Por: Corre

El escenario es el más complejo de todos, en la trama de El Bulto, esa obra genial de Gabriel Retes en la cual Lauro despierta en un México completamente distinto al que conoció, tras haber vivido en estado de coma durante veinte años. Las ideas, esperanzas, formas de vida y costumbres de los mexicanos de 1991 tienen muy poco o nada que ver con las de 1971. Lauro tiene que aprender a vivir con el cambio de la historia.

Imaginemos que Lauro despierta en 2020, su contexto sería que más de un tercio de la humanidad está encerrado en su casa, al menos los que se lo pueden permitir porque sabemos que en nuestro país eso no es posible. Empero, así está la humanidad, privada de esa libertad de moverse, una virtud que parece tan esencial y sencilla y todos dan por hecho. Pero es una realidad que las calles están más vacías que lo que se acostumbra. Los cielos se encuentran más claros sin la gran cantidad de aviones. En algunos casos, las fronteras, cerradas o semi cerradas. Los líderes, gran parte de ellos están encerrados también, pero no todos son así, algunos a mayor o menor escala dan lo mejor de sí y salen a jugársela codo a codo, con cuidados sanitarios y los riegos de contagio que conlleva. Y así van, gestionando como mejor pueden, primero cada uno por su cuenta, a veces bien, a veces atolondradamente, casi siempre tarde pese a las señales. Es el mayor reto que seguramente les habrá tocado afrontar. Mientras, los ciudadanos se encuentran con miedo y desconcertados por el virus detectado en China a finales del año pasado y que hasta ahora, ha matado a cerca de 28,000 personas, infectado a 600,000 personas y afectado a unos 200 países. Todos estamos angustiados por nuestra salud y la de nuestros familiares y amigos, pero también por la consecuente crisis económica que, a decir de los expertos, será el siguiente escenario que se avecina. Al parecer, el mundo se puso en modo pausa, un stand by muy complejo.

El filósofo alemán Hartmut Rosa, quien ha dedicado buena parte de su obra al análisis de lo que él llama la “aceleración” desenfrenada de las sociedades capitalistas, nos da un panorama del momento: “Vivimos un momento histórico de desaceleración, como si unos frenos gigantes detuviesen las ruedas de la sociedad. En los últimos doscientos años o más, el mundo cada vez iba más rápido… Si usted observa el número de coches, trenes, barcos, aviones, sin cesar aumentaba el tráfico y el movimiento. Es cierto que había bolsas de desaceleración, por ejemplo, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001: el tráfico aéreo fue más bajo durante unas semanas. Pero todo esto se ha interrumpido. Vivimos un momento único de calma. El electrochoque ha dejado a los humanos aturdidos, en un estado que mezcla la calma, como dice Rosa, con el desasosiego, sin espacio físico para moverse ni espacio mental para saber cómo será la vida, la ciudad, el país, el mundo en dos o tres meses, o en un año”.

Y, de pronto estamos ante un escenario de tres grandes retos. El primero, el sanitario, la enfermedad aún desconocida porque la cura se está trabajando. Por más remedios que nos sugieran, NO hay ninguna una vacuna, por lo que las medidas que se deben aplicar, en su modalidad más extrema, son el confinamiento. Pero, no sólo de infectados o sospechosos de estarlo, sino de ciudades y regiones enteras. Al inicio fue la ciudad de Wuhan en China, después buena parte del norte de Italia. Pero ahora, como piezas de dominó, países grandes y pequeños, desarrollados y no tanto, todos implementan lo mismo. De Italia a Chile, España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, toda América Latina, se sugiere que todas personas estén quietas y encerradas, las que pueden claro está, la desigualdad del continente y de nuestro país hacen que no puedan permitírselo todos, lo que se busca es evitar el colapso de los sistemas de salud.

En segundo lugar, la parte económica, es evidente que todos los gobiernos en sus distintos niveles asuman e intenten intervenir el deslizamiento en la actividad económica y comercial pues es normal que en este contexto se avecina una recesión global. Parece que vuelve a entonarse el whatever it takes (lo que sea necesario) para intentar contener el tsunami que se avecina. En este sentido, algunos expertos plantean un cambio de modelo económico, acaso un final de la globalización que lleve a un comercio y flujo de capitales reducidos. Lo que es un hecho es que no se puede continuar como si nada hubiera pasado, esto no es una opción. Al parecer, el nacionalismo más cercano encarnado en su vicio, el chauvinismo, amenaza con triunfar.

El tercer escenario es invariablemente el político. El virus ha irrumpido en un momento de duda y retracción de Estados Unidos y una vez pasada la crisis de afirmación nacionalista de China. El virus que no distingue fronteras, naciones o razas, por lo que el mundo se une en una misma causa, es una batalla sin tregua. Sin duda el virus será derrotado. Y paulatinamente la gente volverá a trabajar, consumir y a subirse en aviones. Para ese tiempo, las opciones de Rusia y de China se habrán reforzado comparativamente, mientras que la de Estados Unidos se habrá fagocitado. De acuerdo al investigador Robert D. Kaplan como China es una nación autoritaria, por ello ha sido capaz de imponer medidas extremas para abatir el virus. Al igual que, al contar con tantas empresas estatales, han podido absorber la crisis económica que apenas inicia. Por su parte, Rusia, por el contexto de su sistema político, ha sido capaz de ser más autosuficiente económicamente. En contraparte, Estados Unidos, Europa y algunas naciones de América, totalmente inmersas la encrucijada de la búsqueda de la democracia representativa y el sistema de libre mercado, han sufrido y sufrirán una devastación económica por el virus.

De esta forma, en unas semanas, la historia se ha acelerado de forma convulsiva, ya se había experimentado. Empero, el mundo nunca se había detenido de esta forma. También, nunca se había visto este tipo de decisiones colectivas, aunque, paradójicamente, no homogéneas, pues cada país lleva su ritmo, en algunos casos ignorando las lecciones de otro, repitiendo sus errores y tropiezos. Quizá, el modelo como el de Corea del Sur sea el que ha gestionado mejor el asunto hasta ahora.

Frente a estas respuestas gubernamentales, surgen las críticas por la lenta reacción de las autoridades. Por ejemplo, en los países con mayor desarrollo democrático, los gobiernos resultan ser más débiles pues les cuesta imponer decisiones radicales antes de que esta se impusiese por sí misma. Por eso llegan tarde se dice, imaginemos que en México o en Hidalgo, a inicios de febrero, la autoridad hubiera decretado el confinamiento. Seguro hubiera causado un escándalo. Empero, ahora se le acusa de haberse retrasado.

El mundo se encuentra en stand by, es un hecho, pero las aristas del Coronavirus empiezan a delinearse. Mientras el personal sanitario de hospitales públicos y privados luchan a cada minuto por las vidas de los enfermos, los investigadores persiguen afanadamente la vacuna, los dirigentes, sólo algunos claro está, como en nuestro caso local, se enfrentan al e dilema entre la preservación de salud pública. El verdadero reto es encontrar un equilibrio entre el problema sanitario inmediato y la necesidad de que la sociedad siga funcionando. No hay fórmula simple, por favor sean serios. La política consiste en conciliar dimensiones contradictorias.

Al parecer, cuanto más duren los confinamientos en casa, mayores serán las probabilidades de atenuar la pandemia y menos de evitar la depresión económica, aquí está el verdadero debate. La gestión del virus determinará las siguientes elecciones. Con la reconfiguración de fronteras, parecería que el populismo saldrá fortalecido. Pero esto no parece tan claro. Pues el miedo, refuerza la confianza en los científicos y los médicos, no es tiempo ni momento de experimentos ni de soluciones fáciles. Es decir, ahora localmente López Gatell tiene más o igual popularidad y credibilidad que la 4T misma, o bien la encarna. Se podría decir que el virus genera los anticuerpos frente al populismo. Y no es que lo vaya a desaparecer, sino que será la capacidad de los Gobiernos para resolver la epidemia y evitar consecuencias económicas demasiado graves.

Es la última oportunidad, pero mis vecinos hacen fiesta emborrachándose, confunden el guardarse en casa con borrachera casera, el privilegio nubla su empatía, nos queremos volver a ver a todos. Comprendámoslo:  ¡Todos a casa, chingada madre!

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