Siempre es bueno hacer una pausa para reencontrarse. En este caso para reencontrarse con lugares. Pachuca tiene muchos sitios buenos para comer, pero toma su tiempo regresar a los conocidos y conocer los nuevos. Cuando digo conocer me refiero  a haber ido varias veces y a haber probado buena parte de su carta. Ir a un lugar sólo una vez y escribir sobre él no es algo que en lo particular vea bien. Por eso decidí tomarme un tiempo, para volver a conocer nuevos sitios de los cuales hablar.

El lugar del que les voy a platicar es un sitio al que dejé de ir por mucho tiempo. En el ajetreo que dan las ganas de andar buscando lugares nuevos uno se olvida de esos buenos lugares que ya conoce.

No hace mucho me quitaron una placa por estacionarme más tiempo del permitido en una de nuestras ahora tan queridas zonas de parquímetros. Pocos días después tuve que ir a recuperar mi placa al módulo de infracciones que se encuentra en la colonia Periodistas, a un lado del estadio Revolución. Cuando salí del módulo rodeé el estadio y fue cuando me reencontré después de mucho tiempo con los tacos Jairito.

El lugar es todo un clásico pachuqueño, tiene alrededor de catorce años en la zona. Primero estaba del lado de la calle Jaime Nunó, hace unos siete años, y cuando fue la remodelación del estadio Revolución fueron reubicados en la calle Unidad Tres, es decir, exactamente del otro lado, lo único que hay que hacer es rodear el estadio.

Es un lugar con una carpa grande color rojo que pega con la pared del estadio. Todas las mesas son largas y comunales, algo no muy común en Pachuca. No sé si sólo sea mi percepción, pero creo que en Pachuca estamos muy acostumbrados a tener nuestra mesa, como que somos muy celosos con nuestro espacio a la hora de comer. No digo que esté mal, son costumbres. El sistema es el siguiente: la gente se forma en la vitrina en donde están los guisados y así a uno por uno le van sirviendo. Para saber lo que hay ese día (porque aunque hay guisados que se encuentran siempre y hay otros que cambian dependiendo del día de la semana) hay un cartel que indica lo que se preparó y mientras uno está formado va pensando o, mejor dicho, va antojándose qué pedir. Cuando te dan tus tacos te asignan un número (si van varias personas y la cuenta va junta es un mismo número para todas), en este número irán apuntando todo lo que se va pidiendo, cada que se pida alguna otra cosa, habrá que dar el número para que ellos lo pongan en la cuenta. No es una mala idea, por cierto. Ya con el plato de tacos en la mano, lo que sigue es buscar lugar en alguna de las mesas. Normalmente hay gente pero como el sistema es ágil y la gente come rápido y se va, en realidad no hay mucho problema para conseguir lugar.

Por día hacen alrededor de doce guisados, más sopes y quesadillas. De beber uno puede encontrar café de olla, jugo de naranja y varios sabores de refrescos. Es bueno empezar por un taco de milanesa, el taco seco que se puede acompañar ya sea con la salsa verde cruda o la salsa roja de chiles secos que ponen en la mesa. Si este picante no es suficiente, también hay unas rajas para los valientes. Después, un taco de mole verde con arroz, que no se olvide el arroz, un buen amigo mío dice que el mole y el arroz es una de esas parejas perfectas e inseparables en la cocina mexicana y yo estoy de acuerdo con él. Otros que no se deben dejar pasar son dos guisados de carne de puerco: la carne de puerco con verdolagas y la carne de puerco con nopales. Aunque los dos son en salsa verde, es de llamar la atención lo diferentes sabores que son y cómo dos plantas distintas pueden lograr eso. Un buen juego es pedir los dos juntos y probar uno después del otro para sentir la diferencia.

En general los guisados no pican, así que los que no comen mucho picante pueden comer con confianza, dentro de los guisados que no pican nada pero que tienen muy buen sabor está el entomatado de res y en el otro extremo, en el que pica, tal vez sea el de chicharrón con nopales en salsa verde. Otros guisados que se pueden encontrar es el huevo en chile pasilla, tortas de pollo en salsa verde, albóndigas al chipotle o mole rojo con pollo.

Ahora, la visita no estaría completa sin un buen sopecito. En otra vitrina está el área de sopes y quesadillas. Ahí preparan quesadillas de queso, de huitlacoche, de chicharrón prensado o de champiñones pero mis favoritos son los sopes. Ya sea un sope de carnitas (o tierritas como también se les conoce) o de pollo valen mucho la pena. El sope, como debe de ser, se hace en el momento. Se toma la masa, se le da forma y se pone al comal. Une vez hecho el sope se le unta una buena cantidad de frijoles refritos, se le pone salsa verde cruda y lo que uno haya pedido, pollo o carnitas. Al final mucho queso rallado y a la mesa.

Mientras uno come sucede también una cosa maravillosa: ver trabajar a Jairito. Un muchacho al que van a reconocer enseguida y que le da mucha alegría al lugar. De repente uno lo ve muy dedicado haciendo el jugo de naranja y a los pocos minutos está recogiendo y limpiando mesas con gran ímpetu. Siempre activo y platicando. Hay mucho que aprender de él, todo un ejemplo de vida.

[AFG_gallery id=’4′]

 

Comentarios

Comentarios