En el plantón frente a la presidencia los trabajadores terminan de despertar y se ponen en guardia al verse rodeados por quienes cruzamos la calle en camino a la segunda caminata de la serie Caminando Hidalgo. La tensión baja cuando abordamos el camión a San Guillermo, donde nos enteramos que existe el Monumento al Burro y está la vieja estación del tren eléctrico “Las mulitas”, que funcionaba por ahí de 1888, como una innovación tecnológica del porfiriato.

Me sorprende la llegada puntual de los invitados, caminar genera comunidad y es una forma de defender —un rato— el territorio, apropiarse de una ciudad amenazada por la mutación desastrosa hacia una ciudad dormitorio, infestada de centros comerciales, sin alternativas culturales como el Centro Cultural Elementario, que está por cerrar como consecuencia de los ataques de la plaga criminal. ¿Pachuca sigue siendo un lugar habitable?

Marco Díaz, Xenón Rosas y Heladio Vera son los guías del día, explican como siempre el problema de las minas ha sido el agua del subsuelo, las inundaciones: “Un tal Bustamante fue quien le propuso a Pedro Romero de Terreros, venir a invertir en la región y convertirse en el Carlos Slim de la época, al sacar el agua por el método de gravedad desde la veta de la Vizcaína en Omitlán”.

En efecto, el relato se remonta al siglo XVIII. En el libro La Hacienda de Hueyapan 1550 – 1936, Edith Boortein, describe como en 1762, José Alejandro Bustamante —quien por orden del virrey en turno tenía los derechos exclusivos para explotar las minas— intentaba rescatar las vetas y pidió apoyo a Romero de Terreros para abrir el túnel del Morán, que fue el descubrimiento más rico en toda la historia del distrito de Pachuca y Real del Monte: “con beneficios astronómicos, excediendo 15000000 millones de pesos en los primeros 12 años”.

Recurrentemente las minas se inundan y necesitan nuevas inversiones y tecnología. En una de esas crisis apareció la United States Smelting and Refining Company, con inversionistas americanos que compraron las acciones e hicieron a un lado al aristócrata José Landero y Cos. Al respecto, nuestros guías cuentan como “cuando los americanos llegaron a las minas por ahí de 1906 ganaron más que cualquier otro de sus dueños anteriores, mucho más que los viajeros de la Compañía Inglesa, que a pesar de ser portadores de la Revolución Industrial, fracasaron en 1849 porque para todo debían pedir permiso a la Corona, su personal era inexperto y gastaron mucho en maquinaría”. De acuerdo con Boortein, los ingleses que llegaron a Hidalgo eran 350 mineros inspirados por el explorador Alexander von Humbolt. Venían de la península de Cornwall que está en el sur del Reino Unido. De ahí son originarios productores de música electrónica como Aphex Twin, Luke Vibert y la banda de punk The Stranglers.

Contra nuestras fantasías, nos enteramos que el tranvía era de dos vagones de color amarillo canario que marchaban muy lento. En el viejo camino ya no hay vías del tren ni burros pero si muchos ciclistas acelerados. Dicen que la gente se apropió del acero de las vías por ahí de los años cincuenta. Algunas partes del trazo rodean al cerro, otras lo atraviesan, “había mucho aborigen en la zona para abrir el camino, dinamitaban y picaban;los indios tenían prohibido montar a caballo o portar armas, y también eran obligados a traer la vestimenta blanca del peón como símbolo de que eran legalmente inferiores”.

Al subir la vegetación cambia de árida a bosque. A lo lejos se ven los jales, aquellas montañas artificiales de desechos minerales que hacen que —algunos días— la ciudad comparta o supere los mismos índices de contaminación atmosférica con la Ciudad de México. Los jales de las haciendas La Blanca y La Guadalupe quedaron ahí cerca, mientras los jales de la Hacienda de Loreto quedaron hacia la salida a México.

Como un déjà vu de otra época, aparece la silueta de un hombre con zarape y sombrero que vigila a la caravana desde la punta del cerro. Su presencia remite a otra época, como la Revolución Mexicana y los tiempos en los que para la mayoría de la gente no había otra más que caminar. Quizás, esos tiempos no sean tan remotos como lo dejó ver la escasez de gasolina de hace unos meses. La historia remota nos sigue atravesando.

“Hace unos años hubo una bronca, dos hermanos que viven por aquí le sacaron la pistola a un doctor y sus hijos”, nos narra Juan Carlos, quien ha vivido aquí toda su vida y salió al encuentro con una llave de cruz en la mano, en la que tiene un tatuaje de escorpión. Baja la guardia al reconocernos como “gentes de cultura” y no ladrones de musgo. Se autonombra el intermediario político de la zona y es el líder de la organización “Guardianes de la Montaña” con la que —según él— ha logrado que motociclistas vengan a reforestar la zona. Nos muestra un par de libros con fotografías históricas del tranvía.

Mientras contemplamos las imágenes, un burro se ha  escapado de un corral porque alguien abrió la puerta para ir a ver un acantilado. El dueño, un campesino de la tercera edad, logra traerlo de vuelta con un manojo de cebada y nos reclama airadamente “malditos intrusos”. Y es que los burros son un ícono del lugar, de hecho, una parte del trayecto se llama “El camino del burro” y como ya dijimos, en San Guillermo, municipio de Mineral de la Reforma, existe un Monumento al Burro que los arrieros construyeron en tiempos recientes como un homenaje.

“Caminando y meando para no hacer charco” era una de las frases típica de los mineros. Quizás, era una especie de ritual para aceptar el trabajo sin quejarse. Algo así como una pedagogía de la crueldad de las que habla Rita Segato para describir las lógicas de dominación en un mundo refeudalizado, sin empatía ni espacios comunes, en el que abundan las manifestaciones de “dueñidad”. Un rito de paso parecido a la iniciación de los jóvenes priistas, quienes uniformados con chalecos deben repartir cobijas en los barrios marginados como los que tapizan estos cerros. Y después autopromocionarse en las redes sociales como dueños de la miseria.

En el horizonte ya se ven las chimeneas de las minas de Real del Monte. Hemos llegado a Rufina, la vieja hacienda pulquera que almacenaba semillas y fue habitada por colonizadores como Francisco Rule. El grupo se sienta a reposar bajo la sombra fresca del bosque. Antes de la dispersión escuchamos las instrucciones sobre la próxima caminata que será de Pachuca a El Arenal, para el encuentro con “El señor de las maravillas”. Desde la sombra del árbol, contempló los alrededores y pienso en este viaje por el país de las últimas cosas, en cómo los feudalismos evolucionan y en los fantasmas que habitan y habitarán este lugar agujereado.

 

 

 

 

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