Tendemos a pensar que el propio pensar es un cierto incordio. “Y a recordar, como Foucault nos dice, que “ni consuela, ni hace feliz”. Tal parecería entonces que lo mejor sería desprenderse de tamaña incomodidad. Y no ya solo por insidiosa. Vendría a ser inoperante y paralizadora. Para quienes tienen una consideración instrumental del pensamiento, la cuestión sería acudir a él en caso de necesidad como medio para resolver situaciones que lo requirieran. Presuponiendo que se trata de una mera actividad mental, el asunto consistiría en activarlo en caso de necesidad.

Sin embargo, el pensamiento nos constituye y, como nuestro propio cuerpo, no acude o deja de hacerlo solo en caso de ser convocado. No es que lo tengamos siempre con nosotros, es que es nosotros. Otros asunto es que lo desconsideremos, lo que, como propio cuidado de un mismo, no deja de tener sus consecuencias”. Gabilondo Pujol escribe estas líneas y me hacen pensar, precisamente, en qué ocurre cuando destinamos largo tiempo a esta actividad para un fin específico, o más aún, cuando no tenemos algún fin y caemos en un zapping de pensamientos que nos llevan de una idea a otra. Por ejemplo: hace una semana falleció un amigo, y al enterarme de la noticia mi pensamiento divagó por muchos oscuros rincones. Creo que este también es el principio con el que se desdibujan de la pantalla los estados de las redes sociales. Los status de nuestro time line son también pensamientos que fluyen como el cauce de un río hasta desembocar en el mar del olvido, tal como pasa con nuestros muertos.

Hace unos días también observé  que muchas personas colocaban en su foto de perfil de Facebook la difusión de una bandera de Francia, en un acto de solidaridad ante los actos terroristas y los muertos. Ahora que nuestro país es blanco de ISIS, las banderas han sido cambiadas por memes que hacen escarnio de que estamos acostumbrados a la violencia, al terrorismo, a la guerra. Porqué antes no colocamos una bandera de México y nos indignamos por nuestros muertos. O será que somos seguidores de lo escrito por Lucas en la biblia: “¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando tú mismo no te das cuenta de la viga en el tuyo?”

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