Por PABLO PULIDO

Para Aarón, mi cómplice y también mi victimario

Soy un ingenuo. Todo este tiempo asimilando las cosas. Pensando que estoy en lo correcto. Creyendo que las cosas se persiguen y, por ende, se merecen. Cierro los ojos y todo es pertinente si es que la intención me es justa. Estoy hastiado. Mi decisión es infalible, entonces pensaba yo… pensaba que también yo quería y podía ser así, pero ya no más, me agoto, me avergüenzo de mí mismo y escupo al espejo. ¿Recuerdas las noches en las que todo se sentía bien? Y mientras esos destellos aparecen frente a mí, debajo de un turquesa que nunca había atravesado mi cornea, creo que estoy listo. Sí.

A lo lejos, sobre un escenario, Beach House se emancipa entre destellos y alucinaciones. Están sonando mis canciones favoritas y también las tuyas. En este momento un gozo me aturde pero mañana puede que esté sufriendo la pérdida de alguien que nunca ha estado. ¿Qué más da si este sentir es más fuerte que el de ayer? ¿Qué más da todo? Sólo quiero que alguien me sujete de las manos y me saque de este desquicio que se pasea entre la ansiedad, la presión, la fortuna y la tortura. Una visión platinada que te entristece una y otra vez, una y otra vez.  

A lo largo de estos pasillos recorridos en mi mediana y aburrida vida, no hay cosa que me confunda más que el mirar a tus ojos, cuando nos comparamos, cuando nos olvidamos. Puede que seas tú, pueda que sea él y hasta yo mismo, pero las circunstancias me parecen las mismas. Pues un no es siempre un no. Constantemente los mismos errores y el arrepentimiento… Pero el turquesa sigue ahí, con sus destellos que me recuerdan a esos ojos que alguna vez fueron míos. ¿O fueron los suyos? ¿O son los tuyos? Brillando, como una escena nocturna.

Todo este tiempo he pensado hacia la perspectiva incorrecta. Todo tiene sentido pero tal vez el malentendido sea yo. Incluso de mis canciones favoritas. Beach House no son los versos tristes. Beach House no ha llorado conmigo. Beach House sólo ha estado ahí para recordarme que debería ser feliz con el presente, que a pesar de lo incendiario de su mirada, es un motor para seguir buscando, para seguir delinquiendo con este corazón que tal vez ha llegado a su límite (teniendo en cuenta que siempre ha estado consciente de su final pero que alberga una esperanza que morirá hasta que deje de sonar esta canción).

¿Es un error mío regresar contigo?¿Es un infortunio pensar en ti después de tantos años? ¿Es pecado querer formar parte de ellos? Aferrarse antes de comprender. Porque créeme, futuro mío, cuando te amenazo al decir que me gustaría ser alguien a quien finalmente pudieras volver a amar.

Porque también han sido tantos los kilómetros recorridos para encontrar un confort que parece nunca llegar. Han sido las manos, los ojos, las respiraciones y los sacrificios de tantos espíritus pero nada parece cambiar. Se agradece el tiempo, ¿no te cansa sofocarte en el mismo escollo que ha frustrado tu camino hacia donde diablos sea que quieras llegar? Porque a donde sea que vayas, nadie cree…

Este latir es tan inconstante. No quiero dejar de estar contigo, pero secretamente el tiempo parece haberse terminado. Tú sabes cómo es esto, amigo mío. Recuerdo alguna vez sonreír hacia el destino que cuidadosamente se dibujaba de mi boca a la tuya. No soy lo suficiente afortunado para recordarlo. Así que camino y camino, entre celebraciones y celebridades, entre terrenos fértiles, incluso en insólitos alrededores, sólo para enterarme que la pena no se va. Yo trato de moverme a tu ritmo, y al de ellos también (¿realmente estoy celebrando o sólo estoy tratando de escapar?), pero no puedo percibir nada más que sus tristezas, porque esto es más profundo que tú y yo juntos, va más allá de lo que puedes llegar a ver.

Ella es la única que podría sacarme de aquí: “Debes abrirte a su complejidad”, me dice mientras sus ademanes me hacen comprender la dificultad de esta tarea: “El amor es tan doloroso, hermoso y triste”. Pero no sé si ella, incluso yo, estamos listos para esto una vez más. ¿Tenemos que ser competentes ante las adversidades de una necesidad humana? ¿Podríamos cerrar la puerta y actuar como si todo hubiera terminado esta noche? “Debes abrirte a su complejidad”, me vuelve a sentenciar mientras su cabello se resiste a la serenidad del Sol.

Sube el volumen que he dejado de escuchar. Era tan divertido evadir cuando realmente se necesitaba afrontar. Contar los días me tal vez aliviane la carga, pero sería tan sencillo que la mente se disipara hacia esos anhelados encuentros, en donde se me acaricia como si la piel se tornara seda barata que sólo dura un instante, en ningún lugar, en una noche cualquiera… Este pequeño delirio que atesoro para una eterna vaguedad de mis utopías emocionales.

Nuevamente cierro los ojos, pero la boca continúa abriéndose para gesticular las estupideces que me provoca tu ausencia. “Debes abrirte a su complejidad”, escucho a lo lejos nuevamente y creo que el meollo no es el mismo cuando me alejo, porque a cada paso la penumbra carece de sentido. ¿Esta pena podría convertirse también en mi salvador?

Quién sabe si hay rosas en el cielo y, por una fascinante razón, lo más difícil sería  apreciarlas. Nada es válido si este tacto no cambia su temperatura. Estoy en el mismo lugar y con los mismos rostros, no quiero ser malagradecido, sólo quiero entender qué te hace mantenerte aquí, junto a nosotros, en donde no hay razones para cambiar. ¿Eres escaso o te defiendes con pretextos? Está sucediendo nuevamente, se elevan y yo los miro desde abajo, como deseando cambiar mi fatalidad. Pero no ocurre así.

Tal vez sea momento de decirte adiós, alejarme de toda la locura pero es que se siente tan bien arruinarlo, aunque tal vez no dure para siempre… O tal vez sí. Nadie me ha enseñado que la paz tenga que ver con hacer lo correcto; porque lo que yo requiero es adentrarme a la complejidad que tanto me presumes. Si bien quisieras, tú podrías perderme, pero este Romeo parece que siempre estará a tu lado. Y sé que te gusta, así que tratas de ocultarlo.

Estoy aquí a oscuras, escuchándote una y otra vez, desmantelando tus anhelos y también tus temores. Vienes a mí en sueños y hablas de cualquier cosa. Y aunque parecería que soy el mismo, todo el tiempo cambio a su antojo. Quisiera largarme de aquí, lejos de esta insana profecía llena de flores e incondicionalidades. Evidente la falta de tiempo (no digamos de voluntad) pero es probable que, entre tantas carreteras, veladas, desquicios y violencia, lo único que necesite es estar conmigo, siempre manteniendo la esperanza. Dulces mentiras sobre tu rostro.

 

*Este pseudo autoanálisis está inspirado en la obra de Beach House; en una conversación con Victoria Legrand y Alex Scally en un hotel; en su posterior show del Auditorio Blackberry; en un escape improvisado a Tequila, Jalisco; en una canción de The xx; en una mirada, en una desquiciada borrachera en #FestivalMarvinCDMX y en cientos de malas decisiones que han conducido a su autor a conjugar ideas que han perecido en sensaciones.

 

 

 

 

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