De un tiempo acá, cuando se me increpaba diciendo: “¿cuando vas a escribir, cabrón?
Para afuera, ocupaba aglutinados de palabras dependiendo mi estado de ánimo y sobriedad -hubo de todo, acidez, cinismo, valemadrismo y el siempre salvador “bloqueo creativo”.
Para dentro, sólo Bartleby me llenaba y me hablaba -como en el chiste aquel- a mi mismo, diciendo: “preferiría no hacerlo”.
Ahora que aquí sentado me encuentro, buscando la reflexión tras el “bloqueo creativo”, me veo durante este primer medio año en el que apenas escribí una o dos notas, lleno de múltiples ocupaciones; la actividad académica y artística mantuvieron mi calendario nutrido, hasta que terminaron por llenarme el buche de piedritas también y decidí no hacer nada por unos días -los cuales no sé cuántos serán, por cierto-.
Así pues, entre el no querer hacer nada me han llegado las ganas por escribir, y es que el ocio es maravilloso, uno deja caer la vista y los pensamientos en muchas cosas, desde la pintura desprendida en las paredes dejando ver su fachada pasada, hasta la cadencia de los ruidos enlazados a lo largo del día que uno tras otro se van relevando para conversarnos y describirnos cómo van las actividades de los otros.

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Entonces, -entre chancla pata de gallo y el deseo pleno de aparentar ser un Big Lebowsky de petatiux, me extiendo en la alfombra, que dicho sea de paso es un tapete y me deja el chamorro en el frío suelo de la estancia-, encuentro que hace unos días falleció Mladen Stilinović (Belgrado, 1947) y recuerdo haber visto hace poco su exposición en el MUAC, maravillosa por cierto, sencilla pero nunca simple; a mi memoria viene lo que más me gustó, una sala llena de objetos cotidianos cubiertos de color blanco, que para el artista significaba entre otras abstracciones la ausencia y la impotencia, haciendo de este recubrimiento un ocultamiento, nulificando la cotidianidad de los mismos; también, ahí mismo, recuerdo las hojas de un diccionario en lengua inglesa, despojado de sus definiciones con una cobertura de pintura blanca y redirigiendo su sentido como objeto esclarecedor de significados con la palabra “pain” (dolor/sufrimiento), dejando en claro, por lo menos para mi, el poder del lenguaje y de los actos sencillos, antiespectaculares, bien alimentados de reflexiones sesudas.
a – pain
aback – pain

abandon – pain abash – pain abate – pain abbey – pain

abbreviate – pain abdicate – pain abdomen – pain abduct – pain

abed – pain abet – pain abeyance – pain abhor – pain abide – pain ability – pain abject – pain abjure – pain able – pain

abnegate – pain
aboard – pain
all – pain
abode – pain abolish – pain abolition – pain abominable – pain abortion – pain acclamation – pain acclimatize – pain

acclivity – pain

Pienso entonces, me pregunto: ¿por qué no escribí en su momento de esta excelente exposición? y ¿qué otras tantas cosas he consumido de las que no he dicho nada?. Asumo que la razón está en el hacer, hacer mucho de algo te puede hacer no hacer nada de otra cosa, producir mucho te puede hacer no pensar, mecanizas, no hacer nada, considero, te hace forzosamente pensar, supongo, pero no lo sé, yo no he llegado a ser un perezoso aún, yo no tengo lucidez ni soy aguzado, quiero pensar como Stilinović, no igual, pero si, así de fino, quiero ser perezoso para elogiar la pereza con inteligencia como él lo hizo.

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ELOGIO DE LA PEREZA*

Como artista, he aprendido tanto del Este (el socialismo) como del Oeste (el capitalismo). Por supuesto, hoy que las fronteras y los sistemas políticos han cambiado, tal experiencia ya no será posible. Pero lo que he aprendido de ese diálogo permanece en mí. Mi observación y conocimiento del arte occidental me han llevado hace poco a la conclusión de que el arte ya no puede existir en Occidente. Esto no quiere decir que no haya ninguno. ¿Por qué ya no puede existir el arte en Occidente? La respuesta es simple. Los artistas occidentales no son perezosos. Los artistas del Este son perezosos; si seguirán siendo perezosos ahora que ya no son artistas del Este, eso todavía está por verse.

La pereza es la ausencia de movimiento y pensamiento, el tiempo necio —la amnesia total. También es la indiferencia, mirar la nada, la inactividad, la impotencia. Es pura estupidez, un momento de dolor, de concentración inútil. Las virtudes de la pereza son factores importantes en el arte. Conocer la existencia de la pereza no es suficiente; debe ser practicada y perfeccionada.

Los artistas en Occidente no son perezosos y por lo tanto no son artistas, sino más bien productores de algo. Su participación en asuntos sin importancia, como la producción, la promoción, el sistema de galerías, el sistema de museos, el sistema de concursos (quién es primer lugar), su preocupación por los objetos, todo ello les aleja de la pereza, del arte. Así como el dinero es papel, así una galería es una habitación.
Los artistas del Este eran perezosos y pobres porque todo el sistema de factores insignificantes no existía. Por lo tanto tenían suficiente tiempo para concentrarse en el arte y la pereza. Incluso cuando produjeron arte, sabían que era en vano, que no era nada.

Los artistas de Occidente podían aprender sobre la pe- reza, pero no lo hicieron. Dos grandes artistas del siglo XX trataron la cuestión de la pereza, en términos tanto teóricos como prácticos: Duchamp y Malévich.
Duchamp nunca trató la pereza, sino más bien la indiferencia y el no trabajar. Cuando Pierre Cabanne le preguntó qué le había dado más placer en la vida, Duchamp dijo: “En primer lugar, haber tenido suerte. Porque básicamente nunca he trabajado para ganarme la vida. Considero que trabajar para vivir es un poco imbécil desde un punto de vista económico. Espero que algún día seamos capaces de vivir sin estar obligados a trabajar. Gracias a mi suerte, fui capaz de ingeniármelas sin mojarme.”

Malévich escribió un texto titulado “La pereza: la auténtica verdad de la humanidad” (1921). En él, criticó el capitalismo porque éste sólo permitió a un pequeño número de capitalistas ser perezosos, pero también el socialismo, porque todo el movimiento se basa en el trabajo y no en la pereza. Y cito: “La gente tiene miedo de la pereza y persigue a quienes la aceptan, y siempre sucede porque nadie se da cuenta de que la pereza es la verdad; que ha sido estigmatizada como la madre de todos los vicios, pero es en realidad la madre de la vida. El socialismo trae la liberación en el inconsciente, que desprecia la pereza sin darse cuenta de que fue la pereza la que le dio origen; en su necedad, el hijo desprecia a su madre como madre de todos los vicios y no eliminará ese estigma; en esta breve nota quiero liberar a la pereza del estigma de la vergüenza y pronunciar que no es la madre de todos los vicios, sino la madre de la perfección.”

Por último, seré perezoso y concluiré: no hay arte sin pereza.

EL TRABAJO ES UNA ENFERMEDAD
Mladen Stilinovic ́

EL TRABAJO ES UNA VERGÜENZA
Vlado Martek

*Texto obtenido de la publicación acerca de la Exposición 1+2 Mladen Stilinovic, editado por el MUAC.

Imagen de portada obtenida aquí

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