Hace unos años, por casualidad, la encontré en Internet. Su voz me enamoró en un instante, pero igual no era tan fan. Nunca me imaginé verla en vivo, fue como una linda casualidad que fuese parte del acto de apertura de Coldplay. Después de una desafortunada presentación de Ximena Sariñana (y no me refiero a que su trabajo sea malo, pero aunque le puso mucha galleta no logró hacer click con la gente) subió al escenario La Havas. Su sola presencia es electrizante, es guapérrima y tiene mucha buena onda. Forgert, de su primer albúm Is Your Love Big Enough? (2012), fue la pieza musical con la que hizo su magia: todos volteamos a verla y comenzamos a enamorarnos de su hermosa voz.

La música de Lianne ronda el  folk y el soul;  comenzó su carrera  como corista de diferentes músicos, entre ellos Paloma Faith, hasta que  Warner le echó el ojo y el resto es historia. No sé cómo explicarles bien, pero su música tiene un sentido particular que eriza la piel, una energía increíble. Debo confesar que, recientemente, uno de los momentos más random, cool, raros, improvisados y chidos en mi vida, pasó por una de sus canciones.

La música de Lianne es una mezcla de dulzura y obscuridad, sus letras están impregnadas de un humor  muy peculiar y un encanto único. Con su segundo álbum: Blood (2015) comienza  a consolidarse, a pasos agigantados, como una de los veces femeninas más importantes de la actualidad. Segura estoy que en unos años será un referente e icono del soul.

Almas bailarinas también en su perfil en Spotify podrán encontrar remixes bien buenos de sus canciones. Dense grasa y enamórense mucho de su música.

 

 

 

 

 

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Fotografía: Kevin Morosky

 

 

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