Creo que en Latinoamérica hay una secta dedicada a realizar las peores traducciones de los títulos de las películas al español. Los he visto arruinar, con escasas palabras, diversas cintas debido a que revelan, con una frase sencilla, el desenlace de sus tramas. En el caso de las comedias y el humor negro, son numerosas los buenos filmes que han padecido nombres como ¿Y en dónde está el asesino?, relegándolas a un segundo plano que discrepa con el criterio de los buenos espectadores.

Algo así sucedió con Te amaré eternamente, la nueva cinta de Giuseppe Tornatore cuyo título original es La Corrispondenza. Cuando vi su nombre en cartelera, creí que iba a toparme con un drama meloso, cursi y con un romance emperifollado. Al entrar a la sala, me percaté de que la cinta era… bueno, un drama meloso, cursi y con un romance emperifollado. Aunque ese no es el punto del asunto. En realidad,  la película posee más atributos de los que esperaba.

Debo anticipar con soy un detractor de las cintas románticas. Con escasas excepciones, suelo evitar este tipo de historias. Aun así, creo que Tornatore ha filmado grandes obras que van desde sus clásicos italianos como Cinema Paradiso y Malena, hasta piezas de producción hollywoodense, como The Legend of 1900 y The Best Offer. Por lo mismo, quise apostar a la posibilidad de que Te amaré eternamente entraría dentro de esta categoría.

La película nos narra la historia de Amy Ryan (Olga Kurylenko), joven estudiante de astrofísica que trabaja como doble de acción, y su relación con Ed Phoerum (Jeremy Irons), un hombre mayor e importante tratadista de la materia que se ausenta unos días con el fin de impartir una conferencia. Desde el inicio de la cinta, el idilio entre Amy y Ed resulta demasiado empalagoso, incluso artificial.  La ventaja es que, cuando una trama nos presenta una relación amorosa tan perfecta, sabemos que, en los próximos minutos, algo deberá cambiar. Te amaré eternamente no es la excepción a esta regla.

Ahora bien, sería difícil hablar sobre este “giro” o peripecia sin revelar (y por lo mismo arruinar) la parte más interesante de la película. Por lo mismo, me abstendré de comentar al respecto y me limitaré a decir que la relación entre ambos astrofísicos cambia de manera radical, de modo que se ven forzados a continuar su idilio a través de una prolífica correspondencia (¡Alas!, aquí la razón del original y atinado título de este filme). Debo decir, de igual manera, que la relación entre Amy y Ed no dejará de ser empalagosa y por lo mismo, fastidiosa. Aun así, me sorprendió la agilidad guionística de Tornatore para llevar este amorío hasta las últimas consecuencias, manteniendo una tensión dramática que oscila entre la tragedia y el misterio. De ese modo, Te amaré eternamente no se agota en el clásico embrollo amoroso que puede verse en casi todos los dramas de esa índole, sino que juega con diversos elementos que pueden entretener a ese espectador, foráneo en el terreno de lo romántico.

Parte de ese interés al que hago referencia se debe a las grandes actuaciones de sus dos únicos protagonistas. El personaje de Amy Ryan resulta, en sí, bastante seductor. No responde, como puede pensarse, a ese “trágico suceso de su pasado” (así lo refieren en varias sinopsis de la cinta) que resulta, más bien, forzado dentro de una trama que ya resulta intrigante. Creo que su atractivo radica en el hecho de que, al igual que Ed Phoerum, su discurso versa en el espacio de la astrofísica, situación que imbuye de fuerza y particularidad al vínculo que existe entre ambos. Debo admitir, por ello, que tenía esperanzas de que la película contuviera un mensaje mucho más peculiar, vinculado con alguna de las teorías a las que se hace mención. Aun así, creo que hubiera tropezado con el tono realista de los filmes de Tornatore. Digo “realista” con cautela puesto que Te amaré eternamente, al igual que otras obras suyas como The Legend of 1900 o The Best Offer, se basan en supuestos bastante descabellados para creérnoslos por completo.

En resumen, La correspondencia (como en verdad debería llamarse), es una buena cinta para quienes gustan del género romántico. De igual manera, resultará entretenida para los que rehúyan esta clase de historias. Quién sabe. Tal vez alguno que otro Don Juan de clóset aprenda más de una técnica para sorprender a su pareja.

8 notas en negro (que deberían ser siete; pero no pude evitar ponerme romántico).

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