Después de la experiencia de Dr. Krapula, tocaba asistir por segunda vez al Circuito Indio en Dunkelheit, para ver una banda de ska antaña en la escena mexicana, una de esas bandas que se caracteriza por esas letras que van desde la anécdota más divertida y chusca, hasta lo más amoroso y corta venas: “Los Estrambóticos”.

Lo más interesante que quería mirar era si en esta ciudad tan fría, serían capaces de meter una cantidad importante de fans, ya que entre el costo del boleto y el día del show, pues me resultaba hasta un poco con morbo, ver si habría más gente que con Krapula, y es que en una ciudad donde se supone tenemos una escena de ska, donde muy pocas veces se asoman los fans cuando cobras más de cierta cantidad, me dejaba muchas dudas.

Pero llegó la noche en que “Los Estrambos” tocarían, y me sorprendió que a mi llegada, hubiera una buena cantidad de gente ya dentro del bar y otro tanto afuera, quienes esperaban más banda o fumaba un cigarrillo esperando acceder y disfrutar de una noche llena de nostalgia skasera. Otra cosa que me sorprendió y de ahí el por que del título de mi colaboración, mucha de la vieja guardia estaba llegando y eso me puso muy de buenas, porque en efecto uno de mis amigos dijo “que se hagan a un lado los morros, que esta noche es para que los chavorrucos disfruten”.

Y como si los Estrambos nos hubieran leído la mente y llegada la hora del inicio de su show, abrieron con uno de sus mega clásicos, extraído de su gran disco “Piel de Banqueta”: Camino a ninguna parte, entonces, el Dunkelheit que estaba casi en su máximo lleno, empezó a disfrutar de una noche llena de viejos recuerdos y nuevas historias. Todos bailaban, el calor arreciaba y la cerveza empezaba a consumirse con singular alegría.

Temas como Volverte a ver, Monstrilio, No te quise lastimar, El Cuchillo y El Orangután, causaban el furor entre la banda que no dejaba de moverse y cantar a todo pulmón, hasta que llegó el momento en que decidieron presentarnos un adelanto de lo que será su nuevo material de estudio, una versión a un tema original de Charly Parker, que ellos decidieron nombrar como “El hombre pájaro” (Ornithology), una rola que hicieron en versión ska jazz con toques de rocksteady, que te hacia imaginar que estabas en la vieja Jamaica.

Tras de este nuevo tema siguieron los clásicos como Quiero estar, Gracias, Estoy solo, Fantasmas, Tú, y el Dunkelheit seguía invadiéndose de nostalgia y de la nada los chavorrucos armaban el Slam, muy al viejo estilo, sin violencia, lleno de hermandad, de buena vibra. Los grandes temas como Oír tu voz o Ciegos de amor seguían, pero la primera gran sorpresa vino cuando sonaron dos rolas que son de esos clásicos que se extrañaban bailar, me refiero a Espergencia y Mi Tamagochi.

De pronto sonó el bajo poderoso del recientemente llegado a los Estrambos y sin duda un músico extraordinario, el mismísimo “Quesos” lo que marcaba como que no faltaba mucho para que el show acabará, empezó a sonar Peter Punk y entonces sí armamos un slam general, en donde los chavorrucos casi casi dejaban el bofe, ya saben la edad pega, pero el amor al ska hace sacar fuerzas de quién sabe dónde. Y aunque muchos suponían que terminaba el show, algo me decía que todavía tendríamos una dosis más de ska, pues a mi parecer faltaban al menos dos clásicos más.

Y al son del “otra, otra otra…” regresaron al escenario y nos deleitaron con un tema que a pesar de ser de lo más nuevo, se ha convertido ya en un tema infaltable: Todos somos entrambos, y la noche recuperaba su calor y su baile, a esto le siguió la segunda sorpresa, pues sonó otra de esas rolas que al menos para mí es parte del soundtrack de vida y que me parece una de la rolas más divertidas del ska “Me enamoré en la cola de las tortillas” y al grito de “Pollito vente a comer…” el baile se apoderó de los pies de todos los presentes y el canto de los chavorrucos dejó claro que esos clásicos no son para cualquier fan.

Después sonó el clásico por el que son más conocidos: La Cerveza y el Dolor, tema que provocó que hasta que la gente que pasaba por las afueras del bar, se detuvieran y se movieran al son de “Toda tu vida me parece aburrida”, sabía que la noche estaba por terminar, pero aún faltaban dos rolas que según yo son también de las favoritas de todos; una corta venas como La herida y otra amorosa, Soñar contigo, que fueron de las más cantadas, de las más coreadas, de las más sentidas entre los presentes.

Con estos temas, Los Estrambos cerraban una noche llena de clásicos, un viaje de 25 años de trayectoria en un show de casi 2 horas. Un concierto donde la fe me regresó un poco, la fe en que una escena si puede responder cuando se necesita, y sobre todo, una noche en que los chavorrucos hicimos vibrar al Dunkelhein, enseñando a las nuevas generaciones, que el slam no significa violencia.

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