Nueva edición de La prueba, novela de César Aira

Son muy destacados los casos de escritores que dada la vastedad y variedad de su obra se convierten en toda una literatura en sí mismos. No mencionemos otros nombres, sino mejor nos concentramos en que el argentino César Aira es uno de esos casos. Se trata de una máquina imparable de escribir (nacida en 1949), lo que redunda en una gran cantidad de libros de su autoría (¡se dice que más de 100!) que van esparciendo desde grandes consorcios editoriales, proyectos independientes e incluso iniciativas cartoneras. ¡Y eso que cuenta que escribe lentamente!

Nacido en un sitio de nombre tan peculiar como Coronel Pringles (a las afueras de Buenos Aires) se ha convertido en una figura de culto que aparece anualmente en la lista de posibles candidatos al Nobel. Aira, con su aparente imagen de persona tan normal, termina por ser considerado entre el grupo de artistas excéntricos y un escritor capaz de abordar muchísimos temas, que van del mundo del arte, sucesos extraordinarios y acontecimientos que parten del bonaerense barrio de Flores, que aparece en varias de sus historias –y esta no es la excepción-.

Todo comienza durante una caminata que va del barrio a la Avenida Rivadavia, que una adolescente llamada Marcia emprende despreocupadamente. El paseo es interrumpido de golpe por una voz que le dice: “¿Querés coger”? De entrada, la chica regordeta se sorprende y todavía más cuando se da cuenta de que la proposición proviene de una chica punk que viene acompañada por una colega. Mao y Lenin se dan a la tarea de atraer rápidamente a Marcia, quien resulta todo que menos que ingenua y sacará a las primeras de cambio una gran lógica y cultura.

La novela breve, que ahora pone en circulación Ediciones Era en una versión de bolsillo muy económica, transcurre con las tres chicas conversando en una cafetería fresa y siendo acosadas por las supervisoras que quieren correrlas. Con un cameo de The cure y las tensiones de una sociedad muy clasista, Marcia intenta saber un poco más de la ideología de ese par de punketas que niegan toda clase de nihilismo y sólo ellas entienden una revolución a través del amor que terminará en un capítulo violento.

Escrita a finales de los ochenta y publicada al comienzo de la década del grunge no se trata de una novela lastrada por su momento histórico, por más que durante el gobierno de Saúl Menem existieran asaltos a los supermercados. Esta historia conserva total actualidad e incluso fue llevada al cine varios años después (convertida en Tan de repente (2002), dirigida por Diego Lerman). Las conversaciones entre las tres jóvenes podrían escucharse en cualquier antrillo latinoamericano del presente.

Marcia representa la razón y las otras dos al fanatismo juvenil. ¿Hasta dónde era mero romanticismo o de verdad se atreverían a la acción? Aira decide que se conocen en el sitio preciso del día preciso. La novela se sustenta en “La prueba” que pueden dar a una recién llegada de los alcances de una postura que desprecia lo teórico.

Es muy interesante que aún antes de que la vorágine se desaté de alguna manera ya se tendía un vínculo menos superficial entre las protagonistas: “En ella había un descubrimiento latente, que para Marcia se hizo real en ese momento: lo novelesco. Y había una profunda identidad con Mao, también; se revelaban como las dos caras de un mismo asunto. La belleza y lo distinto estallaban en la noche, y la transformación que producían no era, como las anteriores que había creído percibir (ésta las cambiaba de naturaleza), la vuelta de página a una nueva versión del mundo, sino la transformación del mundo en mundo”.

El acelere viene cuando en una parte, que inevitablemente nos hace pensar en The Clash y “Lost in the supermarket”, Mao y Lenin emprenden la vertiginosa y violenta toma de un almacén con toda la clientela dentro. El objetivo es robar el dinero de las cajas, pero en el entretanto utilizan los carritos y las botellas de champaña para llevar a cabo un espectáculo explosivo e incendiario. Nada de contemplaciones, aunque la vida de algún comprador hostil vaya de por medio. No hay tiempo para pensar, tan sólo se actúa. Lo que parece un juego es toda una revancha en contra de la maquinaria capitalista.

César Aira se acercó al punk con gran solvencia; Mao y Lenin niegan el nihilismo al tiempo que van más allá: el anarquismo práctico para mostrar las posibilidades del amor. Su figura está más cerca de Marcia, entre tímida y muy inteligente. Al principio se muestra reticente, pero, ¿quién puede resistirse ante tan tremendo acto de seducción? Al final comprendemos lo que señala una vieja canción: “En el caos no hay error”.

La Prueba (Editorial Era)

 

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