Por : Aldair Bautista Arteaga 

Actualmente, uno de los principales retos de los gobiernos, en todo el mundo, consiste en elevar la calidad de vida de los ciudadanos, aunado a la capacidad de permear dentro de los mercados internacionales de manera exitosa. Así entonces, se dice que un país es competitivo cuando es capaz de soportar la competencia impuesta por otros países en el mercado internacional, vender sus productos y servicios de manera rentable y/o atraer inversión, lo cual trae como consecuencia mayor crecimiento económico, que se traduce en bienestar para la población.

En ese sentido, desde 1979 el Foro Económico Mundial, a través del Índice de Competitividad Global ha realizado la medición anual de la producción de los países de acuerdo a sus recursos disponibles. Según el informe anual de Octubre del 2018, evaluando a 140 países y enfocándose a aspectos como la institucionalidad, infraestructura, la situación laboral, entre otros, América Latina ha perdido competitividad en el marco internacional, a excepción de países como Chile, Paraguay y Honduras, quienes han escalado peldaños en el ranking. Sin embargo otros países como Brasil y Colombia descendieron algunos puestos, pero ninguno tan grave como es el caso de Venezuela, que continúa desplazándose al fondo de la lista en el lugar 127 de 140 países.

A inicios del 2018, se tenían grandes expectativas de crecimiento para Latinoamérica, el panorama era próspero y optimista; empero, con el paso de los meses la situación se tornó complicada. Pero ¿A qué se debe el debacle de la productividad de América Latina? Particularmente un mar de inestabilidad político-económico que engloba la disputa comercial entre Estados Unidos y China, las elecciones presidenciales en la región, una creciente debilidad institucional, la cual no genera confianza y una nula participación de la sociedad para integrase a los nuevos cambios tecnológicos que exige la globalización.

Desmenuzando la situación, se puede argumentar que la cuestión electoral incide significativamente a Latinoamérica puesto que el cambio de gobierno en las naciones causa en todos los casos un efecto de inestabilidad, la cual ha golpeado por varios años a dicha región; sumado a esto, el creciente favoritismo por la izquierda sigue aglutinando a una gran cantidad de votantes, a pesar de las experiencias presenciadas en Venezuela, Nicaragua y Bolivia;  esto no quiere decir que dicha situación sea la causa medular de la incompetitividad internacional, sin embargo, deja ver que la fragilidad democrática y la inconsistencia política se incertan, cada vez más, en la economía mundial.

Luego entonces, el tema de la debilidad institucional es otro factor preponderante que propicia en gran medida el estancamiento de los países latinoamericanos. La corrupción, la venalidad y el nepotismo siguen siendo prácticas cotidianas dentro de las instituciones, las cuales carecen de la confianza de los ciudadanos. Es por ello que se debe trabajar para solucionar dicha situación, haciendo más eficiente y eficaz la forma de operar de las instituciones, específicamente de las públicas, sin dejar a un lado las privadas.

América Latina debe adoptar medidas y propuestas que involucren aspectos tecnológicos en todos los ámbitos para hacer más factible la competitividad internacional y el desarrollo con visión de futuro, ya que la globalización avanza a pasos agigantados sin esperar a nadie. El panorama luce complicado, por ello, creo que a través de la iniciativa de los ciudadanos latinoamericanos coadyuvando con sus respectivos gobiernos para la creación de políticas públicas y formas de participación que permitan tener un mayor impacto en la innovación, será posible mejorar la situación de América Latina.

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