Por Mario Castro (@ma__c_o )

En mayo pasado, un video inundó las redes gracias a su mordaz reivindicación de la comunidad afro estadounidense en tiempos de Donald Trump. This is America apareció de la nada para mostrar (y burlarse) de una sociedad que les arresta con lujo de violencia o simplemente asesina, pero que consume su música, sus jugadores, sus bailes, su swag.

Aunque decir que salió de la nada no es del todo cierto. Donald Glover, creador del tema bajo el nombre de Childish Gambino (su alter ego rapero), también es el creador y director de Atlanta, serie lanzada en 2016 por FX.

Esta comedia dramática narra los pasajes cotidianos (irreales por momentos, violentos en otros, siempre con humor seco) de cuatro sujetos: Alfred (Paper Boi), un rapero formado a la vieja guardia que vende y consume drogas de primera calidad cuando no es acusado por algún delito; su primo Earn, padre precoz y homeless circunstancial, desertor de una universidad de élite (léase Princeton), recién ingresa al mundo del management (¿Hipster?); Vanessa, maestra y madre de Lottie, ex–compañera de Earn (¿o no?), y Darius, un negro del otro lado del Atlántico que podría ser lo mismo un gurú que un traficante (pacheco en realidad, aunque es impredecible).

Que este grupo habite en Atlanta no es nada fortuito dada la relevancia de esta metrópoli para los Estados Unidos: se trata del punto de conexión aéreo (ergo comercial) más importante del país y el segundo más grande del mundo (money money money); más del 50% de sus habitantes son negros; enclave durante la Guerra Civil para los pro esclavistas (que sufrieron una gran derrota en esta ciudad) lo mismo que para el Movimiento por los Derechos Civiles.

Sin duda es una mirada desde lo afroamericano, algo que la enriquece profundamente pues se ironiza sin miedo la negritud: los estereotipos, la jerga, el uso sin empacho de la palabra n…ga, la visión antropológica (y antropófaga) con que se les ha observado, el esclavismo cargado de un humor tan sutil y preciso mediante leyendas y emblemas confederados (la frase “Southern Made” de una gorra intervenida, su presencia en una cofradía de blancos, etc.), la apropiación cultural. Se evidencia el racismo, se juega con él todo el tiempo para ser al final certero: “…niggas die, people are forgotten, shit is real” asesta Paper Boi.

En dos temporadas (cada una de 10 episodios), Glover ha transitado una panorámica de la sociedad (afro)americana reciente: lo esencial del social media cuando observamos a los personajes forjarse como marcas (o mero individuo); el vampírico mundo de la música (y el marketing); el cobijo (¿sobrevalorado?) del dinero (necesario) para todos; la moral de las armas (¿por qué es validado disparar a humanos mas no a perros?); el uso corriente de las drogas; la cadena depresión-suicidio tan constante hoy día; la pobreza normalizada del ghetto, se valida salir de él a toda costa, incluso si tienes que ser escort de jugadores NBA; todos esos elementos esparcidos al mundo vía Snapchat, Instagram, en forma de memes, creepypastas,  o bien, como meros códigos de convivencia (y supervivencia) cotidianos.

 

Earn representa lo que implica la vida en el vecindario para una “joven promesa” de la sociedad afroamericana. Es un tipo listo, fue aceptado en Princeton, pero por alguna razón (aún no aclarada) tuvo que desistir; sabe cosas, lo mismo puede escuchar un mixtape de rap emergente de la ciudad, que despertar con una canción de Beach House (¿Beach House es para negros?, se entiende la ironía), él comprende su cultura porque la vive todos los días, no necesita que un señor perteneciente a la “alta sociedad” norteamericana le explique de dónde viene; es un joven negro lleno de cualidades que sigue estando en la quiebra simplemente porque vive en Atlanta y porque no es blanco.

Lo absurdo de la fama y del camino para ascender a ella es una constante dados los oficios de Paper y Earn, aunque lo absurdo no es intrínseco a ella, mas (tal vez) sí lo sea el reconocimiento en la sociedad digital: puedes obtener seguidores gracias a una foto con un artista underground; regañar a tus hijos por jugar con armas pero, inmediatamente después, tomarte una selfie con un rapero que estuvo involucrado en un tiroteo solamente porque piensas que es famoso; incluso puedes ser repartidor de pizza y ganar dinero también como youtuber, “crítico musical”, artista, diseñador de moda… da lo mismo si lo que quieres es hacer varo. Lo absurdo permanece ahí, en lo cotidiano. También lo surreal. ¿Corrección política?, ¿sociedades incluyentes?, ¿qué tal un joven negro de 19 años que decidió ser un hombre blanco, conservador, de 35 años?

Mientras en la primera temporada se mantiene una clave realista en todo momento, la segunda flota en el enigma de lo surreal. Si bien al inicio de la historia ocurrían absurdos, los escenarios y situaciones eran plenamente “normales”, del mundo lúcido, reales (un debate sociocultural en un canal de TV exclusivo para negros, ¿por qué no?); por el contrario, la temporada 2, titulada “Robbin Season”, pertenece al onirismo y a lo surreal pero de cierta forma con un dejo de lucidez.

“Robbin Season”, define Darius, es la temporada previa a la Navidad, llena de robos (robe) pues todos quieren llevar a casa algo que cenar y obsequios. También, podría referirse a hurtos de los sueños, los cuales son llevados a nuestra pantalla gracias al ingenio de Glover y su equipo. No obstante, dentro de estas (ir)realidades también se halla profundidad, tanto en los diálogos como en las escenas, incluso revelaciones filosóficas, místicas o proféticas: “You’re wasting time and the only people who get time are dead” sentencia un habitante del bosque a Paper Boi, quien debe “tomar una decisión” y construir su vida como cualquiera, no sólo una marca.

Las referencias a la cultura pop y digital norteamericana son numerosas (actores, películas, deportistas, comerciales, autos, y un muy largo etc.), lo mismo que aquellas provenientes del mundo del rap, las menciones de mixtapes, artistas underground, MCs sureños, o bien, de la vieja escuela. Las parodias son perversas, graciosas o aterradoras: un Justin Bieber negro, un cadavérico trasunto de Michael Jackson, la creación de una nueva genealogía (¿Drake es mexicano?). Digámosle culta, (aún) no de culto.

Atlanta es irreverente todo el tiempo, ácida, pero con una fineza bastante detallada. La dirección frecuente corre a cargo de Hiro Murai, videógrafo que ha dirigido sencillos de Queen of Stone Age, Chet Faker, Teddybears o Flying Lotus. La imagen puede ir de tonos verdes fríos a cálidos neblinosos, un estilo por momentos Lo Fi (en algunas escenas oscuras se logra apreciar el “grano” (pixel) de la imagen); también, presenta referencias visuales como portadas de discos, pinturas, marcas o carteles de películas. Escenas largas mas no pesadas, trayectos de cámara inquietantes, nitidez o niebla cual visión de drogado, según sea el caso.

Quizás se trate de un imprescindible de la televisión actual, una visión profunda de la sociedad del Norte, un mundo perversamente absurdo, incoherente: This is America.

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