Después de un día de excesos y una maratónica fiesta con alberca, amanecimos crudos, destruidos, mi novia y yo, sin transporte para llegar a nuestra cita con el último día del Vive Latino; nada que no se resolviera en un par de clicks y ahí vamos en modalidad zombie a disfrutar del Festival Iberoamericano de Cultura Musical.

Tengo una relación de amor/odio con el Vive Latino, obviamente fue el primer festival al que fui, pero después de muchos años dejé de ir porque me la pasé fatal viendo cómo los fans de Babasónicos lanzaban proyectiles a Los Planetas; la programación era repetitiva hasta que cambió. Regresé pero sólo un día, el año pasado, para ver a Los Planetas (otra vez), NIN y Diplo, en un jueves con poca gente, verdaderos fans y con el plus del buen clima.

Este año, ante la amenaza de lluvia, los impermeables de a diez pesos se vendieron como pan caliente, pero nunca llovió y sin la presencia del señor sol, el cansancio y la resaca nos pegaron menos.
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Llegamos a tirarnos en la carpa Ambulante donde exhibían el documental sobre los diez años del disco de The Postal Service, película que me emocionó mucho porque ese disco es uno de mis favoritos; fue el preámbulo perfecto para darnos un rol por los stands de discos que ante la crisis de la industria casi  regalaban: dos discos por $30. Obviamente hice varias compras y de ahí al área de comida para degustar un choripán medio crudo, ad hoc para seguir con el sabor argentino. Llegamos puntuales a la primera banda que queríamos ver: Poncho, con su electrónica fiestera en vivo, gente entregada y con ganas de fiesta. Tuvieron como invitados a Gil de Kinky y las morras de Quiero Club, pero la locura fue total cuando cerraron con su hit “Please me”. Menuda forma de arrancar.

12499_10152821936267989_3697203154644636723_nSiguiendo con nuestro scouting de comida y chácharas, hicimos una parada estratégica para comprar la primera cerveza de la tarde mientras al fondo sonaba el ska de Los Victorios y Los Supersónicos en la carpa Intolerante, ritmo primigenio que muchos relacionan con este festival masivo y los luchadores danzantes.

En nuestra ruta  observamos diferentes activaciones de marcas que eran un monumento al #Yolo y el primer foodtruck representativo de Pachuca que he visto: pastes “El Pasteko”. De esa misma área sustrajimos un par de cocacolas y agua embotellada sin pagar, y así quedó inaugurada la sección #NoHayPedoEsElVive. Ya no nos preocupamos por no llevar una cámara profesional y en su lugar tomamos las fotos con el cel y una cámara desechable.
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Caimos a la carpa Gozadero patrocinada por los Dorilocos, para presenciar una simulación de un baile popular de Tepito estelarizado por Sonido La Conga, con bailarinas shemales incluidas.

Corrimos para llegar a tiempo a escuchar a Compass, el proyecto a medias entre Camilo Lara del Instituto Mexicano del Sonido y el productor regiomontano Toy Selectah, quienes tomaban el escenario principal acompañados por Adanowsky y el español Carlos Ann, que sólo participaron en una canción pero se la pasaron haciendo playback durante todo el concierto con una guitarra y un microKorg, respectivamente; una cantante de color, dos MC´s que fungían como presentadores, “la metralleta” Serko Fu, otro rapero de Miami y puntuales colaboraciones de Victor aka Kool Ad. Compass presentaba por vez primera su nuevo disco en vivo en México, el cual tiene más de 90 colaboraciones de músicos de todo el mundo y fue grabado en nueve ciudades diferentes.

La fusión de ritmos, personajes y canciones se balanceó hacia el lado del IMS, tocando sus éxitos: “El micrófono”, “Yo digo baila, tú dices dance”, “Escríbeme pronto”; en “Te andan buscando”, primer sencillo que ya suena en la radio nacional, Camilo aprovechó para pedir justicia por Ayotzinapa y solidarizarse con Carmen Aristegui.

Pronto perdí la esperanza que de “el lado de Toy” salieran a escena Control Machete, 3 ball, o de perdida y por mera curiosidad Los Ángeles Azules… algún guiño, cover o alguien que haya trabajado con Toy pero no, sólo se limitó a tocar la guitarra, en un show hecho para moverse y que la gente disfrutó mucho pero se tornó repetitivo en algunos momentos.

Escuchamos cuatro canciones de Garbage, quienes arrancaban su gira mundial justo aquí. El escenario les quedaba chico, la gente se amontonaba desde la entrada del escenario, el audio no era el mejor pero aún así ofrecieron versiones electrizantes de “I think I´m Paranoid”. Shirley Manson en su versión milf sigue siendo igual de sexy; se disculpó por no saber hablar español y ofreció un sentido agradecimiento a sus fans por su apoyo en estos 20 años de carrera. Casi al borde de las lágrimas tocaron “Queer”, de su homónimo primer disco que me hizo recordar cuando era un imberbe adolescente y preferí comprar ese compact disc en lugar de el primero de Korn.

Entre canciones se escuchaba a lo lejos el repertorio típico de Molotov, que también celebraba 20 años de carrera… y de tocar el mismo setlist, una oda al chavorruquismo imperante. Nos alejamos bailando “Cherry lips” para regresar al escenario principal con los líquidos consumidos haciendo efecto.

Listos para ver la actuación más incendiaria y épica de la noche: Die Antword, Dj Hi Tek tomaba por asalto el escenario con unos visuales y un sonido impresionantes; todo el público bailaba y estaba listo para recibir a Yo Landi Vi$$er y Ninja. El trío sudafricano de rap electro se entregó tanto como su público y juntos convirtieron el Foro Sol un rave gigante, haciéndonos olvidar el frío y la lluvia que acechaba. No había ningún alma quieta y para esas alturas de la jornada era una gran victoria. Tocaron todos sus éxitos y un nuevo track que suena al mejor “bacalao” hecho, para cerrar su explosiva presentación con un “Enter the Ninja”, la canción con la que muchos los conocimos.

Pueden revivir todo el show aquí.

Después del golpe de adrenalina fuimos por más víveres y a relajarnos con la música ensoñadora de Dënver, dúo chileno chico/chica herederos del mejor pop latinoamericano. En su show lo mismo valen coreografías y  la música disco que guitarras estridentes con sabor a shoegaze. Tuvieron de invitado a Aj. Dávila con una canción que no se sabía a pesar de contar con la letra escrita en una hoja. El escenario a medias pero todos los fans gozaron cada momento del repertorio de los chilenos, a quienes estamos contentos de haber visto ya que en su última visita hubo rumores y amenaza de separación.

Aterciopelados abrieron su actuación con una versión de “Que te vaya bonito”, ataviados en trajes de tigre inspirados en los Tigres del Norte o Hidrogenesse, vaya usted a saber. Una canción de despedida para empezar y así continuaban las sorpresas; sus himnos clásicos “tropicalizados”, inyectándoles mucha dosis de cumbia. Con “Baracunata” el público todavía se movía pero ya se notaba agotado; siguieron los himnos ardidos :“La estaca”, “Rompecabezas”, “Maligno”, “El estuche”, “El álbum”; cuando tocaron “Candela” aprovecharon para pedir justicia por los estudiantes de Ayotzinapa. Siguieron con el himno hippie buena onda “En vez de pelear prefiero enamorar”, y luego “Bolero falaz” con todo el público cantando a gritos. Se subió Jorge Drexler a cantar “Luz azul” y Andrea Echeverrí aprovechó para contarnos del nerviosismo que siente antes de salir a tocar y cómo lo cura con mezcal.

El cierre, como no podía ser de otra manera, contó con tres florecitas: Ximena Sariñana, Liliana Saumet (Bomba Stereo), Catalina García (Monsier Perine) y el picaflor Drexler que ya estaba ahí. Los increíbles visuales inspirados en la cultura popular latinoamericana nos despedían con un claro mensaje: “Gracias México, son la onda”.

Ya no quedaba nada por ver, así que en lugar de regresar a la van fuimos a presenciar la última actuación de la noche, la diosa hermafrodita: Galatzia. Sí, la de las tachas y el perico debutaba cerrando el festival con su show mágico-cómico-musical, heredero de todo ese rocksito nacional chistoso y Moderatto, que como era de esperarse fue más comedia que música. Tres músicos muy buenos, bailarinas y por qué no, hasta la esposa haciendo coros. Toda la gente muerta de risa, incluso hasta el personal de seguridad.

Emprendimos el viaje de regreso agotados, bailados y satisfechos de haber sobrevivido a este gran maratón musical. La única pena fue no haber visto a Dengue Dengue Dengue, Aj. Dávila y la Minitk del miedo, pero será en otra ocasión.

El festival Vive Latino representa la unión de propuestas, de identidades, de sonidos; es un referente global que ha logrado con su calidad y sus limitaciones representar a México. Afortunadamente ya existe todo un circuito de festivales en los que  podemos disfrutar a los artistas que queremos escuchar, lo cual no era posible hace algunos años.

Créditos fotográficos:1, 6, 7 Tono,  2,3,4, Marilyn,  5 y 7  Milenio, 6 Sopitas, 8 24horas.

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