Hemos despertado casi a las diez, pero nos hemos quedado en la cama más de tres cuartos de hora. Brillaba el día de fiesta en Madrid. Hasta hemos abierto el balcón de par en par, hacía una estupenda mañana a pesar de noviembre.

Hemos bajado al bar para desayunar, café, zumo y tostada, y he leído en el Marca que han renovado a Ronaldo. No me he acordado del día que era hasta pasado un buen rato.

Luego han venido estos por aquí, nos hemos largado a Lavapiés y Malasaña y nos hemos reído a carcajadas hasta que hemos subido de nuevo a tu casa. Borrachos y medio hambrientos, nos han dado las seis en la siesta; luego hemos visto a Amanda Knox en Netflix, y me has follado suave con el principio de la resaca.

He puesto la tele, no había partido, y la he apagado antes del telediario. Me he puesto triste un momento, justo antes de irme, quizá porque no venías, quizá porque ya sabía lo que me esperaba.

Había quedado de nuevo a las diez, y he bajado en el metro hacia los bares del siempre, donde quedamos los domingos. No hacía nada de frío. He estado con Tito y Moncho hasta las seis, nos hemos metido unos cuantos gin-tonics, hemos enviado selfies a México y hemos hecho planes para Japón.

No he vuelto a pensar en ello hasta que he llegado a casa.

Luego he abierto El País, aunque me había jurado no volver a hacerlo nunca. Necesitaba saberlo.

He visto que ha ganado Trump, como ya me imaginaba.

Y ya no he podido dormir, vaya puta desgracia.

 

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