Por: David Ordaz Bulos*

 

Una torta de tamal y un vistazo a los dibujos en la banquetas pintados con gis por Lux, el vagabundo pitagórico, son el arranque de la caminata por la antigua Pachuca, misma que forma parte de la serie Caminando Hidalgo que organiza la Fundación Arturo Herrera Cabañas. Un grupo desmañanado, compuesto en su mayor parte por estudiantes de arquitectura, se junta en el atrio de la iglesia de San Francisco hasta que llegan los guías Marco Díaz y Xenón Rosas. La primera historia es sobre el rol que tuvo el convento franciscano en los tiempos de la colonia como recinto del saber de la herbolaria indígena que los evangelizadores usaron para sobrevivir en las misiones del norte del país.

–¿Para esto me hiciste levantarme temprano?– le dice un estudiante a otro, mientras nos enteramos de lo que significaban las ferias patronales hace algunos siglos: la posibilidad de probar sabores y olores de diferentes regiones como el Bajío o Michoacán; así como un rito para amarrar la fe de las multitudes, la cual se ajustaba mejor si había alguna reliquia de un santo, aunque fuese un sólo hueso.

En Pachuca, el Conde (y cacique) Pedro Romero de Terreros trajo desde algún lugar de Europa a la momia entera de Santa Colomba, la cual reposa olvidada en el interior de la iglesia; que también guarda estatuas que fueron hechas con huesos humanos. Según la Wikipedia, se trataba de una joven de la Edad Media originaria de Zaragoza España que fue la “Santa Patrona de la brujas gallegas”. Hasta que Cristo en un encuentro le dijo: “Sigue adelante y sé una bruja, pero no entrarás en mi reino”. A partir de entonces se convirtió en mártir y murió decapitada en Francia. En la famosa enciclopedia no aparece la información sobre dónde reposan los restos del personaje, hasta ahora.

Ya en el barrio de la Surtidora, frente del mercado estilo art deco, Francisco I. Madero, vimos los rastros de las vías de un tren que comenzaba en las funerarias Arriaga y salía hacia San Lunes, el Molino Nuevo y Mineral del Chico. Toda esa infraestructura desapareció, igual que un sistema de teleféricos que transportaban minerales cruzando los bosques y fue destruido por los americanos. Las minas eran vigiladas por los “Charros negros”, una especie de policía minera famosa por que “primero disparaban y luego preguntaban quién era”. El minero inglés, Francisco Rule, fue uno de sus líderes antes de convertirse en uno de los hombres más ricos de la comarca.

“Ya está bueno pa la mina”, se decía de los niños con alrededor de 14 años para que comenzaran a trabajar hasta por ahí de los 35 años, cuando se jubilaban con los pulmones destrozados. Los mineros habitaban los cerros, vivían en callejones con cuartos redondos (dormitorio y cocina) en tiempos regidos por la economía del carbón.

El Sr. Hubaldo, vecino de la Surtidora sale al encuentro con el grupo para contar historias de la Zona de Tolerancia, famosa por sus calles llenas de peatones, “algunos llegaban en caravanas de automóviles desde la Ciudad de México”. Hay fotos del Abanico, el cabaret donde la pieza de baile costaba 50 pesos. “En aquella época no había Sida, sólo: sífilis y gonorrea. El Dr. Froylan Díaz era el médico de la ciudad encargado de curarlas”. A las trabajadoras sexuales las revisaban ahí mismo una vez a la semana y cada dos meses en el Centro de Salud. Cuando en 1984 la autoridad clausuró la zona de tolerancia, migraron hacia los alrededores del Reloj.

El avance de la caminata nos lleva a encontrarnos con otro vecino que releva una capa más profunda de la urbanidad del siglo XX: el acueducto franciscano de “las media narajas” que traía agua desde manantiales en los bosques como el Valle de los Enamorados. El acueducto quedó sepultado por el concreto, signo de un desarrollo urbano que desde el comienzo dará la espalda a las condiciones naturales del territorio.

Cuando llegamos a la fachada del viejo Cine Iracheta, nos enteramos de las bromas de su época: aventar gatos al público o prenderles fuego para que corrieran locos entre por los pies del respetable. El cine jugó un papel importante como agente socializador, pues quiénes podían ver las películas se las contaban a quiénes no. Toda la ciudad hablaba de la película de moda aunque no todos la hubieran visto. El dueño fue un español que huyó del servicio militar, se embarcó a Buenos Aires y después llegó a Pachuca. Vivía con su familia adentro del cine.

Ya en el lado oriente de la vieja urbe, atravesamos el callejón detrás del edificio central de la Universidad Autónoma que antes fue hospital. En el costado norte del edificio aparece una inscripción indígena, en ese mismo terreno fue encontrada una figura de Chicomecóatl; diosa del sustento que los estudiantes resiginificaron después como “La Chancha”, un símbolo de las novatadas para los alumnos de nuevo ingreso. Unas calles más arriba hay un parque público que está construido sobre un tiro de mina, la zona está llena. “Hay un Atlas de riesgo sobre tiros de mina pero no está publicado: es información clasificada”. ¿Qué significa habitar sobre los abismos?

Cruzamos el barrio El Arbolito hasta la calle de Humbolt, que quizás fue la primera calle de la ciudad. Nos cuentan que por ahí los burros bajaban a toda velocidad cargando vigas pesadas, a veces atropellaban a los niños. Aún hay algunas fachadas de los tendajones de descanso, con aros en los muros para amarrar animales.

Las ruinas y el silencio de los abismos se imponen en el pleno cerro en camino hacia el Cerezo. Entre la polvareda aparecen los patios donde se practicaba el Beneficio de Patio, una innovación mundial que Fray Bartolomé de Medina encabezó para trabajar los “minerales rebeldes” y separar los metales a través del uso del mercurio, sal común y sulfato de cobre. La zona está llena de tecnologías de la economía colonial que datan desde el siglo XVI y de las que podría hacerse un estudio arqueológico, empezando por el uso que les dieron los esclavos negros e indios que ahí eran empleados. En su libro: La minería y metalurgia mexicanas,  Miguel Othón de Mendizábal como sólo los indios eran los únicos que soportaban los fríos y las humedades profundas, mientras los negros trabajaban en tareas de molienda y lavado de metales.

A 150 años de su fundación, Pachuca es un collage identitario con una historia particular. Desde tiempos prehispánicos el territorio fue una zona de intercambio y encuentro entre grupos. Siglos después, su cercanía con la Ciudad de México hizo que las elites no se asentaran con el clero como en Guanajuato o Zacatecas. Lo cual dio como resultado ese mosaico de tolerancia ruda entre bonanzas efímeras, despojo, explotación, rapiña y miseria permanentes.

La caminata me restriega la ignorancia que a mis treinta y tantos años tengo de la ciudad en la que nací. Caminarla es una manera distinta de habitarla y reapropiarse de la historia para quizás entender un presente, donde el centro es un rincón que se diluye frente al desarrollo rapaz que corre hacia el sur.

Reapropiarse de la historia no es fácil porque implica remover la amnesia y la  represión colectiva. Caminar entre las ruinas nos puede llevar hacia hallazgos importantes, develar el significado detrás símbolos y monumentos, para entender mejor los conflictos del presente e intentar reconciliar las contradicciones de la identidad. Como lo hizo Yuri Herrera en su libro: El incendio de la mina del Bordo, que deja ver como el kiosko del Parque Hidalgo fue un gesto de falsa compensación por parte del “pueblo americano” ante una tragedia rodeada de impunidad, donde a las víctimas les fue negado el duelo de sus muertos confinados en una fosa común.

 

Anuncio: durante todo el 2019 la Fundación Arturo Herrera Cabañas estará organizando los recorridos: Caminando Hidalgo. Los próximos serán el Tranvía al Real, de Pachuca a Real del Monte el próximo 23 de febrero y el Señor de las Maravillas de Pachuca a El Arenal el 23 de marzo. Para mayor información llamar al teléfono de la fundación: 716 8655 o contactar sus redes sociales.

 

 

 

* Maestro en Sociología Política por el Instituto de Investigaciones Sociales José María Luis Mora, Psicólogo Social por la Universidad Autónoma de Hidalgo y Coordinador de Grupos con Técnicas Psicodramáticas por la Escuela Mexicana de Psicodrama y Sociometría. Twitter: @David_Orb

 

 

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