Las voces que habitan en mi casa cada día que pasa, parece que han perdido todo rastro de pudor y no temen mostrar sus ecos desnudos por todas partes, a veces las oigo susurrantes, escondiendo entre los marcos de las fotos y las plantas las sílabas de sus frases mudas; a veces gritan y giran como torbellinos de palabras que golpean frenéticamente cada uno de los muebles.

Era de noche cuando entre la oscuridad de mi casa aparecieron por primera vez, yo apenas me acurrucaba entre las frías sábanas de mi cama, cerrando los ojos para pretender que mi insomnio podría ser vencido por mis parpados que se apretaban con fuerza, cuando entre la oscuridad surgieron, elevándose primero como el sonido de un eco que envolvía cada rincón de mi habitación desierta y confundiéndose con las voces incesantes de mis vecinos a las que ya estaba habituada; sin embargo, desde aquel día, permanecieron conmigo, se instalaron entre mis cosas y se apropiaron de mis espacios como colonizadoras en una tierra nueva. Las encuentro entre las hojas de mis libros, durmiendo plácidamente entre mi ropa o escondidas bajo mi cama y las escucho cantar y reír a todas horas, en especial por las mañanas antes de irme al trabajo.

Desde hace algunos días he notado que han aumentado, en cada rincón de mi casa me encuentro con una y con un nuevo relato que me deja boquiabierta unas cuantas horas. Es curioso cómo los ecos del mundo pueden volverse bandadas e ir anidando por los rincones de las casas más simples. Es curioso como ellas han venido a vivir aquí, a refugiarse del ruido exterior que las devora para transformarse en las historias que me acompañan en cada hora del día. Yo no me quejo las oigo hablar, las oigo hablarme y correr por los rincones de mi casa dándoles la vida que el mundo les ha quitado, a veces las baño y las duermo conmigo dejando que el calor de sus palabras me inunde y me pierdan en los sueños más profundos y abstractos. Y las alimento, las escucho en cada instante y las dejo salir abriendo de par en par todas las ventanas para después verlas volver junto con otras que se instalan también en esta casa. He pensado seriamente en buscar un espacio más grande en donde quepamos todas, mis voces, sus historias y yo, y puedan crecer, reproducirse y reproducir sus cantos llenando con la alegría de sus tonalidades cada uno de mis días de ausencia.

No me molestan, podría decir que hasta me acompañan, a veces al llegar cansada de mis días adultos me envuelven entre la magia de sus historias. La segunda noche que estuvieron conmigo me contaron un pequeño relato: «Era de madrugada, el sol aún no despuntaba en el horizonte y dentro de una pequeña casa la luz mostraba a una niña que comenzaba con su labores diarias, se apagó la luz y la niña salió a caminar por el bosque entre la bruma matutina y los cantos de la aves que apenas despertaban. Al llegar a un cruce, se encontró en el suelo una manzana, sin saber por qué ni cómo estaba justo en aquel lugar, la tomó y le dio un mordisco. No había pasado ni un instante cuando desde la punta de un árbol apareció un ave negra que voló alrededor de ella arrebatadamente para después elevarse sobre sus hombros y desaparecer en el cielo que aclaraba, la niña suspiró y al exhalar sintió con terror como el calor de su voz escapaba por su garganta flotando entre las ramas y desapareciendo detrás del ave. Y así termina y con ella mi imaginación vuela junto con aquella ave y cada relato que se transforma en mil memorias casi tangibles que puedo guardar entre mis recuerdos y mis artilugios diarios».

A veces al caminar por la calle encuentro rastros de voces que escurren por los rincones de las aceras, que se pierden entre el ajetreo constante de la vida humana y en su incapacidad de ver más allá de sus plasmas mutantes. Las veo tiradas, las veo escurrir de las bocas cerradas y las acojo entre mis manos, las escucho y las llevo a casa; algunas son más interesantes que otras, algunas son más alegres que otras, algunas son más hermosas que otras, pero al final todas quieren ser escuchadas.

Las voces que habitan en mi casa cada día que pasa van aumentando y yo les doy hogar a todas para que me transformen con su aliento.

Comentarios

Comentarios