El pasado domingo 22 de octubre era una mañana tranquila en Buenos Aires, las calles comenzaron a poblarse a eso de las nueve de la mañana cuando la actividad comercial inició una jornada más. En las cafeterías se empezaron a servir los primeros cafés cortados y expresos que solicitaban clientes, algunos de ellos con el diario bajo el brazo. No era extraño encontrar algunos sitios un poco más sofisticados, en donde el desayuno discurría al sonar de una melodía de Soda Estéreo.

Ese día fue inusual y especial, pues se llevó a cabo la elección legislativa federal, una cita de gran importancia para el sistema político argentino. Era tiempo de renovar escaños en el Congreso, pero la cuestión que más llamaba la atención de especialistas y analistas locales e internacionales era saber si el actual gobierno oficial de Mauricio Macri obtendría la confianza de la gente en las urnas, lo cual que le daría una situación privilegiada para llevar a cabo las reformas necesarias en su gobierno; si regresaría el kitchnerismo, encabezado por Cristina Fernández, para ocupar espacios de poder; o bien, habría alguna sorpresa por parte de los peronistas. Ninguna opción era descabellada, toda predicción debía tomarse con prudencia.

Esa mañana, todo trascurrió con normalidad en el barrio de “La Boca”. Cuando uno llega a ese barrio de inmediato se nota la influencia de Benito Quinquela Martín, artista de gran importancia que, en los años 50, al percibir que el barrio empezó a envejecer, dado que la actividad del puerto disminuyó hasta desaparecer y que muchas casas se venían abajo, se dio la tarea de reactivar al barrio organizando una exposición al aire libre para distintos artistas. Ahí, en un tramo abandonado de las vías del ferrocarril armó una calle con conventillos y colores. La llamó “Caminito” en alusión al famoso tango de Juan de Dios Filiberto, ésta fue, sin duda, su mejor obra al aire libre y también dio nueva vida al barrio.

Vale la pena citar a Quinquela, quien tiene una historia muy curiosa. Fue encontrado abandonado frente al orfanato de los Expósitos, en donde permaneció hasta ser adoptado después de seis años. En ese tiempo, Argentina vivió una gran época comercial y económica producto del centro aduanal y portuario. Por supuesto, “La Boca” era un barrio en pleno auge con gran actividad comercial, mucha inmigración y en donde la vida no era sencilla para las clases populares. Benito no finalizó sus estudios ya que desde temprana edad tuvo que trabajar para ayudar a su familia. Pero al finalizar sus jornadas, salía de noche a tomar clases nocturnas de dibujo en una academia local a cargo de Alfredo Lazzari.  A los 20 años, el joven Quinquela montó su primera exposición y en 1919 obtuvo un segundo premio Nacional. A partir de ahí, inicia su larga trayectoria artística, llevando su talento por todo el país y el mundo. Nunca cambió el estilo, era fiel al uso de muchos colores, imágenes de puertos, barcos, el carbón, el trabajo obrero y la vida de barrio. En los años treinta, Quinquela inició diversas actividades encaminadas a apoyar a su barrio. A su forma, él quería regresar lo que el barrio le dio. Por ejemplo, donó espacios para obras sociales como el Teatro de la Ribera, un jardín infantil y un Hospital Infantil de oftalmología. Del mismo modo, en 1933 donó un terreno para construir una escuela pública con la condición de que los dos primeros pisos fueran la escuela, en el siguiente piso se abriría un museo de artistas argentinos y el piso final sería su casa y taller de trabajo. Además, pidió decorar las aulas de la escuela con sus murales, un gran gesto.

En esta escuela se instalaron un par de casillas electorales en donde los vecinos del barrio acudieron a votar el domingo. Si usted se pregunta qué diferencia tenía esa jornada electoral con alguna elección mexicana, podríamos decirle que de entrada, Buenos Aires no estaba tapizada de la basura electoral en las calles, cosa muy común en tiempos de decisión en México. Otra cosa a destacar fue que las mesas electorales son muy agiles y tampoco encuentras a los llamados defensores del voto que generalmente presionan a las personas que acuden a votar. Al contrario, el escenario fue de mucha tranquilidad, de hecho, nunca supe o leí que alguna casilla haya dejado de instalarse por rasgos de violencia, parece que hay otras formas, al menos en el barrio de “La Boca”.

Al final, al anochecer todos los argentinos seguían con atención a través de la radio o la televisión cómo se iban desahogando los resultados de la elección legislativa. En algunos casos, no importaba pagar 30 mangos (pesos) por media hora de una televisión en la estación de autobuses de Retiro, era lo único importante en ese momento, pues no hubo jornada de futbol. El deporte nacional paró ese fin de semana debido a la actividad electoral.

Los primeros conteos dieron una sonrisa a los seguidores de Mauricio Macri, pero conforme seguían fluyendo los datos la sonrisa fue cada vez mayor y terminó convirtiéndose en euforia. El partido de Macri, “Cambiemos”, arrasó en todas las provincias, su triunfo superó todas las expectativas. Esto en teoría permitirá al presidente, en el corto plazo, implementar reformas a su placer. Con lo cual, en un tiempo en que gran parte de los presidentes de la región conviven con legislaturas divididas, el resultado convierte a Macri en el presidente con mayor fuerza política en toda América.

Vale la pena mencionar que Mauricio Macri era un personaje del que no se esperaba mucho, ni como empresario y mucho menos como político, incluso su mismo padre no le tenía ninguna confianza. Aún así, inició en el mundo empresarial con pocas expectativas y de pronto se convirtió en presidente de Boca Juniors. En el club xeneize modificó la gerencia del club y al poco tiempo obtuvo muchos éxitos deportivos que lo hicieron muy popular. De ahí, otra vez sorpresivamente, incursionó en la política, pero aquí el cambio no fue sencillo pues de inmediato la prensa se metió con él burlándose de su aspecto, de su forma de dirigirse a la gente, que era un hijo de un millonario (muy cheto dirían), pero sobre todo que tenía nulo conocimiento de la política argentina. Nuevamente poco a poco consolidó su poder, primero, en la no sencilla tarea que implicó ganar y gobernar la alcaldía de Buenos Aires, después como legislador, ganó la presidencia del país y finalmente, el domingo su partido ganó en los cinco distritos más importantes de Argentina, concentrando el 40% del total del voto a nivel nacional.

La victoria de Macri no es ninguna novedad, él supo aprovechar aspectos clave como el rechazo de los últimos años hacia el kirchnerismo por parte de amplios sectores de las clases medias urbanas y rurales, el aislamiento internacional de países vecinos, la debacle del peronismo, la explosión del mercado negro del dólar que es perceptible en cualquier calle peatonal de la capital que mantiene la economía en suspenso y los numerosos escándalos de corrupción de los gobiernos precedentes. Todo esto provocó que el voto se encauzara a cualquier opción política que ofreciera un cambio.

De esta forma, apoyado en esas clases medias y rurales, “Cambiemos” ha ido conquistando paulatinamente la simpatía de las clases bajas, sector fiel del peronismo. En un trayecto de la universidad Nacional de Villa María hacía la capital de la Provincia, Córdoba, la Maestra de la misma universidad, Fabiana Calderón y un servidor, nos preguntábamos como era posible que Macri ganará la simpatía de las clases populares que inicialmente le repudiaban. La conclusión era sencilla, al parecer el hartazgo de la corrupción durante el gobierno de Cristina Fernández, tenía mucho que ver. Los subsidios no eran suficientes, la gente también quería transparencia. Ni siquiera el caso de Santiago Maldonado, joven de 28 años que desapareció durante una operación policial de represión a unos mapuches en la Patagonia y que su cadáver fue encontrado ahogado en un río seis días antes elecciones legislativas. Ni esto afecto los resultados electorales.

Y es precisamente el apoyo de estos sectores lo que llevó a Macri a ganar con autoridad en Córdoba, Santa Fe, Mendoza y la provincia de Buenos Aires. De hecho, en la capital ganó con más del 50% de los votos. Empero, lo que sorprendió a muchos analistas son las victorias en Salta, donde gobierna una de las promesas del peronismo, Juan Manuel Urtubey. O en La Rioja, donde se presentaba el expresidente Carlos Menem. Incluso se impuso en la patagónica Santa Cruz, cuna de poder de los Kirchner.

Al parecer ninguna cuestión económica o social afecta al gobierno de Macri. Pues ni la crisis económica, que golpea duro a los sectores más débiles de la sociedad, basta ver los precios en las calles de la capital, pues sufren la segunda peor inflación de América. Empero, los argentinos de clase media en las ciudades y la gente que vive del campo, se han visto beneficiados por la disminución de impuestos, parecen decididos a dar una oportunidad a este gobierno.

De esta forma, los resultados electorales dan un giro al mapa político argentino, el cual ha sido dominado durante los últimos 70 años por el peronismo, que ahora queda tan tocado de fondo y no se espera que regrese en mucho tiempo. No obstante, no es conveniente realizar ningún pronóstico en Argentina, aunque todo indica que Macri se va a consolidar como un referente por los siguientes años. De hecho, el resultado lo deja posicionado para una posible reelección en 2019, una idea que al iniciar su mandato era absurda. Pero que ahora cobrará fuerza pues cuenta con un enorme capital político, aunque reiteramos en Argentina es complicado hacer cualquier previsión.

Además, “Cambiemos” ha sabido hacer cantera, pues ya hay posibles sucesores que darán continuidad a esta opción política como María Eugenia Vidal, gobernadora de Buenos Aires, o Marcos Peña, Jefe de Gabinete y mano derecha de Macri. Así, de ser hasta hace poco un grupo pequeño de poder local, ahora se consolida como un eje político en Argentina.

De momento, las medidas del gobierno de Macri ya se sienten en la calle. Si bien él prometió durante su campaña presidencial y en los primeros meses de su mandato, que el fútbol argentino se vería de manera gratuita y por televisión abierta hasta 2019, esto dejó de ser cierto, ya que el gobierno finalizó el contrato “Fútbol Para Todos”, firmado por el anterior gobierno de Cristina Fernández. Y ahora sólo se podrán ver las transmisiones del fútbol argentino si se paga por ello. A la distancia parece exagerado que un gobierno pague por esta actividad, quizá debería tomar ese dinero para desarrollar más programas sociales o mejorar hospitales. Sin embargo, es un hecho que el bolsillo de gran cantidad de argentinos no está en su mejor momento y al menos podía llegar a casa a ver el futbol. Dos comentarios reflejan el sentir. Primero, me comentó el portero de un edificio en la capital: “ni modo a seguir al rojo (Independiente) por la radio, estos dan partidos que sólo se inventan ellos, pero así es flaco”. Mientras en un bar de San Telmo se dice categóricamente: “Es frustrante, por la mañana vi el Manchester United contra Tottenham gratis, sin embargo, para ver a Lanús en la cancha de Huracán debo pagar”.

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