A veces los compromisos se agolpan, en un fin de semana se pueden acumular varios eventos a los que resulta obligado asistir –desde un cumpleaños hasta una boda-. Así, el viernes comienza un vértigo que no se detendrá hasta la tarde del domingo. El frenesí se incrementa si tienes que viajar a otra ciudad para cumplimentar la asistencia.

Todo comenzó con una cerveza en el Bar 83 de Pachuca y cerró con una tarde de televisión. En todos y cada uno de los momentos, que se van produciendo como si fuera una de esas sorprendentes hileras de fichas de dominó que se van tirando unas a otras, no se dejan de ver detalles que más que confortarnos nos aplican un puyazo y nos hacen creer que este país está condenado al infortunio y que no tiene solución alguna.

  • Nos levantamos con la noticia de un nuevo enfrentamiento entre el Ejército y gente de la comunidad de Ostula, en Michoacán, que dejó entre los muertos a un niño. ¡Como si el horno estuviera para bollos!
  • Casi al mismo tiempo nos enteramos de que varios de los funcionarios que laboraban en la cárcel del Altiplano anteriormente ya había sido despedidos por ineficientes y corruptos; pasado un tiempo prudente fueron llamados de nuevo y colocados en sitios clave de la operatividad del reclusorio. Una evidencia más del sistema vicioso que controla el poder.
  • ¡Y ahora resulta que durante todo el tiempo que estuvo preso El Chapo se les olvidó el “pequeño” detalle de atacar sus cuentas bancarias, identificar sus bienes y poner un freno a su circuito de flujo de capital!
  • No sé qué pensar de una sociedad tan religiosa: durante todo el fin de semana desfilan caminantes a lo largo de la autopista México-Querétaro en dirección a la capital del estado. Los medios informaron que esperan que este año la procesión esté conformada por unas 40 mil personas –rompiendo récord-. Marchan en contingentes separados y aun así el tráfico se colapsa. El viaje dura más de una semana y supongo que esta gente obtiene el consuelo suficiente para exigir tanto a su cuerpo, no tener que trabajar ni preocuparse por nada más que cumplir con dicha “manda”. Ojalá y que su dios les resuelva todos sus problemas. Ellos concentrados en su fe y el país desfilando al despeñadero.
  • Pude constatar que al menos en la histórica ciudad de Santiago de Querétaro la conservación del patrimonio arquitectónico sí corrió a cargo de verdaderos especialistas. La ciudad tiene tanta prosapia y autenticidad como para dejar que la conviertan en mera escenografía como lo hicieron en Pachuca. No se trata de falsear la arquitectura ni de engañar al visitante, sino de respetar las maneras de construcción que la historia va dejando en las ciudades.
  • Es triste reconfirmar que la industria de las artesanías está plagada de productos elaborados en China y otros lugares de Asia que terminan por sustituir a los originales, dado que su precio de elaboración es mucho menor al que ofrecen los creadores mexicanos. ¿Será que la supuesta competitividad debe destrozar a lo auténtico? ¿La originalidad no cuenta?
  • Nuestros ilustres miembros de la selección mayor de futbol padecen un problema crónico de falta de puntería. Las estrellas globales del balompié son implacables al momento de definir, casi no dejan ir oportunidades y es por eso que cobran lo que cobran. Cierto, podemos pensar que se trató de una muy mala noche de Carlos Vela y compañía, pero la estela de fallas garrafales ya se va convirtiendo en un modus operandi. Tal parece que no le podrían meter gol ni al arcoíris. Sus yerros ante la portería tica ya parecía que rayaban en el delirio surrealista.
  • ¿Cómo es posible que la compañía que creó el programa Masterchef a nivel internacional haya permitido que TV Azteca le diera en la madre a los estándares de calidad de sus producciones? La llenó de descaradas menciones comerciales, el nivel de los participantes es mediocre, la conductora es una descerebrada más del elenco de la televisora y la emisión carece de ritmo. Una vez más, los mexicanos le dieron en la chapa a un programa que en otras latitudes ha brillado por su elegancia, solvencia de presentadores y participantes y nivel gastronómico. Aquí nomás damos pena ajena.
  • ¿Cómo es posible que se presenten concursantes en Masterchef que supuestamente aman cocinar y no sepan cómo usar una olla exprés o que comenten jamás haber comido una jaiba? Vamos, entre gente cualquiera no es el fin del mundo, pero se supone que para ellos es su máxima pasión. ¿Acaso otra engañifa?
  • Entre que son peras y manzanas, el precio del dólar ya rebasó los 16.30 y contando. Ya lo dijo El Buki: “¿A dónde vamos a parar?”.
  • En estas andamos, al menos esperemos que esta semana el Tigres de la U. de N.L. llegué a la final de la Copa Libertadores. ¿Qué se le va a hacer? Ya nos acostumbramos a vivir de la patada… gracias a Dios y a la virgencita.

 

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