un mecanismo de comunicación de gran importancia para el desarrollo de la democracia. El beneficio de esta herramienta nos permite obtener diversas opiniones acerca del tema que se está tratando. En esencia no es convencer, sino dar a conocer todas las opciones y réplicas con las que cuenta cada uno de los expositores. Por tanto, es un ejercicio enriquecedor para toda la población. En gran medida, el debate pone de lado aquella aseveración acerca de que alguien tiene la verdad absoluta. Y es que, en muchas ocasiones esa verdad se conforma de diversas opiniones. De ello hablamos hoy, del primer debate a la presidencia de México.

Dr. Edgar Manuel Castillo Flores

Compilador de Youth Think

 

Bienvenidos a la primaria

Por: Eder Fuentes Montecillo

Con el presente texto no pretendo darle promoción a algún candidato, mucho menos incitar al voto en favor de algún color específico, afortunadamente mis letras son libres y agradezco siempre el espacio otorgado.

¿Por dónde empezar?, bueno, quien haya visto el debate sabrá que intelectualmente no hay mucha tela de donde cortar. Es decir que nuestros representantes no son meramente la “parisina” de nuestro México, por eso mismo utilizaré a una titubeante Margarita Zavala, las propuestas sin fondo de José Antonio Meade, los cartelitos que ni Ricardo Anaya entendía, la congruencia de las réplicas de Andrés Manuel o las iniciativas de ley que nos daría Heliodoro Rodríguez, “El Bronco”.

Recuerdo hace años, cuando iba en la primaria, la maestra (o maestro) solía hacernos pasar a exponer, evidentemente no teníamos a un país entero escuchándonos, pero queda claro que tampoco buscábamos ser presidentes del mismo, en ese entonces a lo mucho que aspirábamos a través de la “expo” era a un “10, muy bien”. Sobre ello, creo en el comparativo de que, entonces más allá de la crítica a una Margarita Zavala titubeante, me preocupa pensar que si no ha tenido la preparación necesaria para presentarse en un evento de la magnitud del debate presidencial, ¿Qué será si tuviese la oportunidad de representarnos oficialmente? Continuando con el salón de clases, viene a mi memoria, la oportunidad que dan los profes para ganar un punto extra, sin embargo, no tienes la respuesta innovadora a tal cuestionamiento, entonces el profe decide retirar aquella valiosa oportunidad de sobresalir entre tus compañeritos, sí, justo es la situación en la que se encuentra José Antonio Meade, parece haber sido el más popular entre su círculo social, sin embargo no logra destacar con todo su salón, no ha encontrado la fórmula necesaria. Mi parte favorita de ir a la primaria, obviamente era el recreo, pero no podía faltar el niño “fresa”, consentido, que no hace sus tareas, se las hacen, incluso cuando aún no toca entregarla y estábamos por salir a jugar, y entonces, simplemente la muestra, a pesar de no saber cuál fue el método o cuales eran los elementos de haber realizado dicho trabajo extra clase, pero eso sí, la presumía e incluso pedía que la calificaran, todo con tal de bajarle puntos o que un par se quedaran castigados, sin respeto ante sus compañeros; Ricardo Anaya muestra esa inmadurez, se ríe de los demás y los ataca, preocupa que sólo haya obtenido al sitio donde se encuentra, por su posición económica. Cuando concluía el recreo, siempre había alguien que entraba llorando, al principio era el consentido entre los compañeritos, al parecer sufría bullying, pero poco a poco su actitud caía mal, participaba poco, quería siempre un 10, aun cuando no lo merecía porque le pasaban las tareas, eso sí, no respetaba las opiniones de sus compañeritos, cuando participaba quería tener siempre la razón, entonces Andrés Manuel no puede creer que con la baja o casi nula tolerancia, de sus compañeritos sigan sosteniéndolo. Cuando íbamos a salir de clases, sí, las vacaciones de verano, llegó un compañero para “ponerse al corriente”, estaba bastante atrasado respecto al curso, al parecer en su primaria se hacían distintas las cosas, evidentemente era complicado que lo aceptaran a esas alturas, pero al final el director decidió aceptarlo, no hay mucho que hablar de él, sin embargo, Heliodoro parece desconocer cómo se trabaja en la primaria, tal vez logre pasar desapercibido.

 

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