Quiero iniciar esta reseña de manera objetiva; sin embargo, previo al análisis del filme, debo dejar algo en claro, de modo que pueda discurrir sobre otras particularidades cinematográficas sin tener que reiterar lo siguiente: Matt Damon es un imbécil.

   Establecido lo anterior, despejado, como quien dice, el aire de la habitación, puedo pasar a hablar acerca de lo que el imbécil de Matt Damon no arruinó de la nueva película de Ridley Scott.

   Misión rescate (The Martian) narra la historia de Mark Watney, astronauta y botánico, quien es abandonado en el planeta Marte cuando sus compañeros lo consideran muerto tras una tormenta. Watney deberá valerse de sus conocimientos científicos para sobrevivir en un lugar sin agua, comida, y sin la posibilidad de un rescate próximo.

   Misión rescate entra en la línea de películas de ciencia ficción “seria” (y enfatícese que lo pongo entre comillas) que han logrado colocarse dentro del círculo paternal de la Academia. Lo anterior, debido a dos célebres y bien premiados antecedentes: Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) e Interstellar (Cristopher Nolan, 2014). De ese modo, Misión rescate se sitúa como la tercera de esta “saga” de supervivencia espacial, la que por cierto, cabe destacar, ya había tenido la participación del imbécil de Matt Damon con un papel secundario en el filme de Nolan. Es así que los viajes al espacio se conciben como un nuevo pretexto para explotar el heroísmo norteamericano, como en su momento lo hicieran, por ejemplo, las películas de guerra, favoritas, también, para los premios Oscar, y que encuentran tramas tan variadas como la del caso de Salvando al soldado Ryan  (Steven Spielberg, 1998), que también nos presenta a un Matt Damon lo suficientemente estúpido para perderse y requerir ser rescatado.

   Ahora bien, de entre estas tres películas, considero que Misión rescate es la menos lograda porque fue, a su vez, la menos arriesgada. Ridley Scott, quien para muchos llegó ser considerado un genio del cine de ciencia ficción (basta mencionar, únicamente, Blade Runner o Alien), nos da una dirección bastante plana, basada en un guión que se empeña demasiado en que nos agrade el personaje y que, por lo mismo, carece de la tensión dramática de sus predecesoras. Tal vez, como defensa a esto último, puede argumentarse el enfoque “científico” de la historia (otorgable, únicamente, a la muy superior novela de Andy Weir); sin embargo, también existe una deficiencia en esto último: Mary Roach, investigadora científica de pluma ágil y mejor humor, nos da cuenta de las adversidades que deben enfrentarse para llegar al Planeta Rojo en su libro Packing for Mars. The Curious Science of Life in the Void. Uno de los temas más complejos abordados en su estudio es el de la psicología y sus implicaciones en proyectos como el Mars500 y, su heredero, el Mars One. En años recientes, se han realizado diversas pruebas de aislamiento para astronautas en institutos como el IBMP (Instituto de Moscú sobre Problemas Biomédicos), las cuales siempre llevan a la misma conclusión: uno de los principales retos para llegar a Marte es el poder aislar a un grupo de personas sin que pierdan la cabeza. La cosa se vuelve más delicada cuando consideramos que, como en el caso del Mars One, se trata de un viaje sin regreso a la Tierra.

   Sería muy difícil suponer lo que implicaría para una persona quedar varado en Marte, sin agua o comida, en un espacio reducido (puesto que afuera no hay oxígeno), condicionado a un traje espacial, sin comunicación con la Tierra y, peor, sin mayor entretenimiento que una larga playlist de música “disco”; pero lo cierto es que es fácil deducir que cualquiera perdería la cordura, incluso el imbécil de Matt Damon. En cambio, Mark Watney conserva suficiente entereza para bromear en voz alta, aventarse chascarrillos baratos con las computadoras de viaje, escribir cuidándose de censurar sus malas palabras y mantener su corte de cabello. A pesar de las adversidades, la desesperación y frustración del astronauta son prácticamente nulas. No sé si atribuir esto último a una deficiencia guionística (puesto que en la novela de Weir sí se percibe este declive anímico y mental) o  al hecho de que Matt Damon nunca ha sido muy bueno en las escenas dramáticas.

   A pesar de lo anterior, Misión rescate es un filme ligero (incluso, palomero), con suficiente agilidad narrativa para entretenernos sin requerir mayores elementos que generen una tensión insostenible. El ingenio de Watney, basado en fundamentos científicos perfectamente creíbles, es un buen recurso que hace que la película se perciba como algo contemporáneo, como si el viaje a Marte fuera una realidad y no mera especulación literaria. Por lo anterior, cabe otorgarle seis notas en negro a esta película, que reduciré a cinco por el simple hecho de que apareció Matt Damon.

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