El rock mexicano hace tiempo está dormido, casi silencioso, sustentándose principalmente de sus glorias pasadas. Después de la explosión de grupos y de propuestas que nacieron gracias a MySpace (2000–2004), el género poco a poco se desinfló, se escondió entre las sombras y ahora, algunos mirones, estamos a la espera de un nuevo héroe que desee tomar el micrófono, un grupo valiente que reviva y juegue con esas historias y esos ritmos canallas, esa combinación de barrio y bravuconería, que nos mantuvieron vivos y despiertos durante, al menos, cuatro décadas.

Por eso me gusta rascar en Internet para ver qué propuestas musicales encuentro. Quizás el problema no es tanto que murió MySpace, sino que nacieron una multitud de sitios donde nuevos grupos y cantantes pueden exponerse. Hoy en día, el éxito se hace en iTunes y en YouTube. La industria musical está tomando, de nuevo, el poder de nuestros gustos pero de manera global. Como oyentes es nuestro deber buscar, hurgar, reconocer nuevos ritmos que pueden ser el comienzo de un movimiento, una época melódica y que felizmente podría convertirse en la banda sonora de alguna etapa determinada de nuestra vida. Sí, bueno, quizás los 40 principales predominen o quizás lo hagamos al ritmo de dubstep, pero a mí me gusta adentrarme.

Recibí un tip: Semihumanos en SoundCloud. Recomiendo que escuchen de la pieza más antigua a la primera, un grupo que, aunque todavía está buscando su ritmo y necesita un poco de tiempo para madurar, alcanza a representar algunos tintes de rock juvenil, el que acentuaba nuestra felicidad cuando estábamos atrapados en la marea entre los primeros deseos y la posibilidad de una relación que definiría nuestras vidas, nuestro futuro como humanos afectivos.

«Esta droga” es la invitación, por ejemplo, a la caída, al posible abismo de una infatuación o el curioso contraste de “A ti te daba igual” que nos enfrenta a la indiferencia del otro (o esa indiferencia propia, ese aburrimiento perpetuo que puede engañarnos con que todo será igual) con un ritmo alegre, festivo. Así encontrarán canciones que parecen reflejo y contrarreflejo entre los Semihumanos, canciones que juegan y se complementan, y se balancean entre ritmos y posibilidades; una búsqueda agradable y necesaria para el grupo que todavía necesita encontrar su camino.

Al escuchar con atención sus primeras letras, podemos entrever que el grupo tiene capacidad para contar historias, algo importantísimo dentro del género. Semihumanos, la canción que le da el nombre al grupo, es un ejemplo de la capacidad narrativa (divertida y, repito, canalla) que pueden tener los intérpretes. Semihumanos juega con esa audacia (todavía falta saber si esperan algo antes de manejarla por completo, o si todavía están en el proceso de descubrimiento), ya lo tienen veladamente en su sonido, como puede oírse en algunos arriesgados cambios de ritmo que, al final, logran sostenerse para seguir contando sus obsesiones.

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Agustín Fest es escritor. Publicó la novela «Dile a tu mamá que se calle» (2014, Ficticia Editorial) y tuvo la beca de Jóvenes Creadores en el FONCA por su libro de ficción interactiva: «Las múltiples vidas de Mateo». Vive en Cholula con su esposa y sus dos perros. Twitter: @arbolfest.

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