No cabe duda: Pablo Escobar está de moda. Aunque el tema del narcotráfico tiene mucho tiempo desarrollándose, tanto en la literatura como en el cine, la televisión ha detonado un fenómeno que encuentra su punto más álgido con ejemplos como Narcos, la exitosa serie de Netflix cuyas dos primeras temporadas versan sobre la vida de uno de los mayores narcotraficantes de la historia. Por lo mismo, Operación Escobar, película de Brad Furman recientemente estrenada en salas de cine, se muestra en desventaja al ingresar en un terreno tan competido. Aun así, logra distanciarse de su anclaje publicitario para conseguir un buen ritmo y una temática propia. A pesar de que aprovecha la popularidad del caso Escobar, la cinta concierne una trama separada, una especie de spin-off que no se empalma con la historia mayormente explotada por series televisivas u obras fallidas como Escobar: Paradise Lost (Andrea Di Stefano, 2014).

Operación Escobar nos narra la historia de Robert Mazur (Bryan Cranston), un oficial de aduanas que inicia una operación encubierta a fin de destapar la red de lavado de dinero llevada por el cártel colombiano en Estados Unidos. A través de la falsa identidad de Robert Musella, un acaudalado empresario y prestanombres del narco, el agente logrará infiltrarse en un mundo criminal que resulta mucho más envolvente y peligroso de lo que pensó en un inicio.

En general, la historia de Mazur resulta algo intrascendente al compararla con toda la intriga internacional que giraba en torno a Pablo Escobar. A pesar de lo anterior, creo que este fue uno de los mayores atinos de la película, puesto que prescinde de esa aproximación grandilocuente para centrarse, más bien, en una operación a menor escala, no por ello irrelevante o desprovista de suspenso. Esto es así, debido a que la trama logra elucubrar una historia sólida a partir de unos cuantos, pero bien construidos personajes. En este aspecto, considero que, a la par de aprovechar del éxito de series como Narcos, la película también tuvo la fortuna de contar con Bryan Cranston. Difícil emancipar la figura de Cranston de Breaking Bad. Incluso, en ciertas escenas de Operación Escobar, Cranston parece emular la torpeza de Walt Whitman para crear un protagonista que resulta, por lo mismo, mucho más entrañable.

Otra pieza importante del elenco es John Leguizamo, quien interpreta al agente Emir Abreu. En mi opinión, Leguizamo es la clase de actores que, a pesar de su versatilidad, suelen encasillarse en cierta clase de papeles a causa de su origen étnico. De ahí que numerosas cintas empleen el talento de este colombiano para cumplir con la “cuota hispanohablante” de la historia. A pesar de lo anterior, Leguizamo sabe sacar provecho de su origen para entregarnos, en este caso, a un oficial osado, un slumdog que contrasta con la formalidad y candidez de Manzur. En cuanto a la agente Kathy Ertz, interpretada por la bellísima Diane Kruger (disculpen el personal aunque inevitable juicio de valor), creo que agrega cierta ecuanimidad a la trama, aunque parece que no supieron cómo explotar el potencial  de la actriz, limitándose a agregar un personaje que trasciende poco en la historia.

A la par del equipo de los buenos, tenemos a los criminales. La variabilidad de perfiles de estos últimos se ejemplifica con figuras tan excéntricas como el peculiar Javier Ospina o el histriónico Gonzalo Mora Jr. Aun así, creo que la película cometió el error de crear un grupo de narcotraficantes bastante torpes e ingenuos. Ninguno logra retratar la crudeza que se vivía desde aquellos tiempos y que hoy resulta mucho más apabullante. Incluso, los villanos resultan tan inocentes y buenos, que generan la sensación de que Manzur nunca se encuentra en verdadero riesgo, y que su labor policiaca consiste en engañar a un grupo de ladrones mediocres que creen que las autoridades norteamericanas son igual de insulsas que ellos.

Operación Escobar es una buena película. Definitivamente, se queda corta ante clásicos como Carlito’s Way o State of Grace, aunque sabe jugar con los mismos elementos. Eso sí, quien acuda al cine esperando ver una cinta más sobre Pablo Escobar, saldrá algo decepcionado. Aun así, la obra posee una agudeza visual y un humor negro que reparan la simplicidad de la historia.

7 notas en negro.

Comentarios

Comentarios