Saben, a pesar de que ya tiene un rato que inició este proyecto denominado “Circuito Indio”, en donde la marca de cerveza tuvo la idea de llevar a muchas bandas de reconocimiento nacional e internacional a tocar en espacios no tan grandes, para ser más precisos en tipo bares, generando así shows donde están en mayor contacto con sus fans, no había podido asistir a estos eventos.

No había asistido a este circuito no por falta de ganas, sino porque muchas de esas bandas ya las había mirado no hace mucho y también un poco por la godinez de mi trabajo, sin embargo entre los shows me brincó uno que si tenía ganas de ver, una combinación extraña y que hasta cierto punto generaba morbo; por un lado una banda de fusión llamada Dr. Krapula y por otro una banda de rock duro llamada Motor.

También fui un poco movido por la idea de ver cómo se comportaría el público, que en éste estado no está acostumbrado a dos cosas: pagar mucho por un boleto y dos, tener más de un concierto a la semana.

Así que me lancé a ver este show a Dunkelheit sede del circuito en Pachuca. Fui con unos amigos en espera de tener una buena noche de música y alcohol. Mi primer desilusión vino cuando eran casi 10 de la noche y no veía casi nada de banda, más que algunos amigos que comúnmente nos encontramos en ondas más tiradas al ska y la fusión. Y también me dio gusto ver un poco de la vieja guardia del rock esperando ver a Motor.

Ésta fue la banda que inició la noche; Motor suena rudo, estridente, pero con mucha energía; para los que no sepan mucho de ellos debemos decirles que se formó a partir de la extinción de “Guillotina” y fue un gusto mirarla de nuevo en tierras hidalguenses, porque cada día suenan más rudos y con muchas tablas, y a pesar de que había más publico esperando a los colombianos, supieron prender y mover a la gente. A este hora en el sitio había ya muchos amigos del mundo del rock pachuqueño.

Llegó el turno de unos colombianos que saben hacer su fusión de ritmos y que suenan cada día mejor. Si bien los pude ver en el Vive Latino de este año, sí tenía ganas de ver un show más íntimo de ellos, donde el contacto con el público fuera más en corto. Y aunque como dije en párrafos anteriores, no llegó toda la banda que esperaba, si se armó la fiesta en grande.

Una cosa especial que tienen es que es una banda muy pambolera, por lo que algunos de sus temas tienen líricas inmersas en el mundo del balón, y ello hizo que no dejaran pasar la oportunidad de dedicar una rola al fallecido Miguel Calero, portero colombiano que militó en el Club Pachuca. Otra cosa muy acertada que hicieron, es que una parte del set los asistentes iban eligiendo los temas que querían escuchar y eso dejó contento a todos. En fin, todo fue bueno en una noche rara donde más allá del género musical, la banda pudo unirse y dejarse llevar por la música.

Las dos conclusiones que al final me llevo son: que la banda sí se puede unir en pro de la música no importando que tan rock o no seas, al final lo que está bien hecho simplemente deja un grato sabor de boca y la segunda es que no siempre las mejores noches están llenas de público, a veces sólo se necesitan algunas personas con los oídos abiertos, cervezas, y ganas de rockear.

Recuerden que este viernes están los Estrambóticos abriendo la cuarta fase de este circuito y espero ahora si mirar a mucha banda skasera, de esa que nomas se queja de que no hay shows en Pachuca, pero cuando los hay nomas no aparecen. ¿Será esta la excepción?

 

Comentarios

Comentarios