Hoy por hoy, hablar de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) es adentrarse en los estudios que impactan directamente en la sociedad. Analistas como Daniel Bell (1976) o Alfonso Pérez-Agote Poveda describen el camino de una sociedad posmoderna bajo su influencia, y anotan la diferencia entre aquellos países que aprendieron las ventajas de concientizar y, por llamarlo de alguna manera, educar a sus ciudadanos para enseñarles que estas tecnologías son, más que una herramienta, la vía a la transformación de todos los ámbitos (educativo, empresarial, gubernamental), ya que se genera un manejo óptimo de información y mejora de la comunicación. Países como Suecia, Estados Unidos y Japón, por nombrar algunos, han entendido que las TICs pueden traducirse en empleabilidad y confianza del individuo que algunos autores definen como la confianza en uno mismo.

Dese cuenta, estimado lector, cómo las TICs también generan una socialización en usted mismo, en conocidos y familiares, que tiene que ver con la influencia de la cultura de los medios. Nos referimos a las redes sociales, que ahora juegan una parte importante en el entorno social; entre las más populares en México están Facebook, Twitter, Liked In, Instagram, YouTube (que se considera espontánea).

A continuación sólo una pequeña muestra del poder que tienen las redes sociales: en 2011 Facebook tenía más de 500 millones de usuarios y más de 200 millones de ellos lo consultaban en sus teléfonos celulares; Twitter tiene lo suyo: ¿sabían que casi todos los tuiteros tienen entre 25 y 34 años de edad (28,4%)?, ¿que el grupo de edad con mayor presencia es el de 35-44 años (26%)?,  ¿que un tuit tiene una vida media de sólo una hora?

Este tipo de datos nos da una idea del poder que tienen las redes sociales y cómo permean en toda su familia. Recuerdo que en una entrevista, Roy Campos definió a las redes sociales como el empoderamiento de la sociedad. Las TICs han fortalecido la comunicación, de manera que cualquier información que se sube a las redes sociales es vista en segundos por cientos, miles o millones de personas en todo el mundo.

Pero también debemos entender que las redes sociales no son bien vistas por toda la gente, hay personas -sobre todo las de edad avanzada- que se oponen al cambio generacional tecnológico,  quieren estar al margen de una evolución que algunos psicólogos definen como quedarse en la zona de confort. A ellas y ellos hay que orientarlos y animarlos, convencerlos de que apretar un teclado no va a destruir el mundo.

Ya lo decía Marc Prensky, creador de videojuegos: hay que aprender a diferenciar entre un nativo y un migrante digital. El nativo es el que nace ya rodeado de los nuevos componentes tecnológicos, tanto de hardware (teclados, monitores, tabletas) como de software (programas instalados en la memoria de su equipo, sea móvil o de escritorio); el migrante deberá adaptarse a estos cambios.

También la educación está bajo el poder de las TICs; afortunadamente, en México, y vale la pena destacar, en el estado de Hidalgo, se está trabajando por lograr la conectividad universal. Este esfuerzo tendrá sus premios a corto plazo, debido a que se genera dentro de las y los jóvenes la visión de la investigación.

Fomentar en el colectivo social el amor por la investigación comienza desde leer, escuchar música, conocer otras culturas, no solamente de su región, también del mundo; esto abre nuevos horizontes y nuevos sueños, aunque los más reacios a evolucionar dirán que son cosas del diablo (si fuera así, una gran parte de la humanidad ya estaría destinada a vivir en el inframundo).

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