El Estado no es honesto, no es frontal, es un simulador, oculta sus objetivos reales. Ejerce el poder para que las condiciones de consumo y explotación permanezcan. No le importa que se acorte la brecha entre ricos y pobres sino que el pobre no muera de hambre para que siga aportando su fuerza de trabajo a favor de la producción y consumo de mercancías. Éste es el enfoque de Louis Althusser que da continuidad al pensamiento de Marx.

Afirma que el aparato de Estado es represor, que utiliza la fuerza y la violencia a través del ejército, la policía, la administración y los tribunales, entre otros. Pero distingue que es necesario que las personas estén convencidas de que las condiciones de inequidad son incuestionables, que incluso deben agradecer a las empresas que los contratan y los explotan por darles empleo.

Althusser distingue entre el aparato de Estado y los aparatos ideológicos del Estado, que son instituciones generalmente públicas, que moldean nuestras ideas para asumir que las condiciones miserables en las que vivimos son naturales e incuestionables. Son aparatos ideológicos del Estado: la iglesia, la escuela, la familia, los medios de comunicación y las instituciones culturales como la literatura, las artes y los deportes (Althusser, 1998).

De acuerdo a lo anterior podríamos cuestionarnos, ¿cómo me convence una escultura con la figura geometrizada de un delfín en la Plaza Juárez para que vaya a mi trabajo aunque me paguen menos de cien pesos por día? La respuesta, para mí, es: no me convence, me distrae. Ayuda a consolidar la aceptación de una estética vulgar, superficial y kitsch que mantiene mi pensamiento alejado de mis problemas cotidianos. Al mismo tiempo afirma la aceptación oficial de un arte pasivo y mediocre para que la mayoría no sienta la mínima inquietud por hacer un esfuerzo para comprender y disfrutar de obras de arte complejas, críticas o subversivas.

Cuando hablamos de arte la mayoría piensa en pinturas figurativas dulces y bellas, como la vista de un colorido atardecer. Ideológicamente se ha desplazado el gozo de la belleza en la naturaleza por su imagen. Parece que somos más sensibles a las imágenes que a la realidad.

No es tiempo para distraerse con simulacros y farsas. La mayoría de los artistas lo saben. El arte es peligroso. Si el arte es uno de los aparatos ideológicos del estado, éste es el más inestable ya que nunca se somete a lo que la política cultural oficial requiere de él porque la cuestiona, la obstruye, se resiste y transforma la cultura en múltiples sentidos.

En Hidalgo estamos en un proceso de coyuntura. Se especula que este cambio de gobierno favorecerá a quienes están al frente de la asociación civil Calavera Canario, la cual apareció de la nada, hace un año, para recibir millones de pesos del gobierno para organizar un festival en donde se presentó Fito Páez como participante principal. ¡Millones! Los cuales, parece, nunca se aportaron directamente al Consejo de Cultura.

Circula en las redes sociales una carta que han firmado algunos ciudadanos hidalguenses para solicitar al nuevo gobernador electo, Omar Fayad, una planeación de la cultura más democrática y menos parcial, es decir, que no favorezca sólo sus familiares y amigos cercanos.

Cuando la leí, me detuve en los comentarios que hicieron algunas personas que firmaron la carta y parece que la comunidad activa en cultura se manifiesta escéptica hacia el gobierno ya que destaca la inconformidad hacia el posible beneficio de Calavera Canario.

Dando seguimiento al pensamiento de Althusser, no es de sorprender que sea beneficiado un grupo que hace celebraciones masivas para jóvenes ingenuos al mismo tiempo que los explota, ya que las asociaciones civiles obtienen recursos humanos de los prestadores de servicio social, los cuales no perciben ninguna remuneración por sus horas de trabajo.

Desde otro punto de vista, me genera esperanza que la comunidad que trabaja en cultura se sume a un objetivo en común, al menos pone de manifiesto que existe inconformidad.

¿Qué se puede esperar de la política cultural en Hidalgo para los próximos seis años? De la cultura oficial no mucho, ni siquiera lo mismo. Sospecho que, si la desconfianza de la comunidad es cierta, algunos espacios estatales de cultura, que ya son pocos, pueden desaparecer en favor de la desviación de recursos para eventos populares masivos, necesarios pero no indispensables. El arte como espectáculo.

De los artistas y promotores culturales independientes espero demasiado, ya que la historia da ejemplos de que en situaciones extremas las manifestaciones artísticas no desaparecen sino que se transforman y cambian, al mismo tiempo, a la cultura de la época.

Desde mi punto de vista, el reto de los próximos seis años es establecer un lazo que articule a todas las personas implicadas en la cultura y el arte, para que las generaciones con más experiencia trabajen con las más jóvenes. El arte es muy importante, la política cultural oficial no es incluyente, sólo acepta lo que conviene a sus objetivos. Debemos exigir al gobierno la correcta y transparente utilización de los recursos asignados a cultura. No queremos más elefantes blancos, como el espacio cultural del reloj, que es una vergüenza.

El arte de los próximos seis años debe ser de resistencia. De conservación de espacios culturales y generación de otros nuevos. Necesitamos generar públicos para todas las manifestaciones culturales, no sólo para el folclore y el arte anticuado de corte modernista como las esculturas de Marín que están en el Cuartel del Arte. Necesitamos más apoyo a las manifestaciones de arte contemporáneo y apoyo a los artistas más jóvenes, los cuáles carecen de espacios suficientes para presentar y distribuir su trabajo. Requerimos que se apoye el trabajo de los artistas con trayectoria para su proyección nacional e internacional.

Referencias

Althusser, L. (1988). Ideología y aparatos ideológicos del Estado. Recuperado de http://perio.unlp.edu.ar/teorias2/textos/m3/althusser.pdf

Imagen de portada, Paul Mc Carthy, Árbol. Tomada de http://www.latimes.com/entertainment/arts/culture/la-et-cm-tree-sculpture-paul-mccarthy-paris-20141017-story.html

 

 

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