Magenta

 

Digo la buganvilia, toco

el frío que despunta entre sus hojas,

miro el botón naciendo de sus ramas

como un pudor de fuego a la intemperie.

Si pudiera pedir, si algo pudiera dárseme,

pediría el aquí y los días de marzo.

 

Hace un año yo estuve en otra puerta,

con los brazos cruzados,

frente a un mar que hoy recuerdo sin recordar su nombre;

caminé por la playa pensando en otras cosas:

tal vez en lo infinito de las almas,

tal vez en el amor que siempre está tan lejos.

Regresé una mañana

a ésta que es mi casa

y de mi buganvilia quedaba un esqueleto

roído por la muerte,

y pensé que ya nunca volverían sus hojas,

su estallido de flores adornando la piedra

de la blanca pared.

Me dispuse a regarla,

con la paciencia dura de un anciano

al que nadie visita,

por ver si más adentro de las peladas ramas

la vida persistía.

 

Hace un año de entonces y hoy florece de nuevo

apenas una llama, un botón que refleja

la fría luz del alba.

Y si alguien me dijera que ya pronto

he de olvidar la casa de mis huesos,

pediría una prórroga,

que me den la tarea de regarla en las tardes

con tal de ver sus flores, otra vez,

reunidas bajo el sol de los días de marzo.

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Ibán de León (Oaxaca, 1980). Licenciado en letras. Ha sido becario del FOECA-Morelos (2004), de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y del PECDA-Oaxaca (2013). Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2014. Es autor de Oscuridad del agua (ISC, 2012).

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