Cuando se carece de autoridad moral, el miedo, la amenaza, el chantaje e incluso la violencia, son los mecanismos más eficaces de manipulación.

 

Existen lugares en el mundo donde hay palabras que, si bien no son prohibidas, al menos, uno debe tener especial cuidado al mencionarlas. Pues, una vez que son pronunciadas, los ojos se encienden enseguida y la atención llega inmediatamente. Creo haber tenido esa impresión durante una estancia académica en la Universidad Nacional de Villa María, Provincia de Córdoba, en Argentina, al utilizar la expresión “desaparecido”.

En aquella ocasión, durante una clase con un grupo de alumnos de ciencia política de la Catedra Partidos Políticos y Sistemas Electorales, hablábamos sobre el sistema político mexicano. De pronto, un joven alumno pidió la palabra para desarrollar, con base en fundamentos bastante coherentes, un tipo de paralelismo entre el “Proceso de Reorganización Nacional” experimentado de 1976 a 1983 en Argentina y la fatídica guerra contra el narcotráfico desatada por el gobierno mexicano hace unos años.

La comparación, en principio no da lugar a grandes semejanzas, pues existen notables diferencias de tiempos y contextos que son plenamente identificables entre ambos países. Quizá, los rasgos que comparten tan lamentables hechos son el dolor, la angustia y la desesperación de aquellos desaparecidos que sus familiares y amigos buscaron o continúan buscando con la esperanza de que aparezcan.

En el debate de la clase, también se mencionó el entonces reciente caso de Santiago Maldonado, un joven artesano de 28 años originario de la Provincia de Buenos Aires, quien se mudó a la Ciudad del Bolsón de la provincia de Río Negro en la Patagonia. Este lugar cobró notoriedad hace tiempo debido al modo de vida alternativo o de tipo hippie. A decir de su familia, este sitio encajaba perfectamente con el joven, dado que era un amante de la naturaleza.

No se tiene conocimiento que Santiago fuera activista o militante en alguna agrupación política. Lo que sí, manifestaba su apoyo y generalmente se solidarizaba con causas sociales, tales como el reclamo de los pueblos mapuches por su tierra en la Patagonia. De ahí que hubiera asistido, a finales de julio de 2017, a la localidad de Cushamen, en donde desde dos años atrás, una comunidad mapuche mantenía ocupados terrenos que consideraba suyos, los cuales habían sido comprados por el dueño de la firma Benetton. Sin embargo, el 1 de agosto, justo cuando se manifestaban por la liberación del líder mapuche Facundo Jones, detenido en Julio de 2017, la Gendarmería Nacional fue encomendada para realizar el desalojo de la protesta. Esa fue la última vez que si vio a Santiago con vida.

De acuerdo con algunos testigos, los gendarmes no intentaron mediar, sino que utilizaron de inmediato la violencia y empezaron la reprensión de los manifestantes tirándoles balas de plomo y goma. Ellos corrieron y cruzaron el río Chubut, pero Santiago no cruzó, sino que se quedó abrazado a un árbol. De inmediato, él fue rodeado por los gendarmes, quienes lo golpearon y subieron detenido a una camioneta. Esta acción que vieron muchos manifestantes, fue negada por la Gendarmería Nacional. El argumento de las autoridades era que no sabían ni siquiera que era Santiago porque todos los manifestantes estaban encapuchados.

Con el paso de los días, el caso de Santiago tuvo un giro político, pues se aproximaban las elecciones legislativas en Argentina. Y en ese momento, la ex presidenta Cristina Fernández entró a la polémica cuando denunció en sus redes sociales la desaparición, exigiendo al gobierno del presidente Macri una solución pronta.

Por otra parte, una semana después del suceso, organizaciones sociales y otros agregados se manifestaron frente el Congreso nacional dando más realce al caso. Incluso el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU pidió al gobierno argentino actuar urgentemente para localizar el joven desaparecido. Sin embargo, los esfuerzos policiales eran insuficientes para localizar a Santiago.

Tristemente, cerca de 80 días después, la búsqueda tuvo un penoso desenlace. El 17 de octubre, unos días después de las elecciones legislativas, la policía especial encontró el cuerpo de Santiago flotando entre las ramas del río Chubut, a unos 300 metros de donde se le había visto por última vez. Este hecho confundió a la familia y se pensó que el cuerpo había sido plantado. Como sea el caso, el hallazgo del cuerpo generó muchas dudas. Aunque el gobierno de Macri no se vio afectado en las elecciones legislativas, incluso tuvo un gran resultado.

En México desearíamos vivir lejos de estas tristes realidades. Sin embargo, aún está presente el indignante caso de 2014, cuando se sucedió la desaparición forzada de 43 jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en Iguala Guerrero. En este caso los padres continúan esperando una respuesta real de las autoridades mexicanas, la cual no llega.

Y como si esto no fuera suficiente, desde el pasado martes 23 de enero, el joven de 17 años, Marco Antonio Sánchez, se encontraba en calidad de desaparecido, después de haber sido detenido por la policía capitalina. En este caso, a diferencia de Santiago, Marco aparece en su última foto reducido y esposado por agentes policiales en el norte de la Ciudad de México y tan sólo cinco días después de su desaparición fue encontrado en el pueblo de Visitación, en el municipio de Melchor Ocampo del Estado de México.

Los hechos, según el relato de un amigo con que se encontraba con él, detallan que a eso de las 16:00 horas del martes 23 de enero, ambos se encontraban haciendo fotografías en la colonia de El Rosario. En ese momento al ver un grafiti que llamó su atención, Marco pidió a un joven transeúnte que les tomara una foto. Entonces, cuatro policías se acercaron y sin motivo acusaron a Marco de querer robar a la persona a quien le pidió sacara la fotografía. Al verse presionado, por miedo, Marco corrió, pero los policías lo alcanzaron en la estación de Metrobús El Rosario. Para su mala fortuna, las cámaras de la estación no funcionan, pero la detención fue descrita con excesiva violencia, como lo mostró la última fotografía de Marco. Los policías capitalinos mencionaron que lo llevarían al Ministerio Público 40, pero nunca llegó.

Los agentes que detuvieron a Marco han dado cuenta que lo dejaron ir unas calles más adelante, pero sus declaraciones no concuerdan del todo. Mientras, un comunicado de la UNAM, institución a la que pertenece el joven pues está matriculado en la Preparatoria 8, manifestó enérgicamente su rechazo ante la detención, así como también exigió una seria investigación y el castigo a los policías culpables.

La familia de Marco, por su parte, acudió con las autoridades, pero el reporte indica que, aunque fue llevado en una patrulla, el joven nunca fue presentado ante el Ministerio Público. No obstante, las autoridades intentan esclarecer los hechos y castigar a los responsables. Esto, tras los reclamos que van en aumento por parte de los familiares y la sociedad en general. Incluso este domingo se llevó a cabo una manifestación en el Ángel de la Independencia de la capital para reclamar la aparición de Marco. Y también la Preparatoria 8 de la UNAM paró sus actividades este lunes.

De forma desafortunada, el caso de Marco ya vio su matiz político y actores del entono buscan hacerse publicidad a costa de estos terribles hechos. Como ejemplo está que, desde sus redes sociales, la aspirante a una candidatura independiente para la presidencia de México, Margarita Zavala, expresó su indignación pidiendo a las autoridades policiales de la Ciudad de México la atención y el esclarecimiento del caso. Una declaración muy discreta y que contrasta con su comportamiento cuando su esposo era el titular del ejecutivo nacional.

Como ya se mencionó, al final, la noticia alentadora es que el joven fue ubicado en el Fraccionamiento Los Álamos, en el Estado de México y trasladado a la Fiscalía Antisecuestros. La diligencia concluyó alrededor de las 02:20 horas de este lunes, cuando fue entregado a sus familiares. Sin embargo, la dependencia gubernamental no detalló ningún resultado del diagnóstico médico, ni tampoco proporcionó información directa a los medios de comunicación y protegió al joven de la vista de los reporteros. De hecho, al ser entregado, los familiares informaron que Marco presentó indicios de haber sido golpeado, posiblemente torturado, y exigieron se investigue este hecho.

Los casos de Santiago y Marco son enteramente diferentes, cada uno presenta particularidades que no permiten igualar situaciones, de entrada, por fortuna uno apareció con vida. Sin embargo, puede advertirse que, en ambos, las actuaciones de las autoridades policiales no están a la altura de las actuales exigencias de los ciudadanos.

Por lo general, la desaparición forzada se ha utilizado como un tipo de estrategia necesaria para infundir el terror en todos los ciudadanos. Esa sensación de inseguridad que se experimenta no es exclusiva de los familiares del desaparecido, sino que también afecta a toda la sociedad. De forma gradual la desaparición forzada se ha convertido en un grave problema mundial.

El pasado 21 de diciembre de 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas expresó su preocupación por el aumento de las desapariciones forzadas en diversas regiones del mundo, tales como son los arrestos, detenciones y secuestros. Así como en el aumento del número de denuncias, hostigamiento, maltrato e intimidación padecidos por los testigos de desapariciones o familiares de personas que han desaparecido.

Las desapariciones forzadas, que en algún momento fueron principalmente el resultado de las dictaduras militares, pueden perpetrarse hoy día en situaciones complejas de conflicto interno, especialmente como método de represión política.

Comentarios

Comentarios