Por Aldo Mejía

Hasta hace unos días, nunca había visto El Resplandor (1980). Me resistía a ver la adaptación al cine que hizo Stanley Kubrick de la novela de Stephen King porque el escritor la describió como “un hermoso Cadillac carente de motor”. Aun así, con el paso de las lecturas, he aprendido que la opinión de King sobre los trabajos cinematográficos que se han hecho a partir de sus novelas y cuentos tampoco es una garantía de calidad puesto que ha lanzado comentarios igualmente positivos para cintas desastrosas.

Sin embargo, el próximo año ha de estrenarse en cines la adaptación de Doctor Sueño, la continuación de la historia de Danny Torrance ya convertido en adulto. Es por ello, y aprovechando que una cadena de cines la incluyó en su ciclo de clásicos de terror, que entré a una sala de cine -como debiera de verse cualquier trabajo de Kubrick- para cumplir con la cita ineludible.

 

Voy a darle la razón a King desde este momento. Visualmente, la película es impecable. Desde la impresionante reconstrucción del hotel Overlook, pasando por las tomas que le hacen justicia a los sets y las secuencias en las que hace gala de la experiencia adquirida en sus diez trabajos previos. Por supuesto que la interpretación de Jack Nicholson como Johnny Torrance y su progresiva pérdida de la razón, es grandiosa.

 

Pero cualquiera que haya sostenido un libro escrito por Stephen sabrá que su imaginario no se reduce al goce estético y que la primicia desde la que arrancan sus historias es detonante para hablar y criticar temas que conciernen a su contexto histórico -el racismo, la homofobia, la familia, etcétera. El Resplandor es una carta de amor para las históricas construcciones que hay en Estados Unidos al tiempo que convierte al hotel en el antagonista del resplandor.

El hotel es una entidad con habilidades psíquicas que doblega la voluntad de sus víctimas provocándoles visiones de los horrores pasados: uno de los cuidadores pasados enloqueció lo suficiente para descuartizar a su familia y luego suicidarse, por ejemplo. A Jack Torrance, escritor de profesión, le llega mediante el alcohol. El resplandor es una habilidad igualmente psíquica que permite la premonición y la comunicación telepática. La disputa es entre el hotel y el resplandor mismos que rivalizan a través del padre y el hijo.

Esos elementos quedan suprimidos en el guion de Kubrick y todo queda reducido a un hombre que deviene en la demencia a causa del aislamiento y en la segunda mitad de la película más no vuelve a aparecer el resplandor. La resolución de Kubrick es por demás perezosa y presurosa.

No encuentro motivo para que el guion de Kubrick flaquee de tal manera cuando todos sus trabajos tienen como base novelas de la talla de Lolita de Nabokov; esa adaptación ostenta un 100% de calificación en Rotten Tomatoes contra 63% de El Resplandor y 60% de La naranja mecánica, las dos peores calificaciones de su filmografía en dicha plataforma.

De cara a la adaptación de la secuela que será dirigida por Mike Flanagan, no puedo sino preguntarme desde qué punto va a partir Doctor Sueño. Si lo hace desde donde dejó la historia Kubrick tendría que resolver algunas partes o justificarlas: volver a conectar con el resplandor. Si lo hace desde el libro tendría que repetir la fórmula utilizada al dirigir El Juego de Gerald (2018) para Netflix pues en ella se apegó al libro y le imprimió su estilo de manera formidable.

En la sala en la que vi la película no había más de diez personas y a nadie pude preguntar si había ido sin antes haber leído la novela y qué les había parecido sin ese conocimiento previo. Una de las adolescentes atrás mío dijo sin reparo que se había quedado dormida en algún momento. Ni siquiera esta cinta merecía tal afrenta.

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