Por: Diego Castillo Quintero

Este viaje dura dos horas con 16 minutos, pero abarca más de 30 años de carrera. Empieza con más luz pero poco a poco se va tornando sombrío. Al final, de hecho, nos espera un ambiente extraño, cuya densidad no la tolera quien sea. Este viaje también es bajo tierra, en el más puro underground musical.

Javier Corcobado ha permanecido lejos de los reflectores, pero cada cierto tiempo emerge para llenar, por ejemplo, el Teatro Metropolitan de la Ciudad de México hace 10 años, y adonde ahora regresa para presentar una retrospectiva de su carrera musical.

Si algo define a este compositor y cantante es que a partir del ruido, temas desgarradores, poesía hecha canciones y una voz sombría, obtuvo un sonido único. Este recorrido por su historia musical es apenas un atisbo: un par de canciones por los discos realizados a lo largo de tres décadas, ya sea como Javier Corcobado en solitario, con Los Chatarreros de Sangre y Cielo, con Cría Cuervos o Manta Ray.

El disco “Fotografiando al corazón”, uno de los más notables de su carrera, fue compuesto en México. Un caso parecido es el de “A Nadie”, considerado por el mismo Javier como el mejor de su discografía. Si alguno de los lectores decide entrar en Corcobado por algún disco completo, mi recomendación es que sea por alguna de estas dos puertas. O por los excelentes “Corcobator” y “Arco iris de lágrimas”.

El primer paso lo ponemos en terreno seguro, en un disco llamado “Mujer y Victoria” (2016). Con un sonido consagrado, el cantante nos remite al mar, al viaje, al ruido y al amor.

El siguiente paso lo damos en “Los estertores de la democracia” (2015), que podría parecer un disco más en una larga carrera musical, de no ser porque se integra por temas (solamente 5 tracks) surgidos de su proyecto “Canción de amor de un día”, el cual consiste en una pieza musical que dura 24 horas, para la que contó con la participación de varios músicos y artistas visuales.

La siguiente parada en este viaje, que va hacia atrás, es en un disco titulado “Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad” (2011), verso tomado de la canción “Noche de ronda”, de Agustín Lara, donde además rinde un homenaje a José Alfredo Jiménez, Javier Solís, Frank Sinatra, Serge Gainsbourg y varios más, como en la excelente versión de “Te estoy queriendo tanto”, del compositor Manuel Alejandro.

El siguiente paso lo ponemos en un discazo, “A nadie” (2008), material que fue grabado en México, y donde incluye la que bien podría ser una de sus mejores canciones: “Caballitos de anís”.

Un poco más atrás en el tiempo nos espera el “Editor de sueños” (2006), integrado por sus características canciones melancólicas sobre el lado doloroso del amor. Pero antes de eso existió uno de los más notables materiales en la carrera de Javier Corcobado, su excelente “Fotografiando al corazón” (2003), uno de sus discos “más mexicanos”, pues fue creado luego de una estadía en nuestro país.

Cinco años antes vio la luz el imprescindible “Corcobator” (1998), cuyo sonido poderoso y envolvente luce una portada con un Javier Corcobado vestido de mujer.

Más atrás se encuentra el “Diminuto Cielo” (1996), creado en colaboración con los también españoles Manta Ray, cuyo guitarrista de entonces era el famoso Nacho Vegas.

Inmediatamente detrás está un disco de pocas canciones pero de gran relevancia: “Boleros enfermos de amor vol. 2” (1996), donde se incluyen versiones a boleros famosos y no tanto, además de la abrumadora “Aquel tren”, donde Corcobado nos cuenta una historia lúgubre.

“Arco Iris de lágrimas” (1995) es otro de los discos más importantes de este artista, pues con él alcanzó el reconocimiento a una carrera que ya llevaba al menos una década, gracias a canciones como la desoladora “Carta al cielo” o “Dientes de mezcal”.

Letras surrealistas, experimentación sonora y riffs obsesivos componen el “Ritmo de sangre” (1993), un disco oscuro que incluye piezas desconcertantes como “El corazón de tu cabeza”, en el que se enuncian nombres de mujeres durante más de 20 minutos, o la ruidosa “Quemaba Roma Nerón”. En esa misma época se encuentran los “Boleros enfermos de amor vol. 1“ (1993), el primer disco de versiones hecho por este artista.

Una de las últimas paradas en este recorrido la hacemos en el disco “Tormenta de tormento”, que incluye la inolvidable “Ladrada del afilador”, donde Corcobado nos cuenta y nos canta la historia de un asesino.

Podríamos decir que el recorrido termina con el primer disco de este hombre, titulado “Agrio beso” (1991), en el que se incluye la notable “Desde tu herida”, pero antes de eso, éste artista publicó “Demonios tus ojos” (1988) con su banda homónima, y un poco atrás existió “Mar Otra vez”, con quienes inició su carrera de manera formal en el año de 1985.

Hasta allá, a más de tres décadas de distancia, se encuentra el final de este viaje, plagado de experimentación, ruido, poesía, tristezas, viajes, chatarra y amor. Javier Corcobado se dice un “cantante pequeño”, pero la enormidad de su obra es innegable.

 

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