Por Rogelio Garza

El escritor de blanco amaneció frío y vestido de negro el catorce de mayo a los 88 años. Como sus astronautas de Elegidos para la gloria, salió disparado de este mundo dejando una estela de letras brillantes. El último viaje del penúltimo gran periodista/novelista del siglo XX (hoy está solo el de la triste figura, Gay Talese), a quien le debemos la escuela que elevó el oficio del reportero al nivel literario. Su escritura podía ser la más elevada o la más alucinada, pero siempre fina, detallada y realista. Literatura de no ficción. En sus propios términos, era de los elegidos que poseían The Right Stuff para hacer periodismo de largo aliento.

Los nuevos tiempos en los remotos sesenta requerían una nueva narrativa periodística y literaria. Como exploradores, un grupo de periodistas salvajes asumieron el viaje, el what a long strange trip its been, y a punta de roles, investigaciones, entrevistas, notas y teclazos le dieron forma y fondo, llegaron al Nuevo Periodismo. Eran Truman Capote, Tom Wolfe, Norman Mailer, Hunter S. Thompson, Joan Didion y Talese. Wolfe recapituló ese desembarco, hizo una antología y articuló esos principios en el discurso de El Nuevo Periodismo. En esas páginas que nos iniciaron en la universidad se pasean los indicados mientras Wolfe marca su nuevo territorio: construcción escena por escena de los acontecimientos, punto de vista en tercera persona (error escribir en primera), ser objetivos pero también subjetivos, poner especial atención a los detalles y a los diálogos porque son los que dan credibilidad a la historia para lograr su misión, ser realista.

Doce libros de reportajes novelados, crónicas y artículos épicos, impecables y elegantes como sus trajes, corbatas y sombreros, pero con la calle suficiente para dar cuenta de los bajos fondos en el corazón de la contracultura psicodélica, entre los líderes del partido de los Black Panthers o en el auténtico Wild Side de San Francisco y Nueva York. Porque Wolfe decía que el primer paso para hacer periodismo era salir e internarse en la calle. Sus historias lo convirtieron en un viajero incansable, en un investigador obsesivo-compulsivo, en un camaleón para poder escribir cosas como La izquierda exquisita, La palabra pintada o Elegidos para la gloria, que inspiró la película de Philip Kaufman y la canción de Monster Magnet. Pero el reportaje que lo catapultó al estrellato fue Ponche de ácido lisérgico porque se trata, sencillamente, de una obra maestra. Sin probar el ácido si quiera, Wolfe fue capaz de hacernos alucinar. Es un auténtico road trip, la odisea del escritor Ken Kesey, su pandilla de los Alegres Bromistas con Neal Cassady al volante y el Grateful Dead sonorizando la revolución cultural. La Era de Acuario y sus Ángeles del Infierno en 450 páginas salpicadas de ácido, vértigo y locura.

En los sesenta incorporó los recursos literarios al periodismo, en los ochenta  realizó la operación a la inversa. El resultado son cuatro novelas que retratan el universo gringo desde los niveles políticos y socioeconómicos de rascacielo, hasta los sótanos más jodidos y mugrientos del Sueño Americano: Todo un hombre, Yo soy Charlotte Simmons, Miami sangriento y la indiscutible joya ochentera La hoguera de las vanidades, “la novela de Nueva York” que Brian de Palma llevó al cine, sobre la caída del millonario Sherman McCoy por una serie de artículos del periodista Peter Fallow que encienden a la opinión pública y ponen en llamas a los protagonistas.

Odiado y denostado por los izquierdosos debido a sus críticas feroces. Señalado como informante del FBI por meterse hasta la médula de la contracultura sesentera y setentera, particularmente en el caso de La izquierda exquisita, la familia del director Leonard Bernstein no le perdonó el artículo sobre el encuentro que el director organizó en su casa con los líderes del Partido Panteras Negras. Pero sobre todo envidiado por algunos autores como Norman Mailer y John Updike, con quienes sostuvo acaloradas discusiones. Incluso hubo torpes que llegaron al ridículo de negar la existencia del Nuevo Periodismo. Ante eso, Wolfe se mantuvo como el Gran Jefe Pluma Blanca del viejo Nuevo Periodismo. Pero le faltó tiempo y se quedó con las ganas de escribir sobre el narco mexicano. Quién sabe, con lo calientes que están acá las cosas a lo mejor estaría rostizándose en Hawai –como alguna vez lo hizo Hunter S. Thompson en La Maldición de Lono–, cazando alguna historia del Kilauea al rojo vivo.

Foto: David Corio/Redferns

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