No sé a la gente, pero a mi Tinder no me ha dado nada más que el morbo de ver algunas cuantas imágenes de mujeres desconocidas. Mientras pensaba en esto busqué en Internet: “la vida en Tinder”, y el resultado fue una serie de notas que alababan a la aplicación. Una de ellas, del portal “de 10” decía: “Tinder es la muestra de que la realidad social ha cambiado. La nueva forma de conocer a alguien, subir la autoestima y reafirmarnos como seres humanos llegó de la mano de una App que, nacida en 2012, hoy nos señala el camino a seguir, la forma en que invertimos nuestro tiempo y para qué lo hacemos. Tinder es una aplicación que cada vez va ganando más terreno. Tiene presencia en 196 países y alcanza 11 mil millones matchs. Su éxito permite que los latinoamericanos, en especial México y Brasil, sean los países con usuarios más activos en la plataforma. Derriban prejuicios y hacen dinero de ello”

Y verdaderamente le creo a esa información. Hace unos pocos días estuvo de visita en México un amigo mío de España. Él, en tan sólo tres horas de haber bajado del avión ya tenía 35 match, había iniciado tres conversaciones con chicas que vivían en las colonias Roma y Condesa, y había quedado de conocer a una de ellas que, por teléfono, le dijo que sabía imitar muy bien el acento ibérico.

Pero el caso es que a mi Tinder no me ha funcionado. Tengo la ferviente idea de que se debe a que soy muy feo y también al hecho de que lo que he puesto en mi perfil debe de sonar demasiado aburrido. Creo que nadie en su sano juicio le haría un match a alguien que pone en sus cualidades ser workaholic.

Además, creo que Tinder es una trampa. Sí, porque no puede ser posible que en esa red estén todas las extranjeras que viven en México y cerca de tu casa, ahí están todas las mujeres altas (más de 1.75 cm), guapas (la mayoría parece fitness), viajeras (abundan las fotos de perfil de las principales ciudades del mundo), amorosas con los animales (selfie con perros a más no poder) y trendys del planeta. Tinder es el Latinchat de los millennials.

Y es que no, por más que lo he intentado, no me la puedo creer todavía que exista en la mente de los usuarios que alguien que entra en un red de “conexión” de amigos, no piense que va a haber uno, varios o muchos, morbosos que van a buscar algo más que una amistad. No, perdonen mi malicia, pero hay que decirlo como es: un altísimo porcentaje de los que se instalan Tinder están buscando follarse a todo lo que se mueva, incluidas sus manos.

Aunque no todo debe de ser así, muy probablemente exista quien haya encontrado a su mejor amigo/a. O quizá existan casos de éxito de alguien que encontró el amor de su vida. En realidad no lo sé. Pero ojalá que así sea. Mientras averiguo si esto existe y conozco a un caso que vaya más allá de lo sexual, seguiré enviando match como se arrojan monedas a las fuente de los deseos.

 

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