“Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”, dice un viejo y conocido refrán que suelo citar con más frecuencia de la que deseara. Otro refrán, igual de certero, es aquel que reza: “la miel no se hizo para el hocico del burro”. Ambas frases contienen toda la filosofía, los tratados de teología y la constitución política que rige a la friendzone. Estar en la friendzone es lo más parecido a ser el embajador de la república popular de las malas decisiones en Madagascar. Porque, aunque no lo deseáramos, quienes hemos habitado la friendzone, sabemos que el WI-FI lo provee Axtel, y que tenemos tres características que nos hacen coincidir en ese espacio del limbo: somos ingenuos, necios y pendejos.

Pienso en ello, porque ahora que la primavera ha llegado —en temporalidad que no en clima— y que las vacaciones de Semana Santa se avecinan, no podemos escondernos. La soltería es algo que no se lleva bien con los días de asueto, a no ser que uno desee ponerse a limpiar su casa o tejer chalecos y bufandas para la familia. Aunque también está la posibilidad de la inmolación etílica, pero entrar en esa carrera de destrucción puede conducir a la ruina moral y monetaria, y por más que digamos que eso no importa, la cierto es que siempre estamos habidos de un poco de afecto.

El tiempo suele correr demasiado rápido, tanto que uno no percibe que los días se van pero sus horas se quedan en nuestros cuerpos. Julián Herbert escribió en su Facebook que “tenían razón los viejos de mi juventud: uno se vuelve sabio con la edad. Lo triste es que la mayoría nos volvemos sabios de puras pendejadas”. A mí me está pasando exactamente lo mismo. Las únicas certezas que tengo ahora son mi insomnio y el saber que moriré en algún momento.

Slavoj Zizek declaró no hace mucho lo siguiente: “¿Conoce usted algún diálogo filosófico que haya funcionado? ¿Los de Platón? Qué va, ahí, sobre todo en los diálogos sofistas de la última época, hay un tipo que habla todo el rato mientras el interlocutor se limita a decir “oh, sí, por Zeus, cuánta razón tienes”. En ocasiones pienso que todo el tiempo somos ese tipo que habla todo el tiempo y que las respuestas de los demás son boletos de avión a ninguna parte.

Precisamente ahora, mientras escribo esto, un mar de mensajes se están transcurriendo en el time line de las redes sociales que tengo. Mensajes intermitentes de cosas que son importantes para alguien, pero no lo son tanto para mí. También en esos ríos de palabras é imágenes, estoy esperando que entre un mensaje de la presidenta de la hermana república de la friendzone. Pero de nuevo, regreso a la cinta de Moebius donde soy un stand up comedy y tengo a Dios delante de mí, cagándose de la risa de cómo observo la pantalla de mi teléfono móvil. Aunque claro, detrás de él, con una cesta repleta de jitomates, también están todas esas personas a las que les he contado esta perorata y a las cuales, como a mí, les da ya mucha flojera todo esto.

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