Ser hippie es demasiado complicado. O al menos esa es la impresión que tengo de todas las mujeres y los hombres que conozco y que han decidido alejarse de los bienes materiales para confinarse en una playa sin telecomunicaciones y con los aparatos electrodomésticos estrictamente necesarios para vivir. Sueños utópicos que llevan a mujeres a dejarse crecer el cabello y todas las representaciones de pelo en sus cuerpos. Hombres que bajo el rayo del sol se buscan la vida con atardeceres hermosísimos y drogas de diseño.

No, en definitiva no podría ser hippie. O no esa clase de hippie que ahora prolifera entre los de mi generación. Escribo esto sin ánimo beligerante, lo digo desde la humilde experiencia de no poder permanecer mucho tiempo bajo el rayo del sol por motivos de alergia. Lo digo porque no sé nadar. Y por lo tanto, nunca me he llevado bien con la playa.

Debería decir que no podría ser neo-hippie, afirmar que soy un adicto a internet y a sus redes sociales. Que no comulgo con los mosquitos. Que el calor me agobia. Que si bien es cierto que soy fan del cielo, los amaneceres y los atardeceres, también es cierto que soy un fanático de la ciudad, aunque a veces odie todo lo que ella significa.

Dentro de 4 años se cumplirán 60 años del surgimiento del movimiento hippie, de la década de 1960 a nuestras fechas, la preocupación por el medio ambiente y el rechazo al materialismo occidental, el anti belicismo y las drogas alucinógenas han permanecido, en esencia iguales. Sin embargo, las actitudes de sus seguidores no, ellas se han dividido, principalmente, en simulación, ciberactivismo y fanatismo. Podría decirse que el espíritu continúa con derroteros distintos.

Por ello, creo que cada quien puede militar en la corriente de pensamiento que desee, siempre y cuando no maltrate a alguien más o a la naturaleza por seguir sus creencias. La intolerancia y el señalamiento y estigma de lo que es diferente son cánceres que han ido matando la pureza del ser humano.

Cada quien es libre y soberano de decidir con su vida lo que quiera. O en palabras más triviales, pero no por ello menos sabias, como lo dice J. Balvin en el éxito del año anterior: “Si necesita reggaetton, dale”. Que en el equivalente podría ser: “si a ti te gusta ser hippie: date”.

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