El sábado de la semana anterior a los terremotos del 85, ocurrieron un par de hechos en
casa de Rodrigo González, ahora sí, que autollamado Rockdrigo, y su compañera, cuyo
nombre traducido del francés al castellano de México por él mismo, era Pancha. La bella
rubia con ojos de sulfato de cobre que pronosticara López Velarde, y Rockdrigo González
mismo, se encontraba, quizá un poco más él que ella, bajo los efectos de la deshidratación
postetílica. Eran las 10:30 de la mañana cuando sonó el timbre de su departamento. Se
asomó por la ventana del elevado piso donde se encontraba, despeinado aún por el fuerte
viento nocturno y sin sus acostumbrados lentes oscuros:

– ¿Qué pues?

– La entrevista de hoy, maestro – le dijo el de la voz, mostrando la grabadora que
registraría el trabajo.

– Vuelan – respondió el compositor refiriéndose a las llaves del edificio.

Entonces arriba fue el reportero que, coincidencias de los fines de semana,
padecía del mismo mal que el músico: cruda con todas las agravantes.

– Deja ponerme los lentes porque sino, nada más no veo – la luz entraba,
ciertamente, con un brillo brutal para el estado de salud de entrevistado y entrevistador. Ni
te fijes por el tiradero. La Pancha está igual, al rato sale. Qué, ¿nos tomamos algo?

Nos lo tomamos. Fue un té de menta, ligero, tibiecito. No lo único que había en el
departamento, sino lo único que la garganta de ambos podía soportar.
Sucedió la entrevista, que sería la última que diera el compositor antes de
quedarse dormido para siempre la mañana del 19 de septiembre.

 

Se trata de ser uno mismo: jugar con la realidad y el mundo de los sueños

César Güemes y Ángeles Huerta del Río

 

Es Rockdrigo: “Pero pásenle, pásenle. ¡Puta, esta pinche cruda! ¿Un tesito? Hay menta y
limón. Aguanten, voy a poner el agua”.
Es Françoise: “Qué dónde conocí a Rockdrigo? Nos presentó una amiga común
que trabajaba en Bellas Artes, hace casi siete años”.
Inicia la entrevista con Rockdrigo González.

– “Qué onda, qué onda, a ver, el de menta, el de limón. Pues una musiquita ¿no?
Como para reportaje o entrevista”. (Las melosas notas en la voz de Rod Stewart van
envolviendo el sitio, van tiñendo los libros, los carteles embarrados en la pared, los cojines
donde nos aprestamos a escuchar los conjuros del sacerdote rupestre, ¿rupestre?)“Quiero conservar mi individualidad de átomo, pero no olvidarme que soy un ser
social y colectivo, entonces funciono en los diferentes niveles para estar acorde con el
universo…”.

El pasado: “Un tiempo vendí cuadros con mensaje científico, por ejemplo: „El
trovador y los tres pescaditos‟ o éste „El anillo de la princesa Diana‟. El anillo ¿eh? no la
piedra… Y así, hice un chorro, pero te tienes que dedicar, zapatero a tus zapatos. Andaba
muy desperdigado entre pintando, haciendo canciones, escribiendo cuentos, inventando
diseños industriales para hacerme millonario, pues andaba hecho un pinche loco ¿no? Hasta
que me llegó la música de lleno”.

– ¿Desde cuándo?

– “Desde hace como diez años yo ya vivía de esto, andaba allá en Tampico
tocando en burdeles canciones de protesta con otro cuate que tocaba el violín, y así,
hacíamos un dúo bien peculiar. Éramos algo así como un chou, uno a las doce y otro a las
dos de la mañana. Entre toda la bola de gañanes, de pránganas y de prostitutas, ahí en los
congales, estábamos echándonos canciones de protesta. Y nos contrataban. Yo creo porque
decían: „Estos güeyes han de estar locos‟…”

La infancia y la juventud de Rockdrigo, vividas en amasiato con la frontera norte,
marcaron su inclinación por el rock y, sobre todo, por el sentimiento real que lo produce. El
músico, además de tal, también recibió otras influencias: las de la arena, las de la playa, las
del mar. Dice: “Me gustaba bucear, era todo un mundo allá abajo. Me gustaba mucho la
pesca, y aunque nunca aguantaba muy bien la mareada, gozaba mucho cuando veía toda la
cantidad de cosas que se sacaban del mar. Montañas de cosas, chingadera y media,
caracoles, peces de todo tipo, ¡ñañara y más!”.

“Tampico es un conglomerado de influencias musicales, vives en la eterna
pachanga, yo recuerdo que la casa de mis padres y la de mis abuelos estaba situada a tres o
cuatro cuadras de diferentes centros de baile, en la esquina de la casa había una discoteca,
luego había otro lugar donde se bailaban puras cumbias, otro de tangos; el personal, pues,
siempre estaba movido, entonces -dice irónicamente- quién sabe por qué en la colonia a
todos nos gustaba tocar algún instrumento. Tenía entonces como quince años y empecé a
componer casi inmediatamente”.

Escuelas: “Después de la prepa anduve por aquí y por allá en diferentes carreras y
en ninguna me quedé. La verdad no quería estudiar. Nomás andaba viendo si en alguna acá
me emocionaba, ¿no?, para entonces hacerle caso a mis papas y ser un buen chico… pero
después de estar en siete carreras y no hacerla me mandaron a la goma y yo, feliz” Y
aunque su formación no fue académica, Rockdrigo se llenó los ojos de letras: “García
Márquez, Rulfo, Sabines, de los más fregones, Artaud, que me gusta pero está muy loco,
ese libro que anda por ahí me lo regalaron, no sé con qué fin…”

– Se ha dicho por ahí que eres el Bob Dylan mexicano, ¿qué piensas de eso?

– “Pues están muy mal, porque sólo fijan su atención en puras características
externas. Aunque no niego mi influencia dylaniana, pero también hay una influencia muy
cabrona de los Beatles. Yo no pienso que toque como Bob Dylan; no es por presumir, pero
yo pienso que toco mejor la guitarra que el Dylan loco, yo lo he oído requintear, y la
verdad, lo hago mejor”.

– ¿Cuáles crees que hayan sido tus aportaciones más importantes al rock?

– “Pues yo creo que muchas: José Agustín plantea que logré integrar el lenguaje al
rock and roll, el Víctor Roura dice que soy el que ha dado un lugar respetable a la guitarra
acústica en el rock, por ái se dice esas cosas… Lo que sí siento es que he tratado de abrir el
campo para las temáticas. Y aparte de los contenidos también he tenido la idea de meter el
comic en la canción, no sólo como las canciones chistosas de Chava Flores, sino que tengan
una estructura de comic, de pasquín, pero en una rola”.

– ¿Con qué astros, con qué tiempos tiene compromiso Rockdrigo?

– “Pues fíjate que yo en realidad, me dejo llevar, porque no creo que sea mucha
responsabilidad estar diciendo mentiras en un mundo de sueños. Trato de ser lo más real
posible, lo más equilibrado según yo, lo más sabio; si de alguna manera influyo a alguien lo
hago sólo con mi actitud, aunque soy un irresponsable cabrón, la neta, y no me siento un
guía político ni religioso ni nada. No puedo tener una responsabilidad de qué decirles, pues
qué quieren que les diga: mi compromiso es con la realidad, y como la realidad es todo, me
gusta componer disparando en diferentes direcciones”.

“Cuando los científicos están inventando un sistema, están haciendo arte.
Nosotros estamos también haciendo ciencia a la vez, todos estamos inventando nada más.
El científico está inventando máquinas, el artista está inventando formas estéticas,
espirituales y la chingada, el religioso está inventando dioses, el filósofo, teorías para
explicarse el cotorreo. Todo mundo está inventado madre y media, es un inventadero de la
chingada. ¿Otro té?, creo que ya se les acabó el cassette, en lo que le dan la vuelta yo voy a
la cocina”.

Regresa Rockdrigo: “Se trata de ser uno mismo -dicen sus palabras que se
acercan-, equilibrar por ejemplo la fantasía colectiva con tu fantasía individual, que al fin y
al cabo, las dos están matizadas de realidades e irrealidades. Es nada más tratar de ponerse
en su lugar, seguir siendo como seres humanos sin dejar de dar, sin dejar de ser, sin caer en
la masa. ¡Porque estamos en el tiempo de las masas! No, ya no hay héroes individuales”.
Colores del pensamiento: “Ninguna posición partidista, son puras mentiras por lo
general. Hasta ahorita no veo que alguien haya hecho algo. Yo soy ANARTISTA. La
política en todos lados huele muy mal, no sólo en México, sino en toda América Latina.
¿Tomar el poder por medio del rock and roll? Pues… puede coadyuvar con otras formas
del arte por la fuerza que tiene, incluso por eso se le ha marginado. El rock como elemento
revolucionario tiene más fuerza que el folklore”.

“Esa no es una canción machista -dice el gato boca arriba de Rockdrigo-, es una
canción natural porque las chavitas también sienten los mismo con los chavos, nomás que
como son más reprimidas, no lo dicen…” Y la reportera reclama: Y con la ayuda de los
rockanroleros…

Rockdrigo a favor de la lucha femenina: “Todo lo que sea liberación está bien, y
más ustedes que están doblemente sometidas”.

– ¿Y en cuanto a la infidelidad?

– “Yo creo que está bien, es muy sana, orea la relación. Creo que somos los únicos
animales monogámicos de la naturaleza. Bueno, medio monogámicos, ¿verdad,
Françoise?”.

El Rockdrigo avienta metáforas a diestra y siniestra: “Me considero un científico
de la canción y un biólogo de la existencia. Mi compromiso es crear, tratar de imitar la
vida… a imagen y semejanza, como diría la Biblia”.

– ¿Crees en Dios Rockdrigo?

– “Creo en la vida. Dios es un concepto que nosotros hemos inventado en realidad,
Dios es una rola, unos cuantos requintillos por ái. En el momento en que hablamos de un
Dios, o sea, de un güey que está viendo todo y aventando leyes como loco, y la chingada, y
aparte mal hechas unas, pues ya estamos atentando contra la naturaleza. En realidad los que
nos creemos dioses somos nosotros y estamos proyectando nuestra pinche loquera. Pero el
artista tiene la capacidad de alcanzar niveles altos de conciencia, de sentimiento. El mismo
suceso se da entre los hombres dedicados a la meditación, sólo que ahí es al revés: ellos
pasan un largo período de preparación y luego crean productos artísticos, nosotros lo
hacemos al revés. Así, el budismo vino a ser en mi vida como tomarme una coca cola
después de un partido de fútbol”.

– Pasando a otro juego, hay quienes han dicho que tú eres el principal protagonista
del rock urbano mexicano, ¿qué piensas?

– “Pues muchas gracias, a ver cuándo se vienen a tomar un cafecito acá, unos
tragos, ya no tengo hermanas ni hermanos, sino, pues con muchos gusto”. Sale pues,
maestro, luego la vemos, al chico rato estarás acompañado. Aguanta, nomás vamos aquí a
la vuelta por un té, ¿menta o limón?

Al terminar la platica tres hora más tarde, Rodrigo estaba lo suficientemente repuesto para
salir por los periódicos del día. Al despedirse, ya con el alma en el cuerpo, en la puerta del
edificio, tendió la mano.

– Ora. Gracias. Al rato hay cervezas. Viene gente. Echa una llamada y date una
vuelta. Voy a tocar.

El reportero se dirigió a comer, luego al cine, luego por un par de libros que
andaba pastoreando y finalmente cayó en el departamento al que fuera invitado.
Las cosas se pusieron buenas, desde luego. Rodrigo fue no sólo anfitrión, sino
que cantó y bebió como un pez o, mejor, como si siempre hubiera cantado y no hubiera
bebido jamás en la vida.

– Qué, ¿cómo viste la entrevista? – preguntó en un escape.

Era buen testimonio: amplio, vario, con debate intermedio incluido. Y había algo
más. En algún momento del final de la plática, ya cuando no hubo cinta para registrarlo,
Rodrigo se dedicó a la nostalgia, a la añoranza en Tampico. Habló de sus calles, de sus
cantinas, de sus mujeres, de sus amigos. Era una pequeña biografía geográfica, redonda,
una pieza de fino acabado.

– Vamos haciendo algo con lo que platicamos al final, lo de Tampico.

– Pero ya no se grabó – lamentó Rodrigo, como diciendo carajo.

– Es lo de menos. Lo grabamos después. El caso es que ahí hay una forma de
columna o sección. Cómo te suena: biografías culturales de México, músicos, poetas,
pintores, arquitectos, fotógrafos, bailarinas, actrices.

– Toda la brusa periodista.

– Toda, que no quede nadie afuera. Empezamos contigo.

– Vas.

Quedamos de que le llamaría después, no había demasiada prisa. ¿Qué
diferencia podría hacer una semana de más o de menos?

A los cinco días de eso, tembló.

Con una intensidad muy de vez en cuando percibida, tembló en la ciudad de
México.

No volvimos a vernos.

César Güemes

* * *

Con esta idea de realizar “pequeñas biografías geográficas” César Güemes a partir deagosto de 1988 publicó la columna semanal Mi barrio en el periódico El Financiero.Posteriormente, en 1995, Güemes publica en un libro algunas de estas biografíasgeográficas aparecidas originalmente en la mencionada columna. Este libro se llama Viejaciudad de hierro. 100 biografías geográficas de la cultura mexicana. El nombre y el contenido del libro, por supuesto, es en recuerdo a la canción “Vieja ciudad de hierro” de Rockdrigo González.
El texto en cursivas está tomado de Güemes, César, “Historia sin remanso, a manera de prólogo” en Vieja ciudad de hierro. 100 biografías geográficas de la cultura mexicana, México, CONACULTA, 1995. La entrevista a Rockdrigo y la imagen están tomadas de La jornada, 1 de Octubre de 1985.

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