Me pensé muerto, oscuridad y silencio. Después abrí los ojos y vi garabatos que se dibujaban y se desdibujaban. Vi palabras: soledad, vacío.

La sala era amplia, en ella se proyectaba una animación de William Kentridge. Yo estaba muy lejos de mi hogar.

Garabatos emborronados de carbón y de algodón, los cuales, entremezclados, generaban imágenes en movimiento.

Yo era un extranjero, me sentía extraño, y el video de Kentridge me hizo sentir frágil e indefenso. Un ser finito, limitado.

Como autodefensa recordé mi casa, mis fiestas, a mis hijos… Pero no, estaba dentro de la obra de Kentridge. Todo se construía y se destruía simultáneamente.

Vi aparecer un edificio entre garabatos y después desaparecer. Construcción y destrucción. Un río de dibujos desbordados en el tiempo, en la sala, en mi ser.

Hoy estoy en mi terreno, no soy extranjero; William Kentridge está en México, en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, en la UNAM, en mi casa.

Decía Parménides que nunca sumergimos la misma mano en el mismo río dos veces. Gadamer decía que cuando releemos un texto años después, otro libro y otro yo se reencuentran.

Voy a ir al Museo Universitario de Arte Contemporáneo para sumergirme otra vez en el río de imágenes de William Kentridge. A ver cómo me va en esta ocasión.

Espero que no me revuelque.

 

 

William Kentridge es una artista sudafricano cuyo trabajo más conocido es un conjunto de animaciones elaboradas a partir dibujos hechos con carbón, los cuales borra y redibuja sobre el mismo papel para generar una secuencia narrativa. Actualmente, usted puede visitar la exposición Fortuna en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional Autónoma de México.

http://www.muac.unam.mx/expo-detalle-24-William-Kentridge-Fortuna

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