Por: Ulises Chávez

Antes que nada, quiero aclarar que no fui yo quien acuñó el concepto de infección. Fue la Señora.. vestida de noche y de día, me explicaba que la infección es todo aquello que nos pone; que nos pone y no tiene por qué ser una convención social que lo defina. Infectos son los yonkis de Madrid que van por la calle pidiendo un euro, infectos son los mormones que van a pie pregonando la palabra de su Señor, infectos son los cocineros que viven para cocinar y dar de comer, infectos son los niños que sólo quieren golosinas y caricaturas, infectos somos los adultos que entre la vida de Godín buscamos liberar nuestro “fuuaaa” un fin de semana, infectos son los que tienen deudas con Coppel por el teléfono y las chacharitas de sus sueños, infecto es el DJ que goza la tornamesa, infecto es el poli que pide mordida y que sonríe cuando ve delito sobornable, infectos los políticos que viven en otra realidad social, infecto el maestro que no da clases, el arqueólogo que disfruta marcando tepalcates, infectas las madres, infectos los padres, infectos todas y todos.

La infección es un tipo de ética, distingue opuestos como lo bueno y lo malo, es maestro y víctima de su destino. Uno elige si visitar la fábrica de chocolate de Willy Wonka o la casa de la bruja de Hansel y Gretel. La Infección no se crea ni se destruye, sólo se transforma. La infección es lo más parecido al Bosón de Higs. La Infección son las cuerdas con que se tejen las relaciones infinitas entre todo lo que ha existido, existe, y existirá.

Infectar es cruzar ese hoyo de gusano que nos separa del hoy y el ahora, de todos los tiempos, de todas las cosas. Es el Alpha y el Omega, son Quetzalcoatl y Tezcatlipoca; es lo que obtienes si sumas tiempo y espacio. Antes que éste y todos los Universos nacieran, la infección ya estaba ahí. Era el caldo primigenio, es la leche materna, el sexo asqueroso, los defectos y las virtudes. Es como la gravedad, como la materia y la antimateria. Infectar es un sueño; es el instante. La nada y el todo.

La infección como concepto posmoderno, válido para los sectores hedonistas de todas las sociedades, en todos los tiempos, ha sido una especie de logro para esta sociedad global del presente; por eso es importante delinear que debe explicarse en su función, como un concepto que rige todos los aspectos fisiológicos de todo ser vivo, y por tanto de todo sistema natural y cultural. Así, y sin decirles por ahora en concreto qué es lo que exactamente significa, es importante explicar que la infección también es verbo y sustantivo, por lo que todo y todos infectan, y que de hecho, el proceso de entropía que rige a todo organismo vivo, se debe en buena parte a su naturaleza infecta.

La Biblia, por su génesis mítico y pagano repetida una y otra y otra vez a lo largo de la historia del catolicismo; fue mal escrita, y por ende, siempre mal interpretada. Dios primero se originó en la infección, y ya infecto, el Señor hizo la luz de la oscuridad y creó el mundo y todo lo que en él existe. Luego creó al hombre, para que así su obra pudiera contemplar la infección y acercarse a ella desde todos sus sentidos: ventanas de la realidad experimentada. La infección yace detrás de toda felicidad, y toda tristeza, de todo aspecto existencial y metafísico de todas las cosas.

 

 

 

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Fotografía: David Lachapelle© – Jesus is my Homeboy

Tomada de: http://www.enkil.org/2011/02/10/david-lachapelle-arte-glamour-y-seduccion/

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