Las luchas por el poder, por el control del territorio y el control de las personas han estado siempre presentes en la historia de la humanidad. Algunas, la mayoría, han sido sangrientas y desalmadas. Y no vivimos un estado de excepción, ahora mismo, en todo el planeta existen pugnas que están transformando la reconfiguración política y social de la geografía. “Luchas que van desde la insurrección y las protestas para derribar órdenes dictatoriales como es el caso de la llamada revolución democrática en el mundo árabe, pasando por las manifestaciones pacíficas del movimiento DEMOCRACIA REAL YA!, que ha recorrido las plazas de toda España… así como las protestas estudiantiles en Chile a favor de una educación pública. Dichos acontecimientos no son casuales, sino que obedecen a una toma de conciencia crítica que rechaza la perpetuación de ciertos órdenes políticos y económicos emparentados con el abuso de poder y neoliberalismo exacerbado.

Ahora bien, existen también espacios en lucha que pueden ser leídos prácticamente como campos de batalla, donde la muerte, el crimen organizado, la militarización, el descontrol político y social nos hacen pensar en territorios en guerra, tal es el caso del México contemporáneo, donde la clasificaciones políticas y sociales que se han manejado (en occidente) para explicar los fenómenos de violencia en un territorio deben ser actualizadas dado que “los fenómenos de violencia producen un nuevo contexto”.

Esta explicación que la investigadora Sayak Valencia presenta en su ensayo “Capitalismo Gore”, sirve para que podamos entender qué hay detrás de lo que ha ocurrido en las últimas semanas en Hidalgo. Por ejemplo, Valencia afirma:

“Capitalismo gore: con dicho término nos referimos al derramamiento de sangre explícito e injustificado, al altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos, frecuentemente mezclados con la precarización económica, el crimen organizado, la construcción binaria del género y los usos predatorios de los cuerpos, todo esto por medio de la violencia más explícita como herramienta de “necroempoderamiento”. Denominamos “necroempoderamiento” a los procesos que transforman contextos y/o situaciones de vulnerabilidad y/o subalternidad en posibilidad de acción y autopoder, pero que los reconfiguran desde prácticas distópicas y desde la autoafirmación perversa lograda por medio de prácticas violentas rentables dentro de las lógicas de la economía capitalista. Dentro de éstas, los cuerpos son concebidos como productos de intercambio que alteran y rompen el proceso de producción del capital, ya que subvierten los términos de éste al sacar de juego la fase de producción de la mercancía, sustituyéndola por una mercancía encarnada literalmente por el cuerpo y la vida humana, a través de técnicas de violencia extrema como el secuestro, la venta de órganos humanos, la tortura, el asesinato por encargo, etcétera”.

Estas definiciones pueden ayudarnos a comprender cuál es el trasfondo real de lo que ha acontecido en los últimos días: ejecuciones, balaceras y mensajes que el crimen organizado ha dejado en la zona metropolitana de Pachuca. Más si comparamos las cifras con los datos del IMCO del estudio índice de Paz México 2016 donde se afirma que se dan casi 14 homicidios por cada 100,000 habitantes. Y en la misma comparativa del estudio, un dato más preocupante es que Hidalgo es considerado el estado más pacífico, seguido por Yucatán, Veracruz, Tlaxcala y San Luis Potosí.

Creo que sería mejor ponerle atención a estas señales de violencia y crímenes de los grupos delincuenciales, ya que no son hechos aislados, sino una presencia real de que un proceso de necroempoderamiento se está gestando y que el estado puede ponerse más caliente que el sol.

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