Por: Asfalto

En aquella lejana adolescencia me encontraba estacionado en el ocio habitual de quien se formula las preguntas que todo ser humano se plantea por lo menos una vez en su vida, ¿De dónde vengo? ¿Qué hago aquí? ¿Hacia dónde voy? ¿Por qué yo? ¿Y Por qué no? Pasaban las horas y los días  y el parásito seguía nadando en la estática de un entorno estéril. Afuera de esa nube de neblina la vida pasaba, la gente amaba, odiaba y se metía en problemas y yo seguía buscándome una virtud, algo que me atrajera y me llenara, algo que pudiera hacer bien y nada de nada, no conseguía encontrarlo. Quizá efectivamente, yo era un bueno para nada como mi papá me había dicho con tanto coraje.

Al abrir las libretas para estudiar, algún pensamiento insulso ganaba mi atención y pum, una energía inexplicable se adueñaba de mi pulso y escribía sin parar lo que pensaba, por más escabroso que esto fuera. Hojas y hojas llenas de aforismos y e ideas sueltas. Decidí de pronto transitar por el camino empedrado, por el lado oscuro que llevaba al mismo destino pero era un poco más largo y sinuoso. Conocí mucha gente, me llené de un cúmulo de vivencias que exigían ser liberadas de alguna u otra forma. Después de algún tiempo en un ejercicio escolar me vi en la necesidad de elaborar un ensayo, por alguna extraña razón a la Maestra de historia le encantó y después de una felicitación me impulsó a seguir escribiendo. Desde ese momento mi vida tuvo un poco de sentido. Quería vivir para generar y transmitir ideas, cazaba historias que después aderezaría con algo de ingenio frente a la Dell Pentium III. Jugaba un poco a ser dios manipulando a mi antojo la vida de los personajes para luego darles un desenlace certero y abrupto en cada narración.

Una mano invisible me puso al rap en mi camino. En esa feria patronal de Real del Monte adquirí un cassette pirata en un puesto, una grabación que supuestamente contenía Rock Clásico que creí, sería un buen regalo para mi padre y al insertarlo en una grabadora grande sería mi sorpresa al escuchar un montón de rimas oscuras, quedé impactado. La verdad tardé un poco en descubrir el nombre del grupo al cual pertenecían los raps que venían en la cinta, en ese momento no tenía acceso a la vasta información del ciberespacio, pero lo conseguí. Si bien es cierto, ubicaba a varios grupos de rap anglosajón, pero escuchar  por primera vez rap en español  de aquella calidad me cambió la perspectiva, me sacudió totalmente. Era  una transmisión directa de imágenes al cerebro, de estados de ánimo, de rabia y desencanto en rimas estéticas. Amor, nostalgia y posturas contestatarias en versos escupidos sobre un loop hipnótico. Secuencias pegajosas y tajantes detrás de versos, bombos que galopaban impune y continuamente el track, melodías simples manipuladas que envolvían a los raps, sinfonías, pianos y guitarras secuenciadas al gusto para encajar los mensajes sonoros.

Eso era para mí, no quería ser el adolescente con guitarra que cantaba canciones ñoñas de amor para enamorar pubertas, carajo, yo quería hacer rap, sabía que no pertenecía a ningún otro círculo, yo formaba parte de ese mundo que poco a poco iría descubriendo con la revista Hip Hop Nation. Navegué un universo nuevo a la velocidad que me permitió el Módem del internet telefónico. Mis textos trataban de encontrar su lugar y tener sentido para encajar en un ritmo básico y arcaico exportado por las cuerdas de una guitarra de Paracho.

Recuerdo que aquella tarde fui a hacer un trabajo escolar con otros compañeros de la escuela a casa de Iliana, pero cuál sería mi sorpresa al descubrir que su hermano era Dee Jay y le decían “Insano”. Abrió la puerta de su habitación y se dispuso a conectar un sintetizador y una caja de ritmos para colocarla en su sala. El micrófono y el atril estaban listos al instante en que entraba un personaje con bermuda holgada, gorra beisbolera y tenis de basket, era un tal Mad B. Comenzó a sonar la pista. Era un beat de rap producido por Insano y Mad B se dispuso a grabar sus barras. Quedé pasmado. Al finalizar la sesión me acerque tímidamente a buscar plática, era justamente lo que yo quería hacer con todas mis ganas. Fue mi primer contacto en directo con el Rap. Vaya que Insano me apoyó con mucha paciencia. Tenía tanto que decir con mi incipiente habilidad que tiempo era lo que faltaba. La tecnología nos alcanzó, los softwares de producción musical como Frooty Loops, Reason y Live podían adquirirse de forma pirata por un costo mínimo en la fayuca, los instalabas en tu computadora y podías comenzar a crear, según tu habilidad. Conseguías un micrófono barato y podías grabar desde la comodidad de tu casa. De un tajo saque como quince canciones, fue una etapa grandiosa, conocí a algunos locos haciendo lo mismo que yo, empapándose de rap, haciendo graffiti, bailando break dance. Me encontré en el camino a Viate MC de la 11 de julio y Lingo de Orgullo Mexicano necesitábamos subirnos al mismo tren: generar rap. Decidimos buscar un nombre que enarbolara la idea de transmitir vivencias y narraciones locales, historias cotidianas y verídicas, teníamos el nombre: Liricas Crónicas. El proyecto fue volátil e inestable, sólo yo continué con el nombre. Comenzamos a pegar más fuerte cuando se integró MC Frogger, estudiante de Ciencias de la Comunicación, y Marco Borbolla “Both Flow”. Los conocí en la ya extinta “Gruta”, local que albergaba grandes eventos de todo tipo y se situaba frente a la Presidencia Municipal de Pachuca”.

Era un evento de Aniversario del grupo “Orgullo Mexicano” que estaba integrado por Tonny Dogg, Lingo y Endy Dogg los cuales acababan de llegar del distrito federal después de haber rapeando en el festival Vive Latino, así de pesados estaban esos tres. Eran mis primeros directos donde subía con más ganas que habilidad, mandé un saludo a mi tierra Real del Monte y al bajar de la tarima me abordó un muchacho avispado, comentándome que también era del Real y que le gustaba el rap, lo demás fue historia, teníamos amigos en común e hicimos química al momento, pasamos muchas aventuras recorriendo algunas ciudades compartiendo lo que hacíamos. Hoy hace nueve años de que iniciamos el proyecto Líricaz Kronicaz, nombre gramaticalmente incorrecto, como lo que representábamos, transgresión en las letras de nuestros raps, hablamos de lo que queremos porque a ninguno de nosotros nos gustan las etiquetas. Hacemos rap por el placer de sonar, para sentirnos vivos, nunca por moda o por llamar la atención y así seguiremos porque somos esto, el facto del Hip Hop, la praxis de su tesis.

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