Un ensayo sobre el libro “Promesas irrealizadas:
el discurso del sujeto poscolonial
y la nueva división internacional del trabajo”, de
Paulina Aroch Fugellie.

Por Samuel Martínez Andrade

Prometer es tener la voluntad de dar algo, si acaso una certeza de lo que se dice. Prometer es hablar del futuro y ofrecerle un lugar a la diferencia. Hablar del futuro siempre llevará en sí al pasado. Y el pasado siempre será el presente que sigue manifestándose, que sigue en proceso de devenir. La promesa, al final, es siempre un ofrecimiento a ese devenir, un compromiso de que algo va a ser, algo va a pasar, algo va a diferenciarse. Llevamos años y años viviendo en un mundo repleto de promesas irrealizadas, compromisos rotos, ofrecimientos vacíos. Un darstellen que parece haber tomado el lugar del vertreten.[1] Un cinismo que parece ser la única forma que ha prevalecido en el despliegue de esta época y las pasadas, de este mundo contemporáneo y su origen. No hay ya vergüenza en una promesa irrealizada. No hay ya algo que tenga derecho a prometer.

PROMESA FALLIDA DE LA IDEOLOGÍA

¿Quién (o qué) es el sujeto del discurso poscolonial? ¿Cómo el quién poscolonial se forma en función de su dónde? ¿Cómo la posición del sujeto poscolonial se configura a partir de la nueva división internacional del trabajo y, por ende, de la división epistémica? Esta es la tarea a la que Paulina Aroch Fugellie[2] se encomienda en un exhaustivo análisis. Promesas irrealizadas reflexiona acerca de lo que constituye al discurso poscolonial visto como un teatro epistémico delimitado (en tanto posición de sujeto colectiva) por la nueva división internacional del trabajo. Es una lectura que posiciona a la teoría poscolonial como un objeto de investigación que señala y cuestiona las repercusiones de los contextos de enunciación, así como las condiciones de forclusión que determinan el diálogo entre el poscolonialismo y su crítica materialista (la que trata con las mismas áreas geoculturales, temas y problemáticas que la teoría poscolonial, pero desde una perspectiva diferente, externa al lenguaje).

 

“POSCOLONIAL” COMO UN SIGNIFICANTE FLOTANTE        

Paulina Aroch sostiene, a lo largo de su investigación, que el analizar las dimensiones literarias, históricas e ideológicas de dichos discursos es confrontarlos con los límites que determinan sus horizontes epistémicos y, de tal manera, abrirlos a las posibilidades políticas e intelectuales que tienen en potencia. Asomémonos, pues, a su potencialidad:

Primero, hay un sujeto que tiene un discurso poscolonial. Por lo tanto, hay inestabilidad, hay contradicción, hay ambigüedad. Uno de los aspectos más problemáticos del término “Poscolonialismo” ─explica Aroch Fugellie─ es su doble uso como descriptivo de un espacio geográfico en un periodo histórico determinado y como descriptivo de una condición abstracta del ser y del conocer. Es decir, que “Poscolonialismo”, al igual que “poscolonial”, puede referirse tanto a espacios anteriormente colonizados, como a una condición simbólica. Este doble sentido opera entre lo poscolonial como marcador de tiempo y lugar, y lo poscolonial como descriptivo de un campo académico. Me refiero a un campo académico tal como una empresa intelectual interdisciplinaria en las humanidades que investiga el legado cultural del colonialismo, sin dejar de ser un marcador o una señalización geopolítica: al final no existe ─o no ha existido─ ninguna distinción entre los dos usos.

Este doble significado de lo poscolonial ─expone Aroch Fugellie─ vacía al concepto y permite el desliz hacia un colapso más grave: el colapso entre el sujeto poscolonial como sujeto académico que, como el otro subalterno, se posibilita por el desplazamiento de críticas estructurales hacia críticas epifenomenales. Este es el punto focal de tensión y convergencia del inmersivo pero expansivo análisis de Aroch Fugellie. El lugar donde la teoría poscolonial es tomada en sí misma como objeto de investigación, enfocada en los lugares de articulación entre el poscolonialismo como una teoría específica, el poscolonialismo como una modalidad particular de la escritura, y el poscolonialismo como una práctica mundana.

Así es como Paulina Aroch deshilvana con templanza y contundencia la enredada cuerda de la teoría poscolonial. Una cuerda que parece sostener una resolución a la falta de acceso a la enunciación que caracteriza al subalterno, pues ocupa el lugar de esa falta y simula su resolución, o eso aparenta.

 

LA NUEVA DIVISIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO (NDIT)

Para Paulina Aroch, la oposición primer/tercer mundo, al referirse al desarrollo histórico más que al espacio, es la única categoría en formular explícitamente los términos teleológicos que subyacen a la división geográfica en medida que apunta a la estructuración geoeconómica del globo y, al mismo tiempo, enuncia la ideología que legitima esa estructura. No obstante, se aleja un paso de la oposición en cuanto que la división del mundo en binarios monolíticos es, en efecto, reductiva. Por lo tanto, su enfoque durante el análisis se sitúa en la nueva división internacional del trabajo (NDIT): la escisión que estructura las entidades en oposición. La NDIT es distinta de la división internacional del trabajo clásica que corresponde al periodo del régimen colonial generalizado: la división de polarización entre “unos cuantos países industrializados produciendo bienes de capital y bienes de consumo”, por un lado, y “la gran mayoría de los países subdesarrollados” produciendo materia prima, por el otro (2015: 34). La NDIT termina por ser una barra, un slash (/) que señala aquello que permanece invisible en el contexto de la hegemonía actual.

Y Paulina Aroch esclarece esto desde las primeras páginas con una fuerte sagacidad y lucidez que destejen y observan con una relativa exterioridad cómo la promesa de la teoría poscolonial se articula con otras promesas que operan en discursos académicos y políticos actuales, tales como las promesas de conexión global, de la democracia liberal, de una libertad constituida dentro de las restricciones del capitalismo tardío, de la inclusión de la diferencia, y la promesa lúdica sostenida por el espacio en blanco.

Pero regresemos a la teoría poscolonial y su interacción con la nueva división internacional del trabajo: en la década de 1960 ─expone Aroch Fugellie─ hubo “un cambio de las condiciones con las cuales la valorización del capital se llevaba a cabo”, tales como el desarrollo de la tecnología avanzada de comunicaciones y transportes. Esta nueva situación “obliga a la subdivisión cada vez mayor de los procesos de manufactura en una serie de operaciones parciales en diferentes locaciones en todas partes del mundo” y produce la industrialización de los países en desarrollo como consecuencia, con un lugar de acumulación que sigue siendo el mismo: el primer mundo (2015: 35). De tal forma, la explotación a través de la división internacional del trabajo aumenta con las condiciones impuestas por la NDIT. La aparición de la NDIT dramatiza y oscurece (por medio del desplazamiento) la persistencia del capitalismo industrial y la división de clases mediante la cual se constituye. Es por eso que la autora considera imprescindible no excluir al modo capitalista de producción (la forma más generalizada de producir valor hoy en día) de ninguna exploración seria de la cultura, ya sea poscolonial o de otra índole.

Pero, entonces, ¿qué es lo que hace el libro de Promesas irrealizadas?

La autora lo dice fuerte y claro:

Promesas irrealizadas hace referencia a una estrategia de la hegemonía contemporánea que, al colapsar el plano de la potencialidad con aquel de su realización, convierte políticas en dilemas ontológicos y elude así el cumplimiento de su compromiso declarado, de su ofrecimiento al devenir, de que algo vaya a pasar. Y si una ideología se define como tal por lo que promete y sin embargo deniega, entonces las deficiencias de la teoría poscolonial sólo pueden ser refutadas seriamente al luchar por el cumplimiento de sus propias promesas discursivas, sus propias promesas que forman parte del dispositivo epistemológico que construye los objetos de su conocimiento, los objetos de la realidad y las maneras en que son percibidos [entendidos] (2015: 39).

 

Y ¿qué hacer ante algo que parece no poder realizarse? Para Aroch Fugellie, lo que queda es negar la negación y realizar, finalmente, la promesa.

Esta idea ─recuperada de Theodor W. Adorno─ sentencia que la crítica a un sistema sólo puede realizarse mediante la negación de su negación: se debe negar la negación que defina a la ideología que tiene en la mira. Esto se produce mediante la realización dentro del concepto o de la ideología de aquello que el concepto o la ideología promete y sin embargo deniega. Y para Paulina Aroch la estrategia ─la única estrategia─ está dirigida a negar la negación de la existencia de la NDIT: negación que tiende a naturalizar el orden geoeconómico actual, pues la exclusión constitutiva de la teoría poscolonial es el otro poscolonial, aquello que el poscolonialismo promete incorporar, pero al mismo tiempo excluye. Esto se resuelve cuando se asume que la posición universal del sujeto enunciante no está estructurada por la agencia de un sujeto como individuo, sino de un sujeto que está constituido intersubjetivamente, por lo que la reducción del poscolonial como subalterno a la esfera de la representación puede ser desestabilizada.

La promesa puede realizarse.

La promesa puede cumplirse.

El cinismo es la forma prevaleciente en la ideología contemporánea, pero hay una excepción en el caso de la NDIT, pues incluso podría contemplarse como la excepción constitutiva de dicha ideología. Al final, la correlación entre la globalidad económica y la experiencia subjetiva cotidiana no ha sido conscientemente internalizada: la capacidad formal y formativa de la NDIT permanece oscurecida. Está también en ti como lector, en mí como escritor de este ensayo construido a base de parafraseo y cita, y está en todos los que día a día reconstruimos al mundo que la globalidad se internalice, se ilumine, se realice.

Paulina Aroch ha cumplido ya con la ardua tarea de examinar y acumular una larga cuerda que está conformando al pensamiento actual, a la cultura, a la sociedad. Ella, con este acto escritural y de pensamiento, este objeto, este libro, está cumpliendo con su promesa desde la institución académica, pero está en cada uno (como sujetos colectivos) realizar acciones donde la teoría podría desempeñarse como performativa en el sentido social más amplio.

Hay que realizar la promesa de la ideología.

Hay que ofrecerle al futuro un lugar a la diferencia.

 

REFERENCIAS

  • Paulina Aroch Fugellie, Promesas irrealizadas: el sujeto del discurso poscolonial y la nueva división internacional del trabajo, Siglo XXI, Ciudad de México, 2015.
  • Gayatri Chakravorty Spivak, Colonial Discourse and Post Colonial Theory: A reader, “Can the Subaltern Speak?”, Columbia University Press, Nueva York, 1994.

[1] Spivak distingue entre representación en vertretung como ‘hablar en nombre de’, como se entiende en política, y representación en darstellung como ‘representación’, como se entiende en arte y filosofía (1994: 70).

[2] Doctora en Humanidades por la Universidad de Ámsterdam, maestra en Estudios de Asia y África por El Colegio de México y Licenciada en Lengua y Literaturas Modernas (con especialidad en Literatura Inglesa) por la Universidad Nacional Autónoma de México.

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