Un disco:

Moonface and Sinaii

My best human face

Jagjaguwar, 2016

No es difícil expresar lo reconfortante que resulta enfrentar la tarea de la exploración musical; sin problema uno puede dar con grandes discos de propuestas poco conocidas. Por supuesto que hay que utilizar algo más que el instinto y la disquera norteamericana que cobija esta propuesta no suele equivocarse –con alguna excepción normal-. Aquí hay una lección de cómo se rockea con fiereza y a la vez se puede tener el estilo de los mejores crooners noctámbulos.

En este momento hay diversas evidencias internacionales de que el post-punk está de vuelta y con gran fuerza y ánimo de renovación. Todo cuadró para tener una experiencia potente con este disco, pues a la postre Moonface es uno de los 6 proyectos que sostiene Spencer Krug –a quien conocemos mayormente por Wolf Parade- y en el que se reúne con el grupo finlandés Siinai para formar una robusta maquinaria rockera (a total plenitud en “Risto’s Riff”).

Grabado como si estuvieran en directo, se trata de un álbum breve (apenas 7 canciones) de estructuras rítmicas machacantes –pasan como una aplanadora- (no extraña que Siinai se oriente hacia el kraut rock) y en las que Krug reparte sus desplantes de una especie de Serge Ginsburg en plan de rockero dark y en metanfetamina. Pero lo que más sorprende de todo es la inclusión de coros (uno de ellos constituido por infantes).

Aunque no todo es prendidez total, también se va madurando las intensidades, como en la inaugural “The Nightclub Artiste”, que cierra a todo tren de teclados y coro. En suma, si de algo está sobrado Krug es de esa capacidad para inyectar épica en estado puro al entorno del rock –y ello no es un asunto menor-. Puede que las multitudes no los aclamen, pero es en las profundidades y los márgenes donde se encuentra muchos veces un arte más auténtico y peleón. No en vano sueltan un himno barriobajero como “Them Call Themselves Old Punks.”

 

Un libro:

Emiliano Ruiz Parra

Los Hijos de la Ira: Las víctimas de la alternancia mexicana

Ed. Océano

Juan Nicolás Becerra

¿De qué forma se podrán enunciar los 12 años de alternativa política y de 3 años del actual y “renovado” Gobierno que volvió de la banca para un segundo tiempo quebrantado y sin resultados, sin llegar al mismo lugar y las mismas impresiones de sentido común: una ineficiencia económica, política y social para atender a los más desprotegidos y vapuleados por las decisiones que en nombre de la democracia y buen Gobierno se han tomado en estos últimos 15 años?

Catástrofes laborales como Pasta de Conchos, donde se sacrificó la vida de trabajadores mineros por cuestiones de negligencia, una cacería inflexible y brutal desde el 2010 a periodistas nacionales y extranjeros, particularmente en el estado de Veracruz que han provocado movilizaciones y protestas, la verdadera pulverización interna del EPR, los irregulares y violentos asentamientos en el Estado de México promovidos por el mismo sistema que los usa como escudo electoral, los abusos perpetrados en contra de los migrantes centroamericanos a su paso por nuestros país y el intento fallido de una alternativa cultural en los centros de readaptación social son algunos asuntos que este comprometido libro pone de relieve en la memoria de los lectores.

Temas recurrentes y olvidados en el país: injusticia social, corrupción, impunidad, violencia, inconformidad, caciquismo, narcotráfico y crimen organizado son llevados al oficio de la crónica periodística del suceso.

El escritor ha señalado acertadamente no se trata de sólo contar las historias de las personas y las víctimas de la violencia en estos hechos históricos sino contar la severa y real anomalía del estado: “el descenso del país hacia lo narco político y la convergencia de la guerra sucia desde un testimonio muy personal”.

Un testimonio documental valiente que permite tener una reflexión muy ilustrativa sobre la mutación social y política que actualmente vive el país.

Los hijos de la ira; Emiliano Ruiz Parra

Los hijos de la ira; Emiliano Ruiz Parra

 

 

 

 

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