El objetivo de la Alquimia, ciencia ancestral de la química moderna, es explicar la realidad, comprender, y al mismo tiempo reproducir la composición de las cosas. Para la Alquimia los cuatro elementos no son componentes materiales, porque la materia es singular y compuesta por un elemento único. Los cuatro elementos son los diferentes estados básicos de la materia. Es decir, que corresponden a los estados generales y apariencias de la materia. La Tierra es el símbolo y el soporte del estado sólido. El Agua, símbolo y soporte de la liquidez. El Aire, de la volatilidad. El Fuego, más sutil todavía, responde al mismo tiempo a la noción sustancial del fluido etéreo, soporte simbólico de la luz, del calor, la electricidad, etcétera. Si pensamos en lo que ha ocurrido en los primeros cuatro años de Planisferio tendríamos que colocar los 48 meses repartidos en los cuatro elementos. Ahora, de cara a un nuevo ciclo nos estamos replanteando qué es lo que tenemos que hacer, cuáles son los pasos que debemos dar, pero sobre todo, estamos pensando en tomar aire para ser otros y seguir siendo los mismos.

Pienso en lo que declaraba Slavoj Zizek cuando decía que “lo real, para ser enteramente real, debe estar sostenido en la fantasía. La fantasía, para mí, no es algo opuesto a la realidad. La realidad, lo que tomamos por nuestra realidad ordinaria está siempre constituida de una manera ideológica y la fantasía es la estructura fundamental de sentido que permite que se sostenga como realidad. En términos psicoanalíticos podría definirse como “el trauma”. Lo real es, por tanto, lo que sucede cuando perdemos nuestro sentido de la realidad”. Esta idea me conduce también a lo que el mismo filósofo mencionaba en una entrevista al afirmar que “el acontecimiento es precisamente aquello que no puede ser creado, lo que nos sorprende. El mejor ejemplo que se puede dar de la idea de acontecimiento es enamorarse de alguien. Es algo contingente, sencillamente sucede, pero cuando uno se enamora su vida cambia por completo. Cuando uno se enamora lo primero que hace es reconsiderar toda su vida en perspectiva, como si se tratara de una preparación para ese momento milagroso. Pero lo importante no es tanto el acontecimiento en sí mismo sino la fidelidad con la que uno decide comportarse respecto a él. En el caso del amor, la fidelidad al acontecimiento consistiría, por ejemplo, en asumir por completo las consecuencias de haberse enamorado”. A la distancia del tiempo, quienes seguimos aquí, pensando en que Planisferio puede ser un medio para cambiar la percepción de nuestra realidad, seguimos afirmando que aún tenemos muchas cosas por escribir, por enamorarnos, por cambiar este mundo, por edificar una nueva alquimia de ideas y realidades.

 

 

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