Nunca he sido un entusiasta de los westerns. Aun así, me he encontrado con algunas buenas películas que, tal vez, escapan del agrado popular por situarse en fórmulas bastante genéricas. Ejemplo de ello es The Quick and the Dead, de Sam Raimi. En este western, el creador de Evil Dead explota los estereotipos del Viejo Oeste para otorgarnos una historia de pistoleros solitarios, venganza, honor y duelos a muerte. En general, creo que eso basta para hacer una buena película de vaqueros.

Por lo mismo, no puedo decir que el remake de Los siete magníficos me pareció aburrido. Por el contrario, fue grato toparme con un filme sencillo, que innova poco y prefiere contar con cowboys duros, villanos codiciosos y escenas de balaceras que involucran caballos, indios y pólvora. Ahora bien, confieso que jamás vi la versión original de esta película. Sí vi, en cambio, Los siete samuráis de Akira Kurosawa, en la que se basó el western norteamericano de 1960. Por lo mismo, es fácil reconocer la fórmula, en la que un líder tiene que reunir a un equipo para llevar a cabo una misión suicida (por ahí leí que la de Kurosawa fue la primera película en emplearlo), y que se repite en obras tan taquilleras como Armageddon (Michael Bay, 1998), así como en numerosas heist movies, tales como Ocean’s Eleven o The Usual Suspects.

Ahora bien, creo que esta fórmula es, justamente, uno de los primeros puntos que puedo criticar sobre Los siete magníficos, puesto que para que funcione la misma se debe contar con un grupo de personajes que intriguen al espectador y, por lo tanto, generen empatía; una situación que no sucede en el caso de la versión dirigida por Antoine Fuqua. Aquí, la mayoría de los pistoleros que conforman el equipo dirigido por Chisolm (Denzel Washington), son tan planos como el líder de la banda. A pesar de que se pretendió una supuesta pluralidad cultural al incorporar a un mexicano, un japonés y un indio al equipo, los roles de cada uno se perciben como intercambiables. Esto se siente, de igual forma, debido a que el mismo Denzel Washington suele ser bastante parco en sus papeles. De hecho, personalmente, nunca me ha caído bien. Y digo personalmente porque, historia cierta, el actor se negó a otorgarme su autógrafo cuando me lo encontré en un restaurante durante su estadía en nuestro país para filmar Man on Fire. Por lo mismo, creo que estoy legitimado para decir que, desde entonces, suelen desagradarme casi todas las películas que este actor protagoniza. Incluso puedo aprovechar para mencionar que me sorprendió bastante su baja estatura (y miren que yo, definitivamente, disto de ser Michael Jordan). Ahora bien, una vez desahogados estos traumas del pasado, reitero que Los siete magníficos no me desagradó del todo. Ni siquiera considero que el papel de Washington como Chisolm haya sido desacertado. Únicamente, pienso que la historia atrae más como un simple western de vaqueros y villanos, antes que como una trama, auténtica y pasional, basada en la calidad de sus personajes. Esto es algo que no sucede, por ejemplo (y por más extraño que esto suene), con Armageddon, de Michael Bay. A pesar de que nunca creí elogiarle nada a este director, creo que los personajes que integran el equipo destinado a salvar a la humanidad, despiertan, desde un inicio, la empatía del espectador.

En ese sentido, puedo exaltar, únicamente, la interpretación de Ethan Hawke como Goodnight Robicheaux. Creo que, dentro de un grupo de personajes flemáticos y bastante sosos, él es el único que logra agregar cierta originalidad a su función actancial. Al menos parece poseer un drama interno que le permite, por lo mismo, mostrar un conflicto anímico mucho más interesante. Sin embargo, la fluctuación de vicios y atributos en el resto de los “magníficos”, todos muy parecidos entre sí, termina por diluir al propio Goodnight.

Comparable a la parquedad de los héroes, es la insipidez de Bartholomew Bogue, el villano interpretado por Peter Sarsgaard. Considero que para crear un buen antagonista, debe prescindirse de la usual crueldad injustificada, así como de ese discurso reiterativo de “soy tan malo que tengo que matar a un inocente en los primeros minutos de la película”. Un buen villano (me viene a la mente el Joker creado por los hermanos Nolan para su versión de Batman), posee un trasfondo personal mucho más profundo y enigmático. Incluso, su crueldad puede ser sutil y mesurada. Bartholomew Bogue es, por el contrario, muestra de una falta de creatividad por parte del elenco de Los siete magníficos.

Como ya he mencionado, no niego que esta simpleza y exceso de lugares comunes resulte efectiva. Al final, la acción dramática, aunque mediocre, es ágil y consecuente con la temática del Viejo Oeste. La premisa se sostiene bastante bien desde un inicio, puesto que sabemos que cada personaje cumplirá adecuadamente su función para llevarnos, de ese modo, a un combate final que resulta, en cierta forma, emocionante. Me complació, también, que a pesar de la inserción, un poco fortuita, de un interlocutor femenino en la historia, Fuqua no cayó en la necesidad de crear un romance entre este y otro personaje (juré que Josh Faraday y Emma Cullen terminarían en la cama), sino que prefirió concentrarse en llevar a todos sus protagonistas a un mismo escenario, en igualdad de circunstancias. En ese sentido, ninguno de los personajes parece tener algo que perder, lo que acentúa el tono cínico y despreocupado de los arquetipos que estelarizan esta clase de películas.

En definitiva, Los siete magníficos no es un gran filme. Ni siquiera sobresale como un buen western. Simplemente, creo que se sostiene como una película entretenida que cumple bien con su función temática y hace que las palomitas se acaben más rápido de lo que uno piensa.

7 notas en negro.

 

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