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Death Cab For Cutie

Kintsugi

(Atlantic, 2015)

Juan Carlos Hidalgo

Hay grupos que de alguna manera se han colado a las profundidades de nuestras querencias, se instalan ahí y no tan fácilmente se quieren salir. Algunos de ellos viven de sus momentos de gloria y lo utilizan como un remanente para que les creamos. El grupo del norteamericano Ben Gibbard tiene fama de ser una de las glorias del indie, pero hay que decirlo su discografía es dispareja.

Aplaudo que en ciertos países las carreras de los grupos sean un asunto de largo plazo y encuentren la manera de llegar incluso a un octavo disco, como en este caso. Se trata de un oficio en el que interviene el acierto y error. A veces las obras se logran y otras no. Y aquí están de regreso tras 4 años con la novedad de que su guitarrista y productor Chris Walla se ha ido; al resto no les quedó de otra que reinventarse.

Gibbard se afianzó en letras mucho más directas y comprensibles para canciones eficientes que no pretenden otra cosa que apelar a la autobiografía. El nombre mismo del disco alude a un arte japonés de hacer lucir hermosas a cerámicas que se han roto (pegándolas). Eso mismo ha intentado la banda y el resultado va más allá de lo decoroso. El indie tiene que ser inmediato, así salga de instrumentos tocados por veteranos.

Para colmo, Ben ha tenido que reponerse del divorcio de Zooey Deschanel (que deber ser algo tremendo). Uno más de los álbumes de ruptura que han inundado este año. 11 canciones que sugiero escuchar como un obra unitaria, pero ante el apremio de los sencillos, pues “No Room In Frame” es un fiel reflejo de la melancolía y la desilusión que contienen. Canciones con las heridas y las roturas expuestas.

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Cristina Rascón Castro

En Voz Alta

Nitro/Press-CONACULTA, 2014.

Juan Nicolás Becerra

Con una soltura incisiva, los relatos que integran este libro son muy apremiantes con el lector y lo van trasladando por distintas fronteras donde se pone de relieve el amor, la conjura, las costumbres y lo disímil de la vida para algunos y desde luego una narrativa impecable.

Ambientado en su mayoría en el norte del país, el libro se asoma con pundonor al otro México, el de una frontera de la que poco sabemos y que guarda tradiciones muy siniestras en términos sociales, religiosos, económicos y por supuesto raciales. La presencia femenina también es un factor determinante en este material y se presenta de una manera alentadora y con la posibilidad de esperanza.

Con suma elegancia descriptiva está conformado este texto, que puede ser intenso en algunas páginas y nada predecible en otras; de hecho es un tanto desgarrador. Aquí se aborda además la miseria, el odio, la desesperanza, la perversidad y la desigualdad contados con una enérgica y compulsiva Voz Alta.

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