El vaso con agua comenzó a temblar. Se movía con tal fuerza, que se escuchaba el sonido del cristal con la madera del banquito en donde estaba colocado.

Ese sonido hizo que la señora Graciela abriera los ojos y su respiración se hiciera agitada, que de pronto estuviera al pendiente de la habitación.

Su mirada giró y giró como rastreando el entorno, buscaba algo que hubiera provocado ese movimiento, peron nada encontró.

Vio a la enferma que dormitaba el sueño de fármacos en su cama, los dolores se habían hecho muy insoportables las últimas semanas, los últimos meses, los últimos años, y apenas si podía descansar, apenas lograba conciliar el sueño profundo, apenas lograba mantenerse con vida.

Quizás fue ella. No, espera, mamá no podía levantarse de la cama desde hacía varios años, no era posible que lo hiciera sólo para mover el vaso.

Entonces analizaba y analizaba, reflexionaba sobre el sonido, el movimiento y lo que escuchó, pero sólo percibió el silencio que ahogaba las paredes de un temor que se anidaba en casa, su casa.

Pensó entonces en levantarse y lo hizo en la pequeña habitación donde cuidaba a su mamá, y en donde había sentido aquel escalofrío, pero en medio del silencio nada más vio, ni se movió, por lo que pensó que había sido el cansancio.

Era avanzada la noche, ya casi la madrugada. No había sonido alguno en la calle, a excepción de los autos de los trasnochados que en algún momento llegaran a pasar por esa calle. Desde la calidez de la habitación, echó un último vistazo a la profundidad de la noche, que abrazaba todo lo que tocaba. Decidió recostarse de nuevo, su mamá seguía sometida profundamente al sueño. Cerró los ojos de nuevo y se quitó los lentes, los dejó a un lado del vaso con agua que había temblado solo en el banco de madera que usaba a modo de mesita de noche.

Habían pasado unos minutos desde que Graciela había logrado dormir de nuevo, cuando la cama donde descansaba se movió sin que nadie la tocara, la cama se movió sola, las cuatro patas de cada ángulo se agitaron de tal modo que ella abrió los ojos de manera violenta y al sentir que su cuerpo era agitado por la cama salió de ella pensando que la casa entera temblaba.

Graciela se puso de pie y vio como a pesar de estar en esa posición, la cama siguió moviéndose por un instante.

Todo parecía irreal, todo parecía fuera de la normalidad. El estrés era incontrolable para ese momento, volteaba a ver la cama donde la mujer a quien cuidaba yacía y ni si quiera se escuchaba su respiración. El silencio de pronto fue abrumador. Uno de sus hijos estaba ahí, en una habitación trabajando, pero no escuchó nada, de lo contrario se hubiera presentado de inmediato.

Graciela pensó si esos agitados desplazamientos de su cama habían sido un temblor, o solamente el reflejo de sus nervios, quizá haya sido consecuencia de sus muchos desvelos por cuidar a su querida madre durante meses.

Había muchas preguntas sin respuesta. Cuando pensó en acostarse de nuevo sobre la cama que se había movido de manera abrupta, sintió una presencia extraña. Un ser de tamaño pequeño se manifestó de manera sólida a un costado de ella.

Se quedó en silencio, los ojos abiertos trataban de ver y analizar eso que estaba a un lado de ella. Trataba de tomar conciencia, de ver, de sentir. Comprendió que esa manifestación era sólida, que le había agarrado de la pierna derecha mientras su cara volteaba hacia arriba.

Aquello, que parecía un niño por el tamaño, pero con un rostro demoníaco, le devolvió fijamente la mirada.

 

Sus pequeñas manos, que más bien parecían garras, sujetaron la pierna derecha de Graciela

“No debes de estar aquí”, “Tú no existes” se decía una y otra vez ella, con la intención de tranquilizarse o despertar de lo que parecía ser una pesadilla.

De pronto ese ser soltó la tela del pantalón de Graciela, y comenzó a caminar hacia adelante, entonces el impacto fue más fuerte pues ella se dio cuenta de que era sólido, de que no era un sueño, de que aquello se movía y respiraba. Escuchó el movimiento de las botas, se escuchaba cada paso que daba el pequeño ser, mientras se desplazaba hacia el sitio donde está ubicada la cocina.

Y pensó de nuevo, “eso” no debería de estar ahí.

La mamá no era la única persona que estaba enferma y en cama, en la parte de arriba de la casa, se encontraba su esposo, sobreviviendo a una enfermedad aun indescriptible.

Ella trató de encontrar respuestas, de encontrar paz, y salió corriendo hacia la habitación donde su esposo descansaba.

___ ¿Qué pasó mami?

Decía su esposo, quien ya había perdido la vista y apenas escuchaba. Ella se metió a su habitación, y le dijo:

___ Un niño con cara de viejo apareció abajo y me agarró la pierna, tembló la cama y salió corriendo hacia la cocina.

El esposo dormía, ella escuchó con claridad cuando él le dijo qué le pasaba, pero no, él dormía de manera tan profunda que era imposible que le hubiera comentado algo.

Nadie pudo decirle ¿Qué pasó mami?, aunque ella lo escuchó con claridad mientras él permanecía profundamente dormido.

Este cuento está publicado en el libro Relatos de lo Paranormal, vivencias y ficciones sobrenaturales, A.R.S 2018

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