Por Eduardo Medina

Para celebrar su 50 cumpleaños, un día antes del 93 cumpleaños de Malcolm X, The Last Poets, conformados por Omar Ben Hassan, Abiodun Oyewole y el percusionista Baba Donn Babatunde, han regresado, después de 21 años de ausencia con un nuevo álbum: Understand What Black Is.

El disco está compuesto por 10 canciones, y está producido por Ben Lamdin de Nostalgia 77. En el punto más álgido de la América de Trump; a la luz de un nuevo y reconfigurado Movimiento por los Derechos Civiles, estos viejos sabios han entregado una verdadera clase de historia, de filosofía; el mayor suceso musical de este año.

Sus 10 tracks, tocados por la gracia de un reggae suavecito, de un funk cósmico, nos llevan al corazón de la Madre Negra, de la vida: “Understand what black is: the source form wich all things come… It’s not a color, is the basis of all colors, is not incompletion, it is the reflection of all completion of human. And out of this blackness… passion flows like a river…”, reza Oyewole, el poeta.

De acuerdo a las propias palabras del grupo, en entrevista con Rolling Stone, la inspiración de revivir el proyecto Last Poets vino con la insurgencia del discurso de odio de Donald Trump. El 20 de enero de 2017, mientras unas 600,000 personas celebraban la toma de protesta del rubio de bote, Omar Ben Hassan y Abiodun Oyewole se concentraban en el nuevo disco, el onceavo bajo el título de los Últimos Poetas, pero el cuarto con esa misma alineación.

“A medida que nos hicimos viejos entendimos algo: no hay colores, no hay blanco, negro, amarillo, café; o heterosexual, gay, transgénero. Hay humanidad, todos somos una misma y sola humanidad. Y si lo piensas: solo hay tres cosas fundamentales que deseamos: ser amados, ser reconocidos y ser respetados”, dice Oyewole para la revista:

“En los setentas vivíamos tiempos muy enojados, ese era el contexto, pero hoy, tantos años después, las cosas han cambiado… queremos ver hacia adentro, no tanto hacia afuera sino hacia adentro de nosotros mismos. ¿Qué sabemos realmente del mundo, de nuestro interior? ¿Qué sabemos de Estados Unidos? Sólo que vemos en la tele, en el noticiero… Esa pasión por resolver esas preguntas, y por crear un contrapunto al discurso social de hoy día fue lo que impulsó nuestra pasión para crear el disco”.

Pero no se subestime al autor de “When the revolution comes”, en Understand What Black Is hay también una importante carga de verdad política, esa verdad que tiene color rojo: tracks como “How many bullets” y “Rain of terror” meten el dedo bien dentro de la herida, y espetan algo tan brutal como “America is a terrorist, and no one wants to admit it: pointing the fingers at others… this country is derranged”.

La otra cara del disco es una carta de amor a Prince, a Biggie, y una travesía por las propias zonas oscuras de los dos autores.

A través del flujo colorido del álbum, al lado de él, fluye el rojo de la historia reciente y no tan reciente de los Estados Unidos. Fluyen prejuicios, verdades y “ciertas imágenes” que habrán de resonar fuerte en quien los escuche.

Los poemas que hay en este disco son balas. Las palabras de estos dos poetas son balas. Las percusiones de Babatunde son balas, pero no de las que desgarran la carne, sino de las que iluminan el espíritu, más fuertes aún que las de plomo. Será tarea del escucha desentrañar todos los sentidos y mensajes de Understand What Black Is, baste por ahora un recorrido por la historia del grupo. Shalam.

***

El cuatro de abril de 1968, alrededor de las seis de la tarde, desde una habitación ubicada frente al Lorraine’s Motel, un rifle Remington 760 disparó una sola bala calibre 30-60 que impactó a Martin Luther King en el rostro. Entró por su mejilla derecha, y antes de incrustarse en su hombro, le partió las vértebras del cuello, la yugular y le deshizo el nudo de su corbata. El hombre se encontraba en su habitación 306, asomado por el balcón. Cayó inconsciente, y fue declarado muerto horas después en el St. Joseph’s Hospital.

Para entonces, el Movimiento de los Derechos Civiles tenía décadas de haberse desarrollado, y estaba por entrar a su etapa más oscura; tres años antes, el 21 de febrero de 1965, Malcolm X fue asesinado: le dispararon con una escopeta de cañón recortado justo en el pecho. Seis meses después se desataron los disturbios en Watts, en Los Ángeles, y dos años después, en 1967, se extendieron hasta Cincinnati, Cleveland, Washington, y al menos otra centena de ciudades.

Alrededor de esos años, Jalal Mansur Nuriddin, un paracaidista desertor del ejército estadounidense, enfrentaba una condena en prisión por negarse a servir en la guerra de Vietnam; dentro de la cárcel tuvo una experiencia muy parecida a la del ídolo: una luz se le presentó en su celda, la luz del Islam.

Su conversión lo llevó a aprender las escrituras con fervor y a volcar su palabra sobre los demás internos. Entre todos ellos, dos escucharon el mensaje: Omar Ben Hassan y Abiodun Oyewole. Poco antes de que King fuera asesinado, estos tres personajes salieron de prisión y regresaron a los ghettos de Harlem, Nueva York, de donde habían salido. Pero el ambiente era harto distinto, el “Black Power” pasó de ser un slogan político, a un juramento…

En los talleres poéticos que proliferaban en el ghetto, que tenían una fuerte presencia de los Black Panthers, y de la Student Nonviolent Coordinating Committee (SNCC) se gestaba una revolución negra, cultural y espiritual, que tenía a la palabra y a la música como principal arma. De uno de estos talleres, aunque en los Ángeles, salió un grupo de profetas: los Watts Prophets, que en 1971 publicaron su más violento manifiesto poético-performático: Rappin’ Black in a White World.

Unos años antes, en Harlem, con poemas ya bien trabajados con los camaradas: Nuriddin, Hassan y Oyewole, fundaron el colectivo poético Last Poets. Lo hicieron reunidos en el parque ahora conocido como Marcus Garbey Park, que está entre las calles 120 y 124 de Harlem, Manhattan, ciudad de Nueva York. Lo hicieron un 18 de mayo de 1969, un día antes de las celebraciones por el cumpleaños de Malcolm X.

El nombre, Last Poets, lo tomaron de un famoso poeta sudafricano, Willie Kgositsile, que aseguraba formar parte de la última camada de verdaderos poetas del mundo, la que antecedería a la era de las armas.

“Cuando el instante nazca en el útero del tiempo, no habrá charlas sobre arte… El único poema que escucharás será el punto de la lanza perforando la médula del villano… Por lo tanto, somos los últimos poetas del mundo”, escribe Kgositsile en su poema.

Muy parecido a lo que escribiría Oyewole en el primer y mítico álbum homónimo de The Last Poets: “Cuando venga la revolución, los rifles y las pistolas tomarán el lugar de los ensayos y los poemas… Cuando venga la revolución, la muerte blanca inundará las paredes de los museos y las iglesias, romperá todas las mentiras que esclavizaron a nuestras madres, a nuestras abuelas… Cuando venga la revolución… la sangre ahogará en las calles de Harlem todo lo que sea materia”.

Estas palabras impactaron a tal grado a Alan Douglas (productor de Jimmy Hendrix) que se llevó al cuarteto conformado por Oyewole, Nuriddin, Hassan y el percusionista Nilaja Obabi, al estudio, y bajo su sello, Douglas Records, publicó The Last Poets (1970), el primer material discográfico del cuarteto. Créanlo o no, el disco fue un jodido éxito y alcanzó el top 10 de las listas en Estados Unidos.

La beligerancia del grupo, que los tenía activos en operaciones de sabotaje al Ku Klux Klan y otras agrupaciones supremacistas, orquestadas por la SNCC, los metió en predicamentos antes de que pudieran montar un tour: a Oyewole lo encontraron culpable del delito de robo y le metieron una condena de 12 años de cárcel. Aunque sólo sirvió cuatro años, Oyewole, el poeta, no pudo aparecer en los materiales siguientes de los Poets.

Al primer álbum homónimo, del que se desprenden cortes clásicos como “Niggers are scared of revolution”, “Wake up, niggers”, “When the revolution comes”, le siguió el que quizá sea su pieza mejor lograda, la más peligrosa y violenta: This is Madness (1971) que contó con Nuriddin y Hassan en los poemas y con Obabi en la percusión.

La estructura musical de los Last Poets era muy básica, un ritmo sobre el tambor y sobre el tambor los cantos, las palabras… sin saberlo, este grupo se conformó como uno de los antecedentes más importantes de la otra revolución por venir: el hip hop. De hecho, la primera vez que se escuchó la palabra hip hop (hasta donde han dado las pesquisas de quien esto escribe) fue en su tercer material Chastisment (1973) en el corte: “Black Soldier”.

Pero hablábamos de This is Madness: sus furiosas letras en tracks como “White man has a god complex”, o “True blues”, alarmaron a la administración de Richard Nixon: en coordinación con el FBI, bajo el mando del infame Edgar J. Hoover, enlistaron a este disco en su programa COINTELPRO (Counter Inteligence Program) que se dedicaba a vigilar, infiltrar y desarticular organizaciones que consideraba peligrosas, entre todas ellas, el Partido de los Panteras Negras, grupos Feministas, y desde luego los talleres literarios de negros, mexicanos, cubanos y puertorriqueños.

Sin embargo, This is Madness está considerada como la verdadera pieza maestra de los Last Poets, y fue reeditada en 1984 por la Celluloid Records.

Tras el encarcelamiento de Oyewole y la partida del percusionista Obabi, para el tercer material, un nuevo miembro entró al grupo: Suliaman El Hadi (que murió en 1995). Chastisment, en este sentido, marca un rumbo nuevo para los Últimos Poetas: integran a su música ritmos del funk, y el jazz. Y comienzan a llamar a su estilo simplemente: jazzoetry, o el jazz vuelto palabras.

Nuriddin y El Hadi serían curiosamente los más activos del grupo, presentes en casi el resto de la discografía, formada por: At Last (1974), Delights of the Garden (1977) el más funkero y delicioso de todos, escúchese “The pill”; Oh, my People (1984), Freedom Express (1988), Retro Fit (1992) que inaugura las colaboraciones con Bill Laswell, ya con un acercamiento muy entendido del hip hop; y Scaterrap/Home de 1994.

Esta división interna en The Last Poets los llevó a una enfurecida contienda por los derechos del nombre: Nuriddin y El Hadi reclamaron que ellos tenían el derecho histórico y exclusivo del nombre The Last Poets. En presentaciones, este par se presentaba como tal, mientras que Hassan y Oyewole se presentaban como: Formerly Last Poets.

El pleito duró décadas, e incluso se sabe que, durante una presentación en París en 1990, Nuriddin se presentó a un concierto de Hassan e intentó apuñalarlo. Finalmente, después de varios intentos de reconciliación, el nombre formal de los Last Poets quedó para el dúo Hassan-Oyewole. El Hadi como dijimos, murió en 1995, y después de Scaterrap-Home, Nuriddin y El Hadi detuvieron su producción musical.

Dos materiales de estos dos subgrupos de los Last Poets destacan: el proyecto en solo de Nuriddin, Hustler’s Convention (1973), que es una gema del Blaxploitation. El disco narra la historia de dos irredentos hustlers: Sport y Spoon, en su búsqueda por el ascenso social y material. Este elemento narrativo, y todo su imaginario, ayudó en buena medida a la creación del gansta rap y de proyectos como el de Biggie.

Y Be bop or be dead (1993) que amalgama las palabras de Oyewole y Hassan con el más puro Be Bop de los cuarentas: este disco salió el mismo año en que Guru lanzó su primer volumen del Jazzmatazz, y el mismo en que los Digable Planets debutaron con Reachin’ (A New Refutation of Time and Space). Esta triada conforma el fabuloso antecedente de la mezcla del jazz y el hip hop.

La producción oficial de los Last Poets (Oyewole y Hassan) se detuvo en 1997, con el fabuloso Time Has Come, el más complejo a nivel musical en toda su carrera. Este material ya trae beats, una producción en capas, scratchs y todos los elementos con los que entendemos un álbum de hip hop. Es de hecho un imperdible de la Golden era. De él se desprenden cortes fabulosos como “King of Pain”, “Time Has Come” y “Silence of the Jams”.

Después de 21 años, este par de poetas ha regresado con un nuevo material, justo el 18 de mayo de 2018, en una alineación numérica e histórica: su 50 aniversario, en el 93 cumpleaños de Malcolm X.

Comentarios

Comentarios