Yo no soy una persona que busque ir al campo o estar en contacto con la naturaleza. No sabría decirles a ciencia cierta la razón, lo que sí sé es que no es porque no me guste, cuando estoy ahí termino siendo la persona más impresionada del mundo, mi teoría radica en que tengo preferencia por las comodidades que la ciudad me da. Eso o que soy muy flojo. El caso es que voy poco. Pero lo que sí busco mucho son formas diferentes de comer y fue así que me llamó la atención encontrarme en las redes sociales un evento en Huasca en el que se anunciaba un día de campo y en donde juntaban en un mismo día y lugar a cuatro cocineros de tres buenos restaurantes de Pachuca: Claudia León y Jesús Pedraza de La Taverna de Txiki, Luis Escamilla de La Gusgueria del Barrio y Aquiles Chávez de Sotero. Por si esto fuera poco, también cocinando iba a estar nada más ni nada menos que Eduardo García de Máximo Bistrot, uno de los mejores restaurantes de México y Latinoamérica según la lista “50 Best”. Todo esto organizado por Yolcan, una plataforma que conecta a agricultores locales, consumidores y cocineros de la CDMX y que ha hecho un buen trabajo rescatando chinampas en Xochimilco. Sin duda un atractivo cartel.

Así fue cómo mi gusto por la comida y el disfrutar de una buena compañía me llevó hasta El Peral, en Huasca, sin saber muy bien qué esperar.

El Peral está aproximadamente a unos quince minutos de Huasca de Ocampo, sobre la carretera hacia Tulancingo, en ese lugar se encuentra Nuevos Horizontes, una empresa que se dedica a producir alimentos orgánicos. Flavio Fernández y su hermano Ignacio son los fundadores del proyecto. Me cuenta Flavio que, como muchas familias mexicanas, ha tenido familiares que han muerto víctimas de cáncer y Nuevos Horizontes es su forma de contribuir al combate de la enfermedad al llevar a las mesas productos sin compuestos químicos, a la par, la empresa también busca ayudar al desarrollo económico de la comunidad dando fuentes de empleo y organizando a otros productores. Flavio e Ignacio iniciaron con un pequeño huerto de alrededor de cien metros cuadrados donde iniciaron cultivando productos muy tradicionales como acelga, cebolla, rábano y zanahoria. Después de ese laboratorio, como Flavio Fernández lo llama, se empezaron a dar cuenta de que existía una gran cantidad de frutas y verduras que podían cultivar y trabajaron sobre ello.

Debo confesar que yo me esperaba un evento pequeño, al llegar me di cuenta que no, mucha gente bajaba de sus autos para dirigirse a una finca construida con piedra. A un lado de la finca los invernaderos, enormes, todos en blanco. La primera actividad consistía en precisamente conocer lo que había adentro de esas carpas blancas. Un grupo de productores externos y de agricultores de Nuevos Horizontes eran los guías. Corrimos con mucha suerte ya que nos tocaron dos personas muy apasionadas y comprometidas con su labor, nos llevaban de a poco, sin prisas, de hecho íbamos más lento que otros grupos ya que nos explicaban, ahora sí que con peras y manzanas, las distintas variedades, los procesos y los porqués de los cultivos. Conforme avanzabas, uno se podía dar cuenta de lo sabia que es la naturaleza y de las maravillas que puede regalar. Conocer más de veinte tipos distintos de tomate, poner en tus manos zanahorias de diversos colores, observar los colores que salen de los distintas variedades de lechugas cuando están juntas mientras están plantadas, conocer que se plantan en tezontle, descubrir que ellos no compran las semillas sino que también las obtienen del huerto, ver una fresa que tiende a rojo al lado de una fresa inmadura, saber que hay muchos pepinos que nunca he probado, que hay ejotes amarillos y habas moradas o ver cómo crece una berenjena son algunas de las cosas que yo nunca había experimentado.

Al terminar el recorrido quedaba comer y disfrutar el día adentro de la finca. En una carpa grande se acomodaron mesas comunales, era cosa de encontrar un lugar y sentarse. Una vez acomodados había que pasar a servirse, cada uno de los cuatro restaurantes puso una isla y preparó más de tres platillos distintos, sólo era cosa de tomar un plato, hacer una pequeña fila y escoger. No había límite más que el de tu estómago, podías pedir lo que quisieras y cuantas veces quisieras. De beber también había de dónde escoger, desde aguas de sabor, algunas poco comunes como una que tenía kale, hasta islas de vino en donde había vino blanco, rosado y tinto, cervezas artesanales, mezcal y hasta una ginebra mexicana.

Desgraciadamente no nos dio tiempo de probar lo que preparó Eduardo García, para cuando llegamos de los huertos ya no había. Pero nos desquitamos con los demás cocineros en donde hubo muy buenas sorpresas. Lo primero que probé, para abrir apetito, fue una pequeña tostada de escamoles con una salsa bastante agradable al paladar que hicieron los de La Taverna del Txiki, buena combinación. A pesar de haber dicho en los huertos, producto de la emoción, que iba a considerar muy seriamente volverme vegetariano, yo soy carnívoro y no puedo negar la cruz de mi parroquia, así que después de eso me dirigí hacia la isla de Sotero. Sabía que iban a preparar lechón y ese era mi objetivo principal, pero como en ese momento todavía no se terminaba de cocer les acepté un taco de cordero al limón que me terminó gustando mucho, incluso más que el lechón, el cual probé unos minutos después. El cordero al limón terminó siendo uno de mis platillos favoritos del día.

Una vez que cumplí con el objetivo del lechón fui a la isla de La Gusgueria del Barrio, ahí me sirvieron un consomé de res, el cual, me platicaban, había estado hirviendo durante tres días. El sabor del consomé era intenso, agradable y perfumado. De haber sabido, lo hubiese comido antes que lo demás. De ahí mismo me llevé, casi sin querer (porque en verdad que no tenía la intención de probarlo, yo quería más carne) lo que terminó siendo el mejor platillo que probé en la tarde: un tamal de berenjena. Un tamal que sacaban de una hoja de plátano, lo cubrían con una salsa, verduras y queso. Estaba tan rico que terminé regresando por otro para compartirlo aún y cuando no podía comer más.

Después de comer, la tarde transcurrió entre un agradable día en el campo, algunas copas de vino, unos cuantos mezcales y una agradable plática.

Gran iniciativa de todas esas personas que se esfuerzan por que comamos mejor, ojalá hagan eventos como este de forma más frecuente. Fue un día de mucho aprendizaje y de regresar valorando más su labor.

Si quieren comprar productos de Nuevos Horizontes los puede contactar en su página de Facebook o al teléfono 7712059154. Por el momento no tienen punto de venta en Pachuca, pero pueden hacer sus pedidos y recogerlos en La Gusgueria del Barrio, La Taberna del Txiki y Sotero. Para los que viven en Ciudad de México, se pueden acercar a Yolcan en su página de Facebook o al teléfono 55126333.

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