Cenamos a la andaluza,

torcemos la espalda como si nos vertebrara una viga de gomaespuma

picoteando de tu comida seleccionada,

después, hay cohetes de feria interior

que anuncian Procesión hacia tu cama,

tú y yo ciempiés recién nacido, pequeño pero ya de una pieza,

en enloquecida apuesta por la vida,

yo detrás;

se me caen los pantalones a cada paso como si fuera un niño con la ropa

del padre que habita en las Alturas,

y yo tragando toda la alegría, creciendo a lo ancho

viajando a los confines de mí mismo, cuando te miro,

colgado con todo mi peso de las cortinas blancas

de este gran sueño.

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